La Doctrina de la Creación – La Creación y la Evolución 2

 

Continuemos.

La diferencia fundamental entre el concepto bíblico de la creación y la evolu­ción teísta es ésta: según los evolucionistas, la fuerza que impulsa los cambios y el desarrollo de nuevas especies es el azar. Sin la mutación al azar los organismos no tienen evolución en el sentido científico moderno. La mutación al azar es la fuerza que produce el desarrollo de las formas más sencillas de vida a las más complejas. Pero la fuerza impulsora en el desarrollo de nuevos organismos según la Biblia es el diseño inteligente de Dios. Dios creó «los grandes animales marinos, y todos los seres vivientes que se mueven y pululan en las aguas y todas las aves, según su es­pecie» (Gn.1:21). «Dios hizo los animales domésticos, los animales salvajes, y todos los reptiles, según su especie. Y Dios consideró que esto era bueno» (Gn.1:25).

Estas afirmaciones no parecen concordar con la idea de que Dios creó, dirigió u ob­servó millones de mutaciones al azar, ninguna de las cuales era «muy buena» a la manera en que él quería, y ninguna de las cuales era la clase de plantas o animales que él quería tener sobre la tierra. En lugar del claro relato bíblico de la creación di­vina, la teoría teísta de la evolución tiene que entender que las cosas sucedieron más o menos así:

Y dijo Dios: «¡Que produzca la tierra seres vivientes según su especie!» Y después de 387.092.871 intentos, Dios finalmente logró un ratón que sirviera.

Esto parece ser una explicación extraña, pero es precisamente lo que el evolu­cionista teísta postularía en cuanto a cada uno de los cientos de miles de diferentes clases de plantas y animales de la tierra; todos se desarrollaron mediante un proce­so de mutación al azar en un lapso de millones de años, y gradualmente fueron au­mentando en complejidad conforme las mutaciones ocasionales resultaban ser ventajosas para la criatura.

Un evolucionista teísta tal vez diga que Dios intervino en el proceso y lo dirigió en muchos momentos en la dirección que quería que fuera. Pero una vez que se permite esto, hay propósito y diseño inteligente en el proceso; ya no tenemos evo­lución para nada, porque ya no hay mutación al azar (en los puntos de interacción divina). Ningún evolucionista secular aceptaría tal intervención de parte de un Creador inteligente y con propósito. Pero una vez que el cristiano acepta que hubo un activo propósito y diseño inteligente de parte de Dios, ya no hay ninguna nece­sidad de azar o desarrollo que surja por mutación al azar. Por tanto, muy bien pu­diéramos decir que Dios creó en el momento cada una de las criaturas sin miles de intentos que fracasaron.

 

B. La Biblia presenta la palabra creadora de Dios produciendo respuesta inme­diata.

Cuando la Biblia habla de la palabra creativa de Dios recalca el poder de su palabra y su facultad de lograr su propósito. Por la palabra del SEÑOR fueron creados los cielos, y por el soplo de su boca, las estrellas. … porque él habló, y todo fue creado; dio una orden, y todo quedó firme (Sal 33:6, 9).

Esta clase de declaración parece incompatible con la idea de que Dios habló y después de millones de años y millones de mutaciones al azar en las cosas vivas su poder produjo el resultado que había pedido. Más bien, tan pronto como Dios dijo: «¡Que haya vegetación sobre la tierra!», la próxima oración nos dice: «Y así su­cedió» (Gn.1:11).

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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