La Doctrina de Dios – Los Atributos Comunicables de Dios 18

 

Continuemos.

La voluntad obligada de Dios incluye todo lo que él debe determinar conforme a su naturaleza. ¿Qué es lo que Dios determina obligatoriamente? Él se determina a sí mismo. Dios quiere eternamente ser, o desea ser, quien es y lo que es. Él dice: «YO SOY EL QUE SOY», o «YO SERÉ LO QUE SERÉ» (Éx 3:14). Dios no puede decidir ser diferente de lo que es ni dejar de existir.

La voluntad libre de Dios incluye todo lo que Dios determinó pero no tenía ne­cesidad de determinar conforme a su naturaleza. Aquí debemos poner la decisión de Dios de crear el universo, y todas las decisiones relativas a los detalles de esa creación. Aquí debemos colocar también todos los actos redentores de Dios. No hay nada en la naturaleza de Dios que le exigiera crear el universo o redimir de la humanidad pecadora un pueblo para sí mismo (vea la lo que se dijo anteriormente respecto a la independencia de Dios). Sin embargo, Dios decidió crear y redimir, y estas fueron decisiones totalmente libres que tomó.

Aunque entre los miembros de la Trinidad el amor, la comunión y gloria han existido de una medida infinita por toda la eternidad (Jn 17:5, 24), Dios decidió crear el universo y redimirnos para su gloria (Is 43:7; 48:9-11; Ro 11:36; 1 Co 8:6; Ef. 1:12; Ap 4:11). Sería un error tratar de hallar en el mismo ser de Dios una causa que lo obligara a crear o re­dimir, porque eso sería negar la independencia total Dios. Sería decir que sin nosotros Dios no podría ser verdaderamente Dios. Las decisiones de Dios de crear y redimir fueron decisiones totalmente libres.

 

Voluntad Secreta y Voluntad Revelada.

Otra distinción útil que se aplica a los diferentes aspectos de la voluntad de Dios es la distinción entre la voluntad secreta de Dios y su voluntad revelada. Incluso en nuestra propia experiencia sabemos que podemos querer algunas cosas en secreto y esperar antes de dar a conocer a otros que la deseamos. A veces les decimos a otros antes de que tenga lugar lo que he­mos deseado, y en otras ocasiones no revelamos nuestra voluntad secreta sino hasta después de que lo que queríamos tuvo lugar.

Es cierto que una distinción entre diferentes aspectos de la voluntad de Dios es evidente en muchos pasajes bíblicos. Según Moisés: «Lo secreto le pertenece al Señor nuestro Dios, pero lo revelado nos pertenece a nosotros y a nuestros hijos para siempre, para que obedezcamos todas las palabras de esta ley» (Dt. 29:29). Lo que Dios ha revelado nos es dado con el propósito de que hagamos la voluntad de Dios. Hubo muchos otros as­pectos de su plan, sin embargo, que él no nos ha revelado; muchos detalles de eventos futuros, detalles específicos de adversidad o bendición en la vida, y cosas por el estilo. Respecto a estos asuntos, simplemente debemos confiar en él.

Debido a que la voluntad revelada de Dios por lo general contiene sus manda­mientos o «preceptos» para nuestra conducta moral, a la voluntad revelada de Dios a veces se le llama la voluntad de precepto o voluntad de mandamiento de Dios. Esta voluntad revelada de Dios es la voluntad declarada de Dios respecto a lo que nosotros debemos hacer o lo que Dios nos ordena hacer.

Por otro lado, la voluntad secreta de Dios por lo general incluye sus decretos ocultos por los que él gobierna el universo y determina todo lo que sucederá. Ordinariamente no nos revela esos decretos (excepto en las profecías que han de cumplirse), así que estos decretos realmente son la voluntad «secreta» de Dios. Ha­llamos lo que Dios ha decretado cuando los acontecimientos tienen lugar en la rea­lidad. Debido a que esta voluntad secreta de Dios tiene que ver con sus decretos de acontecimientos en el mundo, a este aspecto de la voluntad de Dios a veces se le llama la voluntad de decreto de Dios.

Hay varias instancias en las que la Biblia menciona la voluntad revelada de Dios. En el Padre Nuestro la petición «hágase tu voluntad en la tierra como en el cie­lo» (Mt 6:10) es una oración en que se pide que los seres humanos obedezcan en la tierra la voluntad revelada de Dios, sus mandamientos, tal como se obedecen en el cielo (total y completamente). Esto no podría ser una oración pidiendo que se cumpla la voluntad secreta de Dios (es decir, sus decretos en cuanto a acontecimientos que ha planeado), porque lo que Dios ha decretado en su volun­tad secreta de todos modos sucederá.

Pedir que Dios haga suceder lo que ya ha de­cretado que suceda sería como orar: «Que lo que va a suceder suceda». Sería una oración verdaderamente hueca, porque en realidad no se estaría pidiendo nada. Es más, puesto que no sabemos la voluntad secreta de Dios respecto al futuro, quien eleve una oración pidiendo que se cumpla la voluntad secreta de Dios no sabría lo que está pidiendo. Sería una oración sin contenido comprensible y sin efecto.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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