La Doctrina de la Creación – La Creación y la Evolución 3

 

Continuemos.

C. Cuando la Biblia nos dice que Dios hizo que las plantas y los animales se re­produjeran «según su especie» (Gn.1:11, 24), sugiere que Dios creó muchos diferen­tes tipos de plantas y animales y que, aunque habría alguna diferencia entre ellas (¡note los muchos tamaños diferentes, razas y características personales entre los seres humanos!), habría límites estrechos en cuanto a la clase de cambio que po­dría resultar mediante mutaciones genéticas.

 

D. El presente papel activo de Dios en crear o formar toda cosa viva que ahora llega a existir es difícil de reconciliar con la remota supervisión sin intervención que propone la evolución teísta.

David puede confesar: «Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre» (Sal 139:13). Y Dios le dijo a Moisés: «¿Y quién le puso la boca al hombre? —le respondió el SEÑOR—. ¿Acaso no soy yo, el SEÑOR, quien lo hace sordo o mudo, quien le da la vista o se la quita?» (Éx.4:11). Dios hace que la hierba crezca (Sal.104:14; Mt.6:30) y da de comer a las aves (Mt.6:26) y alas demás criaturas del bosque (Sal.104:21,27-30). Si Dios está tan ocu­pado en producir el crecimiento y desarrollo a cada paso de cada cosa viva incluso ahora, ¿es congruente con la Biblia decir que todas estas formas de vida son originalmente el resultado de un proceso evolucionista dirigido por mutación al azar antes que por creación de Dios directa y a propósito, y que sólo después de que fueron creadas empezó en su intervención activa para dirigirlas cada momento?

 

E. La creación especial de Adán, y luego Eva de él, es una razón fuerte para romper con la evolución teísta.

Los evolucionistas teístas que aducen una creación especial de Adán y Eva debido a las afirmaciones de Génesis 1—2 realmente han roto con la teoría evolucionista en el punto que es de mayor preocupación para los seres humanos de todas maneras. Pero si, basados en la Biblia, insistimos en la in­tervención especial de Dios en el punto de la creación de Adán y Eva, ¿qué nos im­pide permitir que Dios interviniera, de una manera similar, en la creación de los organismos vivos?

Debemos darnos cuenta de que la creación especial de Adán y Eva, según se re­lata en la Biblia, los presenta muy diferentes de las criaturas casi animales, y apenas humanas, que los evolucionistas dicen que fueron los primeros seres humanos, criaturas que descendieron de antepasados que eran criaturas simiescas no huma­nas altamente desarrolladas. La Biblia presenta al primer hombre y a la primera mujer, Adán y Eva, con capacidades lingüísticas, morales y espirituales altamente desarrolladas desde el momento en que fueron creados. Podían conversar entre sí. Podían incluso hablar con Dios. Eran muy diferentes de los primeros humanos casi animales, descendientes de criaturas simiescas no humanas, de la teoría evolu­cionista.

Algunos pueden objetar que Génesis 1—2 no pretende presentar a Adán y Eva como individuos literales, pero

  • La narración histórica de Génesis continúa sin interrupción al material obviamente histórico en cuanto a Abraham (Gn.12), mos­trando que el autor tenía la intención de que toda la sección fuera histórica.
  • En Romanos 5:12-21 y 1 Corintios 15:21-22, 45-49 Pablo afirma la existencia de «un hombre» Adán por medio de quien el pecado entró al mundo, y basa su disertación sobre la obra representativa de Cristo al ganar la salvación en el patrón histórico de Adán como representante también de la humanidad. Todavía más, el Nuevo Tes­tamento en otras partes claramente presenta a Adán y Eva como figuras históricas (Lc.3:38; Hch.17:26; 1 Co.11:8-9; 2 Co.11:3; 1 Ti.2:13-14). El Nuevo Testamento también da por sentado la historicidad de los hijos de Adán y Eva, Caín (Hb.11:4; l Jn3:12; Jud.11) y Abel (Mt.23:35; Lc.11:51; Hch.11:4; 12:24).

 

F. Hay muchos problemas científicos con la teoría evolucionista.

El número creciente de preguntas en cuanto a la validez de la teoría de la evolución que están levantando incluso personas que no son cristianas en varias disciplinas científicas indican que el que aduce verse obligado a creer en la evolu­ción debido a que los «hechos científicos» no dejan otra opción simplemente no ha considerado toda la evidencia del otro lado. Los datos científicos no obligan a na­die a aceptar la evolución, y si el relato bíblico argumenta convincentemente con­tra ella también, no parece ser una teoría válida para que el cristiano la adopte.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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