La Doctrina de la Biblia – La Inerrancia de las Escrituras 6

 

Continuemos.

Segundo, debemos responder que tal «acomodo» de parte de Dios a nuestra comprensión implicaría que Dios hubiera actuado contrario a su carácter como un “Dios que no miente» (Nm.23:19; Tit.1:2; Hb.6:18).

No es útil distraer la atención de esta dificultad mediante énfasis repetido en la condescendencia de la gracia de Dios al hablar a nuestro nivel. Sí, Dios en efecto condesciende para hablar nuestro lenguaje, el lenguaje de los seres humanos. Pero ningún pasaje de la Biblia enseña que él «condesciende» al punto de actuar contrario a su carácter moral.

Nunca se dice que él puede condescender tanto como para afirmar, aunque sea incidentalmente, algo que sea falso. Si Dios se «acomodara» de esta manera, dejaría de ser el «Dios que no miente». Dejaría de ser el Dios que la Biblia dice que es.

Tal actividad de ninguna manera hablaría de la grandeza de Dios, porque Dios no manifestaría su grandeza actuando de una manera que contradice su carácter. Esta objeción, pues, en su raíz, entiende mal la pureza y unidad de Dios en lo que afectan todas sus obras y acciones.

Es más, tal proceso de acomodo, si en realidad hubiera ocurrido, hubiera crea­do un problema moral serio para nosotros. Debemos ser imitadores del carácter moral de Dios (Lv.11:44: Lc.6:36: Ef.5:1, 1º P 5:1). Pablo dice que puesto que en nuestra naturaleza estamos llegando a ser más semejantes a Dios (Ef.4:24), «de­jando la mentira» debemos hablar «con la verdad» unos con otros (v.25).

Debemos imitar la veracidad de Dios en lo que decimos. Sin embargo, si la teoría del acomo­do es correcta, entonces Dios intencionalmente hizo afirmaciones incidentales de falsedad a fin de mejorar la comunicación. Por consiguiente, ¿no sería correcto que nosotros también intencionalmente hagamos afirmaciones incidentales de false­dad cada vez que eso mejorara la comunicación?

Sin embargo eso equivaldría a de­cir que una falsedad menor dicha con un buen propósito (una «mentira blanca») no es mala. Tal posición, que contradicen los pasajes bíblicos citados arriba en cuanto a la total veracidad de Dios al hablar, y no puede considerarse válida.

 

5. La inerrancia pone demasiado énfasis en el aspecto divino de la Biblia y des­cuida el aspecto humano.

Esta objeción más general la hacen los que aducen que los que abogan por la inerrancia recalcan tanto el aspecto divino de la Biblia que minimizan su aspecto humano.

Hemos convenido en que la Biblia tiene un aspecto tanto divino como huma­no, y que debemos dar atención adecuada a ambos. Sin embargo, los que hacen esta objeción casi invariablemente pasan a insistir en que los aspectos verdadera­mente «humanos» de la Biblia seguramente implican la presencia de algunos errores en la Biblia.

Podemos responder que aunque la Biblia es plenamente humana por­que fue escrita por seres humanos usando su propio lenguaje, la actividad de Dios al supervisar la redacción de la Biblia y hacer que fuera también sus palabras quiere decir que es diferente de todos los demás libros humanos precisamente en este as­pecto: no contiene error.

Ese es exactamente lo que afirmó incluso el pecador, co­dicioso y desobediente Balaam en Números 23:19; cuando Dios habla por medio de seres humanos pecadores es diferente de cuando los hombres hablan porque «Dios no es un simple mortal para mentir y cambiar de parecer».

Es más, no es cierto que todas las expresiones verbales y los escritos humanos contengan errores, porque todos los días hacemos docenas de declaraciones que son completamente verdad. Por ejemplo: “Me llamo Wayne Grudem”. “Tengo tres hijos”. “Desayuné esta mañana”.

 

6. Hay algunos errores en la Biblia que son obvios.

Esta objeción final de que hay errores en la Biblia que son obvios la afirman o implican la mayoría de los que niegan la inerrancia, y para muchos de ellos la convicción de que hay erro­res en las Escrituras es un factor principal para persuadirlos a cuestionar la doctrina de la inerrancia.

Para este caso la primera respuesta que debería hacerse a esta objeción es pre­guntar dónde están tales errores. ¿En cuál versículo o versículos aparecen estos errores? Es sorprendente la frecuencia que uno halla de que esta objeción la hacen quienes tienen escasa o ninguna idea de dónde están los errores específicos, pero que creen que hay errores porque les han dicho que los hay.

En otros casos, sin embargo, habrá quienes mencionan uno o más pasajes en donde, aducen, hay una afirmación falsa en la Biblia. En estos casos es importante que veamos el mismo texto bíblico, y lo examinemos con detenimiento.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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