La Doctrina de la Biblia – La Inerrancia de las Escrituras 2

 

Continuemos.

También debemos notar que el lenguaje puede hacer afirmaciones vagas o im­precisas sin ser falsedad. «Vivo a un poco más de dos kilómetros de mi oficina» es una afirmación vaga e imprecisa, pero también es inerrante; no hay nada de false­dad en ella. No afirma nada que sea contrario a los hechos. De modo similar, las afirmaciones bíblicas pueden ser imprecisas y sin embargo totalmente ciertas. La inerrancia tiene que ver con la veracidad no con el grado de precisión con que se informan los acontecimientos.

 

2. La Biblia puede ser inerrante y con todo incluir citas libres o aproximadas.

El método por el cual una persona cita las palabras de otro es un procedimiento que en gran parte varía de cultura a cultura. En las culturas contemporáneas esta­dounidense y británica estamos acostumbrados a citar las palabras exactas de otros cuando encerramos la afirmación entre comillas (a esto se llama cita directa). Pero cuando usamos citas indirectas (sin comillas) sólo esperamos un informe exacto de la sustancia de la afirmación.

Considere esta oración: «Elliot dijo que vendría ense­guida a casa para cenar». La oración no cita directamente a Elliot, pero es un infor­me aceptable y veraz de la afirmación real de Elliot a su padre: «Llegaré a casa para cenar en dos minutos», aunque la cita indirecta no incluyó ninguna de las palabras originales del que habla.

El griego escrito de tiempos del Nuevo Testamento no tenía comillas ni signos de puntuación equivalentes, y una cita correcta de otro necesitaba incluir sólo una idea correcta del contenido de lo que la persona dijo (más bien como nuestras citas indirectas); no se esperaba que se citara exactamente cada palabra.

Entonces, la inerrancia es compatible con citas libres y aproximadas del Antiguo Testamento o de las palabras de Jesús, por ejemplo, en tanto y en cuanto el contenido no deje de expresar lo que se dijo originalmente. El escritor original ordinariamente no impli­caba que estaba usando las palabras exactas del que citaba y sólo esas, ni tampoco los oyentes originales esperaban al pie de la letra que así fuera.

 

3. No es falta a la inerrancia tener en la Biblia construcciones gramaticales fue­ra de serie y nada comunes.

Algunas expresiones de la Biblia son elegantes y exce­lentes en estilo. Otros escritos bíblicos contienen el lenguaje menos pulido del pueblo común. A veces esto incluye el no seguir las «reglas» comúnmente acepta­das de la gramática (tales como el uso del verbo en plural en donde las reglas gra­maticales exigirían un verbo en singular, o el uso de un adjetivo femenino en donde se esperaría un adjetivo masculino, o el deletreo de una palabra diferente al que se usa comúnmente, etc.).

Estas afirmaciones de estilo o gramática irregular (que se hallan especialmente en el libro de Apocalipsis) no deben molestarnos, por­que no afectan la veracidad de las afirmaciones bajo consideración; una afirmación puede no tener corrección gramatical y sin embargo ser enteramente veraz.

Por ejemplo, un leñador analfabeto en algún área rural puede ser el hombre de mayor confianza en el condado aunque su gramática sea calamitosa, porque se ha ganado la reputación de nunca decir una mentira. De modo similar, hay unas cuantas afir­maciones en la Biblia (en los idiomas originales) que no son gramaticalmente co­rrectas (según las normas corrientes de gramática apropiadas en ese tiempo) y sin embargo son inerrantes porque son completamente veraces. La cuestión es la veracidad de lo que se dice.

 

B. Algunas Objeciones a la Inerrancia.

En esta sección examinaremos las principales objeciones que comúnmente se presentan contra el concepto de la inerrancia.

1. La Biblia es sólo autoritativa en cuanto a «fe y practica».

Una de las objecio­nes mas frecuentes la presentan los que dicen que el propósito de la Biblia es ense­ñamos cuestiones que tienen que ver solamente con «fe y práctica»; es decir, en cuestiones que se relacionan directamente a nuestra fe religiosa o a nuestra con­ducta ética.

Esta posición permitiría la posibilidad de afirmaciones falsas en la Bi­blia, por ejemplo, en otros aspectos tales como detalles históricos menores o información científica; esos aspectos, se dice, no tienen que ver con el propósito de la Biblia, que es instruirnos en lo que debemos creer y cómo debemos vivir. Los que abogan por esta posición a menudo prefieren decir que la Biblia es infalible pero vacilan en usar la palabra inerrante.

La respuesta a esta objeción se puede indicar como sigue: la Biblia repetida­mente afirma que toda la Escritura es útil para nosotros (2º Ti.3:16) y que toda ella es «inspirada por Dios». Por consiguiente es completamente pura (Sal.12:6), perfecta (Sal.119:96), y verdadera (Prov.30:5). La misma Biblia no hace ninguna restricción en cuanto a la clase de temas de los cuales habla con veracidad.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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