La Doctrina de Dios – Los Atributos Incomunicables de Dios: Introducción 1

 

 

¿De qué Manera es Dios Diferente de Nosotros?

1. Cómo Clasificar los Atributos de Dios.

Cuando se trata de hablar del carácter de Dios nos damos cuenta de que no podemos decir de una sola vez todo lo que la Biblia nos enseña en cuanto al carácter de Dios. Necesitamos decidir de alguna manera cuál aspecto del carácter de Dios considerar primero, cuál aspecto consi­derar en segundo lugar, etcétera. En otras palabras, necesitamos alguna manera de catalogar los atributos de Dios. Este asunto no es tan trivial como pudiera pa­recer. Hay la posibilidad de que adoptemos un orden equivocado de atributos o que hagamos tanto énfasis en algunos que no presentemos los demás apropiada­mente.

Se han usado varios métodos diferentes para clasificar los atributos de Dios. Adoptaremos la clasificación que probablemente es la que más co­múnmente se usa: los atributos incomunicables de Dios (es decir, los atributos de Dios que no comparte ni «comunica» a otros), y los atributos comunicables de Dios (los que Dios comparte o nos «comunica»).

Ejemplo de los atributos incomunicables de Dios serían:

  • Su eternidad (Dios ha existido por toda la eternidad, pero nosotros no).
  • Inmutabilidad (Dios no cambia, pero nosotros sí).
  • Omnipresencia (Dios está presente en todas partes, pero noso­tros estamos presentes solo en un sitio a la vez).

Ejemplos de los atributos comu­nicables serían:

  • El amor (Dios es amor, y nosotros también podemos amar).
  • Conocimiento (Dios tiene conocimiento, y nosotros igualmente podemos tener conocimiento).
  • Misericordia (Dios es misericordioso, y nosotros también pode­mos ser misericordiosos).
  • Justicia (Dios es justo y nosotros, también, podemos ser justos).

Esta clasificación de atributos de Dios en dos categorías principales es útil, y la mayoría de las personas tiene un sentido inicial de cuáles atributos especí­ficos se deben llamar incomunicables y a cuáles se les deben llamar comunicables. Así que tiene sentido decir que el amor de Dios es comunicable pero su omnipre­sencia no.

Sin embargo, al reflexionar un poco más nos damos cuenta de que esta distin­ción, aunque útil, no es perfecta. Eso se debe a que no hay atributo de Dios que sea completamente comunicable, ¡y no hay atributo de Dios que sea completamente incomunicable! Eso será evidente si pensamos por un momento en algunas cosas que ya sabemos de Dios.

Por ejemplo, la sabiduría de Dios por lo general se diría que es un atributo co­municable, porque nosotros también podemos ser sabios. Pero nunca seremos in­finitamente sabios como Dios lo es. Él nos da su sabiduría hasta cierto punto, pero nunca por completo. De modo similar, podemos tener una parte del conocimiento de Dios, sin embargo nunca lo tendremos por completo, porque los pensamientos de Dios son más altos que los nuestros (Is.55:9).

Podemos imitar el amor de Dios y tener parte en ese atributo hasta cierto punto, pero nunca seremos infinitamente amorosos como Dios lo es. Lo mismo con todos los atributos que normalmente se llaman «atributos comunicables»; Dios en efecto nos participa algunos de ellos «hasta cierto grado» pero ninguno de esos atributos es completamente comunicable. Es mejor decir que esos atributos que llamamos «comunicables» son los que él «comparte más» con nosotros.

Los atributos que llamamos «incomunicables» se definen mejor diciendo que son atributos de Dios que compartimos menos. Ninguno de los atributos incomuni­cables de Dios carece por completo de alguna semejanza en el carácter del ser hu­mano. Por ejemplo, Dios es inmutable, en tanto que nosotros cambiamos. Pero no cambiamos completamente, porque hay algunos aspectos de nuestro carácter que casi siempre permanecen sin cambio: nuestra identidad individual, muchos de nuestros rasgos de personalidad y algunos de nuestros propósitos de largo alcance permanecen sustancialmente sin cambio a través de muchos años (y permanece­rán en su gran parte incambiables una vez que seamos libres del pecado y empecemos a vivir en la presencia de Dios para siempre).

Asimismo, Dios es eterno, y nosotros estamos sujetos a las limitaciones del tiempo. No obstante, vemos algún reflejo de la eternidad de Dios en el hecho de que viviremos con él para siempre y disfrutaremos de la vida eterna, así como tam­bién en el hecho de que tenemos la capacidad de recordar el pasado y tener una fuerte percepción del futuro (a diferencia de mucho de la creación divina; Ecl.3:11).

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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