La Doctrina de Dios – Los Atributos Incomunicables de Dios 9

 

Continuemos.

Para arrojar la corona de uno ante el trono de Dios (Ap.4:10) es preciso que en un momento la persona tenga una corona y que en un mo­mento posterior esa corona sea arrojada ante el trono. Cantar un canto nuevo de alabanza ante Dios en el cielo exige que una palabra se cante después de otra. Es más, del «árbol de la vida» en la ciudad celestial se dice que «produce doce cosechas al año, una por mes» (Ap.22:2), lo que implica el paso regular del tiempo y la sucesión de acontecimientos en el tiempo.

Por consiguiente, en el cielo todavía habrá sucesión de momentos uno tras otro y cosas que se suceden una tras otra. Experimentaremos la vida eterna no como una duplicación exacta del atributo de Dios de eternidad, sino más bien como una duración de tiempo que nunca termina; nosotros, como pueblo de Dios experimentaremos plenitud de gozo en la presencia de Dios por toda la eternidad; no en el sentido de que ya no experimentaremos el tiempo, sino en el sentido de que nuestra vida con él durará para siempre (Ap.22:5).

 

4. Omnipresencia.

Así como Dios es ilimitado o infinito con respecto al tiempo, Dios es ilimitado con respecto al espacio. A esta característica de la naturaleza de Dios se le llama omnipresencia (el prefijo latino omni quiere decir «todo»). La om­nipresencia de Dios se puede definir como sigue: Dios no tiene tamaño ni dimensiones espaciales y está presente en todo punto en el espacio con todo su ser, y sin embargo Dios ac­túa en forma diferente en diferentes lugares.

El hecho de que Dios es Señor del espacio y no puede estar limitado por el espa­cio es evidente primero del hecho que él lo creó, porque la creación del mundo material (Gn.1:1) implica también la creación del espacio. Moisés le recordó al pue­blo el señorío de Dios sobre el espacio en Dt.10:14.

 

A. Dios Está Presente en Todo Lugar.

Sin embargo hay pasajes específicos que ha­blan de la presencia de Dios en cada parte del espacio. Por ejemplo Jeremías 23:23-24). Aquí Dios está reprendiendo a los profetas que piensan que sus palabras o pensamientos están escondidos de Dios. Él está en todas partes y lle­na cielo y tierra.

David expresa hermosamente la omnipresencia de Dios en el Sal 139:7-10. No hay lugar en el universo entero, en tierra o mar, en el cielo o en el infierno, adonde uno pueda huir de la presencia de Dios.

También debemos notar que no hay ninguna indicación de que simplemente una parte de Dios está en un lugar y otra parte de él en otro. Es Dios mismo que esta­ba presente dondequiera que David pudiera ir. No podemos decir que algo de Dios o simplemente una parte de Dios está presente, porque eso sería pensar de su ser en términos espaciales, como si estuviera limitado de alguna manera por el es­pacio. Parece más apropiado decir que Dios está presente con todo su ser en toda parte del espacio (Hch.17:28).

 

B. Dios no Tiene Dimensiones Espaciales.

Aunque parece necesario que digamos que todo el ser de Dios está presente en toda parte del espacio, o en todo lugar del espacio, es también necesario decir que a Dios ningún espacio lo puede contener por grande que sea. Salomón lo dice en su oración a Dios en 1 R.8:27.

Los cielos, por altos que sean, no pueden contener a Dios; en verdad, no puede contenerlo el espacio más grande imaginable (Is.66:1-2; Hch.7:48). Aunque el pensamiento de que Dios está presente en toda parte y lugar con todo su ser debe animarnos grandemente en la oración sin que importe donde estemos, el hecho de que de ningún lugar se puede decir que contiene a Dios también debe desalentarnos en cuanto a pensar que hay algún lugar especial de adoración que le da a los seres humanos un acceso especial a Dios; a Dios no lo puede contener ningún lugar.

Debemos guardarnos en contra de pensar que Dios se extiende infinitamente lejos en toda dirección de manera que él mismo existe en una especie de espacio in­finito e interminable. Tampoco debemos pensar que Dios es como un «espacio más grande» o un área más grande que rodea el espacio del universo que conoce­mos. Todas estas ideas equivalen a pensar en el ser de Dios en términos espaciales, como si fuera simplemente un ser extremadamente grande. Más bien, debemos tratar de evitar pensar en Dios en términos de tamaño o dimensiones espaciales.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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