La Doctrina de Dios – Los Atributos Comunicables de Dios 21

 

Continuemos.

Pablo dice que Dios «puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir» (Ef 3:20), y que a Dios se le llama el «todopoderoso» (2 Co 6:18; Ap 1:8), término (gr. pantokrátor), que sugiere la posesión de todo poder y autori­dad.

El ángel Gabriel le dice a María que «para Dios no hay nada imposible» (Lc.1:37), y Jesús dice: «para Dios todo es posible» (Mt 19:26). Estos pasajes indican que el poder de Dios es infinito, y que por consiguiente no está limitado a hacer sólo lo que ya ha hecho. Es más, Dios puede hacer mucho más de lo que hace (Mateo 3:9). Dios es el que «puede hacer lo que le parezca» (Sal 115:3); pudo haber destruido a Israel y haber levantado de Moisés una gran nación (Éx 32:10), pero no lo hizo.

Sin embargo, hay algunas cosas que Dios no puede hacer. Dios no deseará ni hará nada contrario a su carácter. Por eso la definición de omnipotencia se indica en términos de la capacidad de Dios para hacer «toda su santa voluntad». No es absolu­tamente cualquier cosa lo que Dios sea capaz de hacer, sino todo lo que esté de acuerdo con su carácter. Por ejemplo, Dios no puede mentir. En Tito 1:2 se le llama «el Dios que no miente».

El autor de Hebreos dice que en el juramento y la promesa «es imposible que Dios mienta» (Heb 6:18). 2 Timoteo 2:13 dice que Cristo «no puede negarse a sí mismo». Es más, Santiago dice: «Dios no puede ser tentado por el mal…» (Stg 1:13). Así que Dios no puede mentir, ni pecar, ni negarse a sí mismo, ni ser tentado por el mal. No puede dejar de existir ni dejar de ser Dios, ni ac­tuar de alguna manera que no esté de acuerdo con alguno de sus atributos.

Esto quiere decir que no es enteramente exacto decir que Dios puede hacer cualquier cosa. Incluso los pasajes bíblicos citados arriba se deben entender en sus contextos, como que quieren decir que Dios puede hacer todo lo que quiera hacer o cualquier cosa que vaya de acuerdo con su carác­ter. Aunque el poder de Dios es infinito, su uso de ese poder queda determinado por sus otros atributos (tal como todos los atributos de Dios determinan todas sus acciones). Esto es, por consiguiente, otro ejemplo en donde habría un malentendi­do si se aísla un atributo del resto del carácter de Dios, o si se recalca de una manera desproporcionada.

Al ejercicio de Dios de poder sobre su creación también se le llama la soberanía de Dios. Dios es soberano en el ejercicio de su gobierno (como «soberano» o «rey») sobre su creación.

Al concluir nuestra consideración de los atributos de propósito de Dios, es apropiado darnos cuenta de que él nos ha hecho de tal manera que mostramos en nuestras vidas un pálido reflejo de cada uno de ellos. Dios nos ha hecho criaturas con voluntad. Optamos por alternativas y tomamos decisiones reales respecto a los acontecimientos de la vida. Aunque nuestra voluntad no es absolutamente libre de la manera en que la de Dios es, Dios con todo nos ha dado una libertad relativa den­tro de nuestras esferas de actividad en el universo que él ha creado.

Es más, tenemos un sentido intuitivo que es nuestra capacidad de ejercer nues­tra voluntad y tomar decisiones, y hacerlo de una manera relativamente libre, que es una de las marcas más significativas de la semejanza de Dios en nuestra existen­cia. Por supuesto, nuestro deseo de ejercer nuestra voluntad y nuestro deseo de ser libres de restricciones puede mostrarse de maneras pecaminosas. Los seres huma­nos pueden volverse arrogantes y pueden desear una clase de libertad que incluye rebelión contra la autoridad de Dios y una negativa a obedecer su voluntad.

Con todo, cuando usamos nuestra voluntad y nuestra libertad para tomar decisiones que agradan a Dios, reflejamos su carácter y lo glorificamos. Cuando gobiernos perversos u otras circunstancias privan a los seres humanos de su capacidad para tomar decisiones libres, se suprime una parte significativa de su semejanza a Dios. No es sorprendente que pagarían casi cualquier precio para recuperar su libertad.

Por supuesto, no tenemos poder infinito ni omnipotencia, como tampoco te­nemos libertad infinita ni ninguno de los otros atributos de Dios en un grado infini­to. Pero aunque no tengamos omnipotencia, Dios nos ha dado poder para producir resultados, poder físico y otras clases de poderes: poder mental, poder espiritual, poder de persuasión, y poder en varias clases de estructuras de autoridad (familia, iglesia, gobierno civil y cosas por el estilo).

En todos estos aspectos, el uso del po­der de maneras que agradan a Dios y en consistencia con su voluntad de nuevo es algo que le da gloria porque refleja su propio carácter.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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