Uno de mis mentores, el pastor Ray Stedman, solía recitar este dicho que descubre la manera tan estresante en que vivimos hoy día:

Este es el siglo del periódico leído a la mitad, y la comida corrida y a la carrera con la vida, la noche brillante y los nervios atados, al avión de brinco, la parada de un minuto, el cerebro apachurrado y el corazón ponchado, de gato la siesta hasta que la primavera despierta, y se acabó la diversión.

No todo el estrés está mal. Los científicos nos dicen que hay dos tipos de estrés.

Estrés es el lado positivo del estrés. Cuando encuentra el cuerpo con un estrés manejable, como el ejercicio, crecen los músculos y la capacidad de los pulmones. Los levantadores de pesos saben que, después de esforzar los músculos, necesitan descansarlos para que se reparen; sin descansar los músculos se lastiman. Asimismo, cuando nos encontramos con un reto difícil, nuestro carácter y habilidades pueden crecer. Cuando pasamos por períodos de no tener descanso, la desesperación es el resultado.

La desesperación es el lado negativo del estrés. Cuando el estrés nos causa sentir así, empezamos a sufrir. Unas personas experimentan dolores de cabeza; otras experimentan dolores en el pecho, problemas del estómago o no pueden dormir. Todas estas son señales de que tenemos demasiado estrés en nuestras vidas. Si las ignoramos por demasiado tiempo pueden causar daños permanentes.

El manejar el estrés se trata, por un lado, de aprender a establecer límites – para lo físico, espiritual, y emocional. Pero, también, de aprender a reconocer y clarificar las actitudes del corazón que nos hacen vulnerables al estrés. Mientras he observado a los líderes alrededor del mundo, me he dado cuenta de que producen más desesperación que producción útil. Déjeme identificar cinco de estas actitudes brevemente.

  1. Siendo muy sensitivo a la crítica. El secreto de llegar a ser un líder que permanece es aprender como endurecer tu “piel” sin endurecer tu corazón. Si encabeza a cualquier cosa, te van a criticar. Si no puedes reconocer esta realidad y vencerla, debes estar listo para tener años de una vida de desesperación.
  2. Estando demasiado enfocado en tus debilidades. Siempre te beneficiarás enfocándote en donde eres bueno, y de otra manera, desviado y condenado a la mediocridad por haberte concentrado demasiado en donde eres débil. Consigue gente para trabajar en las cosas en donde eres débil y te ahorrarás mucho estrés.
  3. Teniendo demasiado orgullo de tus logros. El orgullo apaga el deseo de crecer y el deseo de aprender, los dos son necesarios para alcanzar nuevos niveles de excelencia. ¿Jamás te has preguntado por qué hay tantos grupos musicales que sólo tienen un éxito grande? ¿O equipos deportivos que sólo ganan un campeonato? El estrés de tener demasiado orgullo se queda por mucho tiempo.
  4. El dejar que tus ambiciones pasen tus habilidades. El distinguir entre tus debilidades y áreas fuertes es parte del proceso de madurar. La ambición sin habilidad es sólo fantasía. Habilidad sin ambición crea una vida desperdiciada. Un atleta mediocre con ambiciones de una medalla de oro en las olimpiadas va a vivir con un alto nivel de estrés.
  5. Guardando celos por los logros de otros. Hay pocas emociones tan destructivas como los celos. El tener celos proviene de una manera equivocada de pensar que dice que hay sólo una cierta cantidad de éxito en el mundo y alguien más acaba de tomar una parte de lo tuyo.

Hay suficiente éxito para el que quiera vivir una vida examinada y fuera del estrés impuesto por ti mismo. Espero que dejes que el estrés inevitable te haga más fuerte, en tu mente, espíritu, y cuerpo.

Extracto del libro “Liderazgo Excitante”

Por John C. Maxwell

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