La Doctrina de Dios – La Existencia de Dios 2

 

Continuemos.

David habla del testimonio de los cielos: «Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento proclama la obra de sus manos. Un día comparte al otro la noticia, una noche a la otra se lo hace saber» (Sal.19: 1-2). Mirar al cielo de día o de noche es ver el sol, la luna y las estrellas, firmamento y nubes, todo continuamente declarando por su existencia, belleza y grandeza que un Creador poderoso y sabio los hizo y los sostiene en su orden.

Esta amplia variedad de testimonio de la existencia de Dios de varias partes del mundo creado nos sugiere que en cierto sentido todo lo que existe da evidencia de la existencia de Dios. Para los que tienen ojos para ver y evaluar la evidencia correctamente, toda hoja de todo árbol, toda brizna de hierba, toda estrella en el cielo y toda otra parte de la creación claman continuamente: «¡Dios me hizo! ¡Dios me hizo! ¡Dios me hizo!» Si nuestros corazones y mentes no estuvieran tan cegados por el pecado, sería imposible que viéramos detenidamente una hoja de algún árbol y dijéramos: «Nadie creó esto; apareció porque sí».

La belleza de un copo de nieve, la majestuosa potencia de una tempestad, la habilidad de la abeja, el sabor refrescante del agua fría, las increíbles capacidades de la mano humana y miles otros aspectos de la creación no podían haber llegado a existir aparte de la actividad de un Creador todopoderoso y todo sabio.

Por eso, para los que evalúan correctamente la evidencia, todo en la Biblia y todo en la naturaleza prueban claramente que Dios existe y que es el Creador poderoso y sabio que la Biblia describe que es. Por consiguiente, cuando creemos que Dios existe basamos nuestra creencia no en una esperanza ciega aparte de alguna evidencia, sino en una abrumadora cantidad de evidencias confiables de la Palabra de Dios y de las obras de Dios. Es característica de la fe verdadera que es una confianza que se basa en evidencia confiable, y la fe en la existencia de Dios participa de esta característica.

Todavía más, todas estas evidencias se pueden ver como pruebas válidas de la existencia de Dios, aunque algunos las rechacen. Esto no quiere decir que la evidencia es inválida en sí misma, sino sólo que los que rechazan la evidencia están evaluándola erróneamente.

 

C. «Pruebas» Tradicionales de la Existencia de Dios.

Las «pruebas» tradicionales de la existencia de Dios que han forjado filósofos cristianos (y algunos no cristianos) en varios puntos de la historia son esfuerzos por analizar la evidencia, especialmente la evidencia de la naturaleza, de maneras extremadamente cuidadosas y lógicamente precisas, a fin de persuadir a los seres humanos que no es racional rechazar la idea de la existencia de Dios.

Si es cierto que el pecado hace que las personas piensen irracionalmente, estas pruebas son esfuerzos de hacer que las personas piensen racionalmente o correctamente en cuanto a la evidencia de la existencia de Dios, a pesar de las tendencias irracionales causadas por el pecado.

 

La mayoría de las pruebas tradicionales para la existencia de Dios se pueden clasificar en cuatro tipos principales de argumentos:

1. El argumento cosmológico considera el hecho de que todo lo conocido en el universo tiene una causa. Por consiguiente, razona, el universo mismo también debe tener una causa, y la causa de un universo tan grande sólo puede ser Dios.

2. El argumento teleológico es en realidad una subcategoría del argumento cosmológico.

Enfoca la evidencia de armonía, orden y diseño en el universo, y argumenta que su diseño da evidencia de un propósito inteligente (la palabra griega telas quiere decir «fin», «meta» o «propósito»). Puesto que el universo parece estar diseñado con propósito, debe haber un Dios inteligente y con propósitos que lo creó para que funcione de esa manera.

3. El argumento ontológico empieza con la idea de Dios, que se define como «más grande de lo que se puede imaginar». Luego argumenta que la característica de existencia debe corresponder a tal ser, puesto que es más grande existir que no existir.

4. El argumento moral empieza con el sentido del bien y del mal que tiene el ser humano, y la necesidad de que se haga justicia, y argumenta que debe haber un Dios que es fuente del concepto del bien y del mal y que algún día hará justicia a toda persona.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

Lee La Existencia de Dios 3

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