La Doctrina de Dios – Los Atributos Incomunicables de Dios 5

 

Continuemos.

El otro error fundamental de la Teología del Proceso es dar por sentado que Dios debe ser cambiable como el universo que creó. Esto es algo que la Biblia ex­plícitamente niega (Heb.1:10-12, citando Sal 102:25-27).

 

E. Dios es a la Vez Infinito y Personal.

En la enseñanza de la Biblia, Dios es infinito y personal; es infinito en que no está sujeto a ninguna de las limitaciones de la humanidad ni de la creación en general. Es mucho más grande que todo lo que ha hecho, mucho más grande de todo lo demás que existe. Pero también es personal; interactúa con no­sotros como persona, y podemos relacionarnos con él como personas. Podemos orar a él, adorarlo, obedecerlo y amarlo, y él puede hablarnos, regocijarse en noso­tros y amarnos.

Aparte de la verdadera religión que se halla en la Biblia, ningún sistema de reli­gión tiene un Dios que sea a la vez infinito y personal. Por ejemplo, los dioses de la mitología antigua griega y romana eran personales (interactuaban frecuentemen­te con los seres humanos), pero no eran infinitos: tenían debilidades y frecuentes fracasos morales, e incluso rivalidades mezquinas. Por otro lado, el deísmo pinta a un Dios que es infinito, pero que está demasiado alejado del mundo para intervenir personalmente en él. De modo similar, el panteísmo sostiene que Dios es infinito (puesto que piensan que todo el universo es Dios), pero tal Dios ciertamente no puede ser personal ni relacionarse con nosotros como personas.

El error de la Teología del Proceso encaja en este patrón general. Sus propo­nentes están convencidos de que un Dios que es inmutable en su ser es tan dife­rente del resto de la creación, tan infinito, tan ilimitado por el cambio que caracteriza a toda nuestra existencia, que no puede también ser personal de una manera que nosotros podamos afectarlo de alguna forma.

Así que, a fin de ganar a un Dios que es personal, piensan que tienen que abandonar a un Dios que es infinito por un Dios que continuamente está en proceso de cambio. Esta clase de razo­namiento es típico de muchas (tal vez todas) de las objeciones a la clase de Dios que presenta la Biblia.

Hay quienes dicen que si Dios es infinito, no puede ser per­sonal, o dicen que si Dios es personal, no puede ser infinito. La Biblia enseña que Dios es a la vez infinito y personal. Debemos afirmar que Dios es infinito (o ilimita­do) con respecto al cambio que ocurre en el universo (nada cambiará el ser, perfec­ciones, propósitos o promesas), que Dios es también personal, y que se relaciona con nosotros personalmente y nos considera valiosos.

 

F. La Importancia de la Inmutabilidad de Dios.

Al principio puede parecemos que no tiene gran importancia que afirmemos la inmutabilidad de Dios. Pero si nos detenemos por un momento para imaginarnos lo que sería si Dios pu­diera cambiar, la importancia de esta doctrina se hace más clara.

Por ejemplo, si Dios pudiera cambiar (en su ser, perfecciones, propósitos o promesas), entonces cualquier cambio sería para bien o para mal. Pero si Dios cambiara para bien, él no sería lo mejor que pudo haber sido cuando confiamos en él. Y ¿cómo podríamos estar seguros de que es lo mejor que pudiera ser ahora?

Pero si Dios pudiera cam­biar para mal (en su propio ser), ¿qué clase de Dios podría volverse? ¿Podría volver­se, por ejemplo, un poquito malo en vez de enteramente bueno? Y si pudiera convertirse en un poquito malo, entonces ¿cómo sabemos que no podría cambiar para convertirse inmensamente malo, o enteramente malo? Y no habría nada que podríamos hacer al respecto, porque él es mucho más poderoso que nosotros.

Así que la idea de que Dios podría cambiar conduce a la horrible posibilidad de que a miles de años de aquí podríamos llegar a vivir para siempre en un universo domi­nado por un Dios totalmente malo y omnipotente. Es difícil imaginarse un pensa­miento más aterrador. ¿Cómo podríamos incluso confiar en un Dios que pudiera cambiar? ¿Cómo podríamos entregarle nuestras vidas?

Es más, si Dios pudiera cambiar respecto a sus propósitos, sería posible que, aun­que al escribir la Biblia prometió que Jesús volvería para gobernar sobre un nuevo cielo y nueva tierra, tal vez ya ha abandonado ese plan, y entonces nuestra espe­ranza en el retorno de Jesús es vana.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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