La Doctrina de Dios – Los Atributos Comunicables de Dios 6

 

Continuemos.

Otra dificultad que surge en conexión con esto es la cuestión de la relación en­tre el conocimiento de Dios de todo lo que sucederá en el futuro y la realidad y el grado de libertad que tenemos en nuestras acciones. Si Dios sabe todo lo que suce­derá, ¿cómo pueden nuestras decisiones ser «libres»? De hecho, esta dificultad es tan importante que algunos teólogos han concluido que Dios no conoce todo el fu­turo.

Han dicho que Dios no sabe cosas que no pueden (en opinión de ellos) ser co­nocidas, tales como los actos libres de personas que todavía no han tenido lugar (a veces la frase que se usa es «actos contingentes de agentes morales libres», en don­de «contingentes» quiere decir «posibles pero no ciertos»). Pero tal posición es insatisfactoria porque esencialmente niega el conocimiento de Dios del futuro de la historia humana en algún punto en el tiempo y por lo tanto no concuerda con los pasajes mencionados arriba en cuanto al conocimiento de Dios del futuro y con docenas de otros pasajes proféticos del Antiguo Testamento en donde Dios predice el futuro con mucha antelación y con gran detalle.

¿Cómo, entonces, resolvemos esta dificultad?

Puede ser útil en este punto notar la sugerencia de Agustín, que dijo que Dios nos ha dado «autodeterminación razonable». Su declaración no incluye los términos libre o li­bertad, porque estos términos son excepcionalmente difíciles de definir de manera que satisfactoriamente tome en cuenta el conocimiento completo de Dios de acontecimientos futuros. Pero esta declaración sí afirma lo que es importante para nosotros y lo que percibimos ser cierto en nuestra experiencia, que nuestras deci­siones son «razonables». Es decir, pensamos lo que hacemos, conscientemente decidimos lo que hacemos, y después seguimos el curso de acción que hemos escogido.

La declaración de Agustín también dice que tenemos «autodeterminación». Esto es simplemente que nuestras decisiones en realidad determinan lo que suce­derá. No es que los acontecimientos tuvieran lugar independientemente de lo que decidamos o hagamos, sino más bien que tienen lugar debido a lo que en efecto de­cidimos y hacemos. Esta afirmación no intenta definir el sentido en el que somos «libres» o «no libres», pero ese no es el asunto realmente importante.

Para noso­tros, es importante que pensamos, escogemos y actuamos, y que estos pensamien­tos, decisiones y acciones son reales y en verdad tienen significación eterna. Si Dios conoce todos nuestros pensamientos, palabras y acciones mucho antes de que ocurran, debe haber algún sentido en el cual nuestras decisiones no son absoluta­mente libres.

 

4. Sabiduría. La sabiduría de Dios quiere decir que Dios siempre escoge las mejores metas y los mejores medios para alcanzar esas metas. Esta definición va más allá de la idea de que Dios sabe todas las cosas y especifica que las decisiones de Dios sobre lo que él hará siempre son decisiones sabias; es decir, siempre producen los mejores resultados (desde la perspectiva suprema de Dios), y producirán esos resultados mediante los mejores medios posibles.

La Biblia afirma la sabiduría de Dios en general en varios lugares. Se le llama el «único sabio Dios» (Ro 16:27). Job dice que Dios «es sabio de corazón» (Job 9:4), y «Con Dios están la sabiduría y el poder; suyos son el consejo y el entendi­miento» (Job 12:13). La sabiduría de Dios se ve específicamente en la creación. El salmista exclama: «¡Oh Señor, cuán numerosas son tus obras! ¡Todas ellas las hicis­te con sabiduría! ¡Rebosa la tierra con todas tus criaturas!» (Sal 104:24).

Al crear Dios el universo, fue perfectamente adecuado para que le diera gloria, tanto en el proceso día tras día y en las metas para los cuales lo creó. Incluso ahora, aunque to­davía vemos los efectos del pecado y la maldición sobre el mundo natural, deberíamos asombrarnos lo armoniosa e intrincada que es la creación divina.

La sabiduría de Dios también se ve en su gran plan de redención. Cristo es «sa­biduría de Dios» para los llamados (1 Co 1:24, 30), aunque la palabra de la cruz es «locura» para los que la rechazan y se creen sabios en este mundo (1 Co 1:18-20). Sin embargo, incluso esto es una reflexión del sabio plan de Dios: «Ya que Dios, en su sabio designio, dispuso que el mundo no lo conociera mediante la sabiduría hu­mana, tuvo a bien salvar, mediante la locura de la predicación, a los que creen. … Pero Dios escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios… a fin de que en su presencia nadie pueda jactarse» (1 Co 1:21, 27, 29).

Pablo sabe que lo que ahora pensamos que es el mensaje «sencillo» del evange­lio, entendible incluso para los más pequeños, refleja un asombroso plan de Dios, que en su profunda sabiduría supera cualquier cosa que el hombre jamás podría haber imaginado. Al fin de 11 capítulos de reflexión sobre la sabiduría del plan divino de redención, Pablo irrumpe en alabanza espontánea: «¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Qué indescifrables sus juicios e impenetrables sus caminos!» (Ro 11:33).

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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