La Doctrina de la Creación – La Creación: La Edad de la Tierra 4

 

Continuemos.

La naturaleza finita del hombre y el increíblemente número crecido de animales que Dios creó parecería en sí mismo exigir que fuera necesario un pe­ríodo de tiempo mucho más largo que parte de un día para incluir tantos aconteci­mientos; por lo menos eso sería una comprensión «ordinaria» del pasaje para el lector original, una consideración que no es de escasa importancia en un debate que a menudo hace énfasis en lo que una lectura ordinaria del pasaje por parte de los lectores originales los llevaría a concluir.

Si se demuestra que el sexto día por consideraciones contextúales es considerablemente más largo que un día ordina­rio de 24 horas, ¿no favorece el contexto en sí mismo el sentido de días como un «período de tiempo» de duración no especificada?

Relativo a esto hay otra consideración. El séptimo día, se debe notar, no se con­cluye con la frase «Y vino la noche, y llegó la mañana: ése fue el séptimo día». El texto simplemente dice que «Al llegar el séptimo día, Dios descansó porque había terminado la obra que había emprendido» y que «Dios bendijo el séptimo día, y lo santificó» (Gn.2:2-3). La posibilidad, si no la implicación, que sugiere esto es que el séptimo día todavía continúa. Nunca terminó sino que es también un «día» que en realidad es un período largo de tiempo (Jn.5:17; Hb.4:4, 9-10).

Algunos han objetado que siempre que la palabra día se refiere a un período de tiempo diferente de un día de 24 horas en el Antiguo Testamento, el con­texto indica claramente que ese es el caso, pero que puesto que el contexto no dice esto claramente en Génesis 1, debemos dar por sentado que se está hablando de días normales. Pero a esto debemos responder que siempre que la palabra día quie­re decir un día de 24 horas, el contexto también lo dice con igual clari­dad. De otra manera, no podríamos saber que en ese contexto se quiere indicar un día de 24 horas. Así que esta no es una objeción persuasiva. Simplemente afirma aquello con lo que todos concuerdan, es decir, que el contexto nos permite determinar en qué sentido se tomará una palabra cuando tiene varios significados posibles.

Otra objeción es que la Biblia podría haber usado otras palabras si lo que se que­ría indicar era un período más largo que un día de 24 horas. Sin embargo, si (como es claramente el caso) los lectores originales sabían que la palabra día po­día significar un largo período de tiempo, no habría necesidad de usar otra palabra, porque la palabra yom llevaba muy bien el significado que se quería indicar. Toda­vía más, es una palabra muy apropiada para usarse cuando se describe seis perío­dos sucesivos de trabajo más un período de descanso que fijaría el patrón para los siete días de la semana en que los seres humanos vivirían.

Esto nos lleva de regreso a la pregunta original, es decir, ¿qué significa la pala­bra día en el contexto de Génesis 1? El hecho de que la palabra debe referirse a pe­ríodos más largos de tiempo apenas unos pocos versículos más adelante en la misma narración (Gn.2:4) debería advertirnos en contra de hacer afirmaciones dogmáticas de que los lectores originales ciertamente habrían sabido que el autor estaba hablando de días de 24 horas. De hecho, ambos sentidos eran co­múnmente conocidos de los lectores originales de este relato.

Es importante comprender que los que abogan los seis «días» de la creación eran largos períodos de tiempo no están diciendo que el contexto requiera que esto se debe entender como períodos de tiempo. Están simplemente diciendo que el contexto no nos especifica claramente el significado de día, y que si una informa­ción científica convincente en cuanto a la edad de la tierra, derivada de muchas dis­ciplinas diferentes y dando respuestas similares, nos convence de que la tierra tiene miles de millones de años, entonces esta interpretación posible de día como un lar­go período de tiempo puede ser la mejor interpretación y se debe adoptar.

En este sentido, la situación es parecida a la que enfrentaron los primeros que sostuvieron que la tierra giraba sobre su eje y daba vueltas alrededor del sol. Ellos no decían que los pasajes en cuanto a que el sol «se levanta» o «se pone» nos exige, en su con­texto, creer en un sistema solar heliocéntrico (centrado en el sol), sino que una in­terpretación posible de los pasajes es que expresan el punto de vista del observador. La evidencia por observación tomada de la ciencia nos informa que esto es en efec­to la manera correcta de interpretar esos pasajes.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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