La Doctrina de Dios – Los Atributos Comunicables de Dios 13

 

Continuemos.

La idea de santidad que incluye la separación del mal y devoción a la gloria de Dios se halla en varios pasajes del Antiguo Testa­mento. La palabra santo se usa para describir ambas partes del tabernáculo, por ejemplo. El tabernáculo mismo era un lugar separado del mal y del pecado del mundo, y el primer aposento en él se llamaba «Lugar Santo». Estaba dedicado al servicio de Dios. Pero luego Dios ordenó que hubiera un velo que separara el Lu­gar Santo del Lugar Santísimo (Ex 26:33). El Lugar Santísimo, en donde se guarda­ba el arca del pacto, era el lugar más separado del pecado y del mal, y más plenamente dedicado al servicio de Dios.

El lugar en donde Dios mismo moraba era en sí mismo santo: «¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en su lugar santo?» (Sal 24:3). El ele­mento de dedicación al servicio de Dios se ve en la santidad del sabbat: «El Señor bendijo y consagró el día de reposo» (o «lo santificó»; el verbo es una forma de qa-dash y quiere decir «santificar») (Éx. 20:11; Gn 2:3). El sabbat fue santificado porque fue separado de las actividades ordinarias del mundo y dedicado al servi­cio de Dios. De la misma manera el tabernáculo y el altar, así como también Aarón y sus hijos, debían ser «santificados» (Éx 29:44), es decir, apartados de las tareas ordinarias y de la maldad y pecados del mundo y dedicados al servicio de Dios (Éx 30:25-33).

Dios mismo es el Santísimo. Se le llama «el Santo de Israel» (Sal 71:22; 78:41; 89:18; Is 1:4; 5:19, 24; etc.). Los serafines alrededor del trono de Dios claman: «Santo, santo, santo es el Señor Todopoderoso; toda la tierra está llena de su glo­ria» (Is 6:3). «¡Santo es el Señor nuestro Dios!» exclama el salmista (Sal 99:9; 99:3, 5; 22:3).

La santidad de Dios provee el patrón para que su pueblo imite. Él les ordena: «Sean santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo» (Lv 19:2; 11:44-45; 20:26; 1 P 1:16). Cuando Dios sacó a su pueblo de Egipto, los atraj o a sí mismo y les ordenó que obedecieran su voz, les dijo: «Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y una nación santa» (Éx 19:4-6). En este caso el concepto de la separación del mal y del pecado (que aquí incluyó de una manera muy contundente la separación de la vida en Egipto) y el concepto de la devoción a Dios (al servirle y obedecer sus esta­tutos) se ven en el ejemplo de una «nación santa».

Los creyentes del nuevo pacto también deben buscar «la santidad, sin la cual nadie verá al Señor» (Heb 12:14) y saber que Dios nos aplica disciplina «a fin de que participemos de su santidad» (Heb 12:10). Pablo anima a los creyentes a separarse de la influencia dominante que produce la asociación estrecha con los que no creen (2 Co 6:14-18) y después los anima diciéndoles: «Purifiquémonos de todo lo que contamina el cuerpo y el espíritu, para completar en el temor de Dios la obra de nuestra santificación» (2 Co 7:1; Ro 12:1).

Dios quiere que la iglesia crezca hasta «llegar a ser un templo santo en el Señor» (Ef 2:21), y la obra presente de Cristo por la iglesia es «para hacerla santa. … para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante,… santa e intachable» (Ef 5:26-27). ¡No sólo los individuos, sino también la iglesia misma debe crecer en santidad!

Zacarías profetiza el día cuando todo lo de la tierra será «consagrado al Señor». Dice: En aquel día los cascabeles de los caballos llevarán esta inscripción: consagrado al Señor. Las ollas de cocina del templo del Señor serán como los tazones sagrados que están frente al altar del sacrificio. Toda olla de Jerusalén y de Judá será consagra­da al Señor Todopoderoso» (Zac 14:20-21).

Cuando llegue ese tiempo, todo en la tierra será separado del mal, purificado del pecado, y dedicado al servicio de Dios en verdadera pureza moral.

 

10. Paz (u Orden). En 1 Corintios 14:33 Pablo dice: «Dios no es Dios de confusión, sino de paz». Aunque tradicionalmente no se ha clasificado la «paz» y el «orden» como atributos de Dios, aquí Pablo indica otra cualidad que pudiéramos pensar como atributo particular de Dios. Pablo dice que sus acciones se caracterizan por «paz» y no por «confusión» (griego akatastasía palabra que significa «desorden, confusión, intranquilidad»).

Dios mismo es «el Dios de paz» ((Ro 15:33; 16:20; Fil.4:9; 1 Ts 5:23; Heb 13:20; Ef 2:14; 2 Ts 3:16). Pero los que andan en maldad no tienen paz: «No hay paz para el malvado», dice el Señor» (Is 48:22; 57:21; 59:8).

Sin embargo, cuando Dios mira con compasión a la gente que ama, la ve como «afligida, atormentada (LXX, akatástatos, «en desorden, en confusión»), y sin consuelo» (Is 54:11), y promete establecer sus cimientos con piedras preciosas (Is 54:11-12) y conducirlos en «paz» (Is 55:12).

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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