La Doctrina de Dios – Los Atributos Comunicables de Dios 20

 

Continuemos.

Tanto Pablo como Pedro nos dicen que Dios quiere que todos sean salvos (1 Ti 2:4; 2 P 3:9). Así que el hecho de que algunos no son salvos y que para algunos el evange­lio está oculto se debe entender se debe tomar como que está de acuerdo con la vo­luntad secreta de Dios, desconocida para nosotros e inapropiado que nosotros hurguemos en ella. De la misma manera, debemos entender la mención de la vo­luntad de Dios en Romanos 9:18 («Así que Dios tiene misericordia de quien él quiere tenerla, y endurece a quien él quiere endurecer») y Hechos 4:28 («para hacer lo que de antemano tu poder y tu voluntad habían determinado que sucediera») como referencias a la voluntad secreta de Dios.

Hay un peligro al decir que hay acontecimientos que se producen conforme a la voluntad de Dios, aunque vemos que la Biblia habla de ellos de esa manera. Un peligro es que podemos empezar a pensar que Dios se deleita en el mal, lo que no es cierto (Ez 33:11), aunque él puede usarlo para sus propósitos buenos. Otro peligro es que podemos empezar a echarle a Dios la culpa del pecado, en lugar de a nosotros mismos, o pensar que no somos responsables de nuestras acciones de maldad.

La Biblia, sin embargo, no va­cila en unir afirmaciones de la voluntad soberana de Dios con afirmaciones de la culpabilidad del hombre que hace el mal. Pedro pudo decir en la misma oración que Jesús «fue entregado según el determinado propósito y el previo conocimien­to de Dios, y también decir que «por medio de gente malvada, ustedes lo mataron, clavándolo en la cruz» (Hch 2:23). La misma declaración afirma la oculta voluntad de decreto de Dios y la culpabilidad de la «gente malvada» al realizarla.

Nunca de­bemos pensar que la voluntad de Dios implica que somos libres de culpa en cuanto a maldad, ni que se le puede echar a Dios la culpa del pecado. La Biblia nunca habla de esa manera, y nosotros tampoco podemos hacer ni lo uno ni lo otro, aunque cómo puede ser así siga siendo un misterio para nosotros en esta edad.

 

15. Libertad. La libertad de Dios es el atributo de Dios que le permite hacer lo que quiere. Esta definición implica que nada en toda la creación puede estorbar que Dios haga su voluntad. Este atributo de Dios está, por consiguiente, estrechamente relacio­nado con su voluntad y su poder. Sin embargo este aspecto de libertad enfoca el hecho de que a Dios no lo restringe nada externo a sí mismo y que es libre de hacer lo que quiera hacer.

No hay ni persona ni fuerza que jamás pueda dictarle a Dios lo que debe hacer. Él no está bajo ninguna autoridad ni restricción externa.

La libertad de Dios se menciona en el Salmo 115:3, en donde su gran poder se contrasta con la debilidad de los ídolos. Los gobernantes humanos no pueden levantarse contra Dios y oponerse en efecto a su voluntad, porque «En las manos del Señor el corazón del rey es como un río: sigue el curso que el Señor le ha trazado» (Pr 21:1). De modo similar, Nabucodonosor aprende en su arrepentimiento que es verdad decir de Dios: «Dios hace lo que quiere con los poderes celestiales y con los pue­blos de la tierra…» (Dn 4:35).

Debido a que Dios es libre no debemos tratar de buscar alguna otra respuesta mejor a las acciones de Dios en la creación que el hecho de que él quiso hacer algo y que su voluntad tiene perfecta libertad (siempre y cuanto las acciones que realiza vayan de acuerdo con su carácter moral). A veces algunos tratan de descubrir por qué Dios tiene que hacer una u otra cosas (tal como crear el mundo o salvarnos). Es mejor simplemente decir que fue la totalmente libre voluntad de Dios (obrando de una manera que está de acuerdo con su carácter) la razón final por la que escogió crear el mundo y salvar a los pecadores.

 

16. Omnipotencia (poder, soberanía). La omnipotencia de Dios quiere decir que Dios puede hacer toda su santa voluntad. La palabra omnipotencia se deriva de dos palabras latinas: omni, «todo» y potens, «poderoso», y quiere decir «todopoderoso». En tanto que la libertad de Dios se refiere al hecho de que no hay ninguna restricción exter­na a las decisiones de Dios, la omnipotencia de Dios se refiere al poder que tiene para hacer todo lo que decida hacer.

En la Biblia se menciona frecuentemente este poder. Dios es «El Señor, el fuer­te y valiente, el Señor, el valiente guerrero» (Sal 24:8). La pregunta retórica «¿Acaso hay algo imposible para el Señor?» (Gn 18:14; Jer 32:27) ciertamente implica que nada es demasiado difícil para el Señor (Jer 32:17).

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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