La Doctrina de la Biblia – La Inerrancia de las Escrituras 4

 

Continuemos.

Una segunda respuesta a los que limitan la necesaria veracidad de la Biblia a asuntos de «fe y práctica» es notar que esta posición confunde el propósito principal de la Biblia con el propósito total de la Biblia. Decir que el propósito principal de la Biblia es enseñarnos asuntos de «fe y práctica» es hacer un sumario útil y correcto del propósito de Dios al darnos la Biblia. Pero un sumario incluye sólo el propósito más prominente de Dios al darnos las Escrituras. No es, sin embargo, legítimo usar este sumario para negar que es parte del propósito de la Biblia darnos detalles histó­ricos menores o hablamos acerca de algunos aspectos de astronomía o geografía, y cosas por el estilo.

Un sumario no se puede usar apropiadamente para negar las co­sas que está resumiendo. Usarlo de esta manera simplemente mostraría que el sumario no es lo suficiente detallado para especificar los asuntos en cuestión.

Es mejor decir que todo el propósito de la Biblia es decir todo lo que dice sobre cualquier tema. Cada una de las palabras de Dios en la Biblia él la consideró impor­tante para nosotros. Por eso Dios da severas advertencias a cualquiera que quita incluso una palabra de lo que él nos ha dicho (Dt.4:2, 12:32; Ap.22:18-19); no pode­mos ni añadir a las palabras de Dios ni quitarles nada, porque todas son parte de su propósito más amplio al hablarnos.

Todo lo que se dice en la Biblia está allí porque Dios quiso que estuviera allí; ¡Dios no dice nada sin propósito! Así que la primera objeción a la inerrancia hace un uso errado de un sumario y por consiguiente inco­rrectamente intenta imponer límites artificiales a la clase de cosas respecto a las cuales Dios puede hablarnos.

 

2. El término inerrancia es un término pobre.

Los que hacen esta segunda obje­ción dicen que el término inerrancia es demasiado preciso y en el uso ordinario de­nota una clase de precisión científica absoluta que no queremos afirmar en cuanto a la Biblia. Es más, los que hacen esta objeción notan que el término inerrancia no se usa en la Biblia misma. Por consiguiente, probablemente es un término inapro­piado para que nosotros insistamos en él.

La respuesta a esta objeción se puede indicar como sigue:

Primero, los eruditos que han usado el término inerrancia lo han definido claramente por más de cien años, y siempre han dado campo a las «limitaciones» que se añaden al hablar en len­guaje ordinario. No ha habido un representante responsable de la posición de la inerrancia que haya usado el término para denotar una clase de precisión científica absoluta. Por consiguiente, los que presentan esta objeción al término no están dando atención cuidadosa suficiente a la manera en que este se ha usado en el debate teológico por más de un siglo.

Segundo, se debe notar que a menudo usamos términos que no son bíblicos para resumir una enseñanza bíblica. La palabra Trinidad no aparece en la Biblia, ni tampoco la palabra encarnación. Sin embargo, estos términos son muy útiles por­que nos permiten resumir en una palabra un concepto bíblico verdadero, y son por consiguiente útiles para permitirnos debatir más fácilmente una enseñanza bí­blica.

También se debe notar que no se ha propuesto ninguna otra palabra que diga tan claramente lo que queremos afirmar cuando queremos hablar de la total vera­cidad en el lenguaje. La palabra inerrancia lo hace muy bien, y parece no haber ra­zón para no continuar usándola con ese propósito.

Finalmente, en la iglesia hoy parece que no podemos sostener un debate sobre este tema sin usar este término. La gente puede objetar el uso de este término si lo desean, pero, les guste o no, este es un término en torno al cual el debate ha girado y casi ciertamente continuará así en las próximas décadas. Cuando el Concilio Internacional sobre la Inerrancia Bíblica (ICBI, por sus siglas en inglés) en 1977 em­pezó una campaña de diez años para promover y defender la idea de la inerrancia bíblica, se hizo inevitable que sería en torno a esta palabra que procedería el deba­te.

La «Declaración de Chicago sobre la Inerrancia Bíblica», que se redactó y publi­có en 1978 bajo auspicios del ICBI definió lo que la mayoría de los evangélicos quiere decir por inerrancia, tal vez no perfectamente, pero bastante bien, y objeciones ulteriores a un término para ampliamente usado y bien definido parece innecesaria e inútil para la iglesia.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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