La Doctrina de la Biblia – La Inerrancia de las Escrituras 1

 

 

¿Hay Algún Error en la Biblia?

La cuestión de la inerrancia es de tal preocupación en el mundo evangélico de hoy que amerita un capitulo separado a continuación de nuestra consideración de la autoridad de la Palabra de Dios.

 

Explicación y Base Bíblica.

A. Significado de la Inerrancia.

En el tema “La Autoridad de las Escrituras” se indicó que todas las palabras de la Biblia son palabras de Dios, y por consiguiente no creer o desobedecer alguna palabra de la Biblia es no creer o desobedecer a Dios.

Se explicó además que la Biblia claramente enseña que Dios no puede mentir ni hablar falsedades (2º S.7:28; Tit.1:2; Hb.6:18). Por consi­guiente, se afirmó que todas las palabras de la Biblia son completamente verdaderas y sin error en ninguna parte (Nm.23:19; Sal.12:6; 119:89.96; Prov.30:5; Mt.24:35). Las palabras de Dios son, de hecho, la suprema norma de verdad (Jn.17:17).

Especialmente relevante en este punto son los pasajes bíblicos que indican la total veracidad y confiabilidad de las palabras de Dios. Sal 12:6, indica la absoluta confiabilidad y pureza de la Biblia. De modo similar, Prov.30:5, indica la veracidad de toda palabra que Dios ha dicho. Aunque el error o al menos falsedad parcial puede caracterizar el habla de todo ser huma­no, el habla de Dios se caracteriza por jamás ser falsa y jamás cometer errores, ni si­quiera cuando habla por medio de seres humanos pecadores. Nm.23:19 fue dicho por el peca­dor Balaam específicamente en cuanto a las palabras proféticas que Dios había hablado mediante sus propios labios.

Con evidencia como está ahora estamos en posición de definir la inerrancia bí­blica: La inerrancia de la Biblia significa que la Biblia en los manuscritos origínales no afirma nada que sea contrario a la verdad.

Esta definición enfoca la cuestión de la veracidad y falsedad del lenguaje de la Biblia. La definición en términos sencillos simplemente quiere decir que la Biblia siempre dice la verdad y que siempre dice la verdad respecto a todo de lo que habla.

Es importante darse cuenta desde el principio de esta consideración que el en­foque de esta controversia recae sobre la cuestión de veracidad al expresarse. Hay que reconocer que la veracidad absoluta en lo que se dice es congruente con otros tipos de afirmaciones, tales como los siguientes:

 

1. La Biblia puede ser inerrante y con todo hablar en el lenguaje ordinario del habla de todos los días.

Esto es especialmente cierto en las descripciones «científicas» o «históricas» de hechos o acontecimientos. La Biblia puede hablar de que el sol se levanta y la lluvia cae porque desde la perspectiva del que habla eso es exac­tamente lo que sucede.

Desde el punto de vista de un observador parado en el sol (si eso fuera posible) o de algún punto hipotético «fijo» en el espacio, la tierra gira y hace que el sol entre en el campo visual, y la lluvia no cae hacia abajo sino hacia arriba u horizontalmente, o en cualquier dirección necesaria para que la gravedad la atraiga hacía la superficie de la tierra.

Pero tales explicaciones son irremediable­mente pedantes y harían imposible la comunicación ordinaria. Desde el punto de vista del que habla, el sol en efecto se levanta y la lluvia en efecto cae, y estas son des­cripciones perfectamente verdaderas de los fenómenos naturales que observa el que habla.

Una consideración similar se aplica a números cuando se usan para medidas o conteo. Un reportero puede decir que unos 8.000 hombres murieron en cierta ba­talla sin querer implicar con eso que los contó uno por uno y que no eran 7.999 ni 8.001 soldados muertos. Si murieron en números redondos unos 8.000, por su­puesto que sería falso decir que murieron 16.000, pero no sería falso en la mayoría de los contextos que un reportero diga que murieron 8.000 hombres cuando en realidad los que murieron fueron 7823 u 8242; los límites de veracidad depende­rían del grado de precisión que implica el que habla y que sus oyentes originales esperan.

Esto es también cierto en cuanto a medidas. Si digo: «No vivo lejos de mi ofici­na», o «Vivo como a dos kilómetros de mi oficina», o «Vivo a un poco más de dos kilómetros de mi oficina», o «Vivo a 2,45 kilómetros de mi oficina», las cuatro afir­maciones son aproximaciones con cierto grado de precisión. Un mayor grado de precisión se podría obtener con instrumentos científicos más precisos, pero inclu­so eso sería aproximación a cierto grado de precisión.

Así que las medidas también, a fin de que sean verdad, deben conformarse al grado de precisión que implica el que habla o que esperan los oyentes en el contexto original. No debería ser proble­ma para nosotros, entonces, afirmar a la vez que la Biblia es absolutamente veraz en todo lo que dice y que usa lenguaje ordinario para describir fenómenos naturales o dar aproximaciones o números redondos cuando es apropiado en el contexto.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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