nuevo-1Mujeres Cristianas – Trabajo Como una Burra y Nadie me Reconoce

 

Pasaje clave: Lucas 18:28-29.

 

Trabajo como una burra y nadie me reconoce, nadie me da las gracias, nadie me dice: “¡Qué bien que lo hiciste!”, nadie te trae nunca un regalo, viene el día de la madre y nadie te regala nada, y vos trabajaste como una burra.

Te la pasas pelando papas y haciendo papas fritas, ¿quién te reconoce algo? Las comieron, se terminó todo y para vos no hay reconocimiento.

Vos podés hacer un asado, pero si el asado lo hace el hombre de la casa, dicen: “Un aplauso para el asador”. A vos nadie te reconoce nada, pero el asador, porque se dedicó a hacer un asado para la familia ese día, entonces se le da un aplauso.

Vos vivís cambiando los pañales de tus hijos, pero un día la vecina vio que tu marido le cambiaba los pañales y dijo: “¡Qué hombre! ¡Ésta se sacó la grande! Mirá cómo le cambia los pañales, le limpia la cola al hijo”. Pero vos hace mil años que venís cambiando los pañales. Parece ser que para los hombres el reconocimiento es más fluido que para las mujeres, como que tenemos ciertas obligaciones, y si no te lo reconocen, no hay mucho problema.

Pedro le está haciendo una pregunta muy importante a Jesús. Le dice: «Jesús, nosotros dejamos todo para servirte, ¿qué recompensa vamos a tener?».

Jesús le dice: “Les aseguro que recibirán mucho más en este tiempo”. Jesús le asegura que va a haber recompensa para la tarea que ellos están haciendo.

Decí: “Dios me asegura que me va a reconocer y que me va a dar una recompensa”.

A las mujeres se nos educó para no ambicionar, te decían: “Si no te ofrecen nena, vos no pidas. Si nadie te dice que preguntes u opines, vos, la boca cerrada. Si no te dan las gracias por algo no te preocupes, vos seguí haciéndolo”. Tenías que ser la mujer que no preguntaba, no ambicionaba y no buscaba reconocimiento. Y cuando nos reconocían, decíamos: “Cualquiera lo puede hacer, eso lo hace cualquiera”, “¡Qué bien que educaste a tus hijos!” Eso sale naturalmente, todas las mujeres lo tenemos». ¡Mentira!

Lo que vos hacés y la manera en que lo hacés, no lo hace nadie, pero negamos eso y decimos: “No”, porque nos parece que no somos dignas de ese reconocimiento, porque no tenemos que ambicionar demasiado. Y cuando pedimos reconocimiento, cuando exigimos que el otro nos reconozca algo, nos trae culpa. ¡Cómo le vamos a pedir eso! ¡Cómo voy a pedir que me reconozcan, cómo voy a pedir que me aplaudan, cómo voy a pedir tal cosa!

Nos da vergüenza porque creemos que somos orgullosas si pedimos que nos reconozcan.

Pero el reconocimiento es registrar la presencia del otro. Cuando te reconocen, te están registrando, te están diciendo “existís”. No hay nada peor que no existir delante de los demás.

¿Y por qué los seres humanos necesitamos reconocimiento? Porque somos seres sociales. El reconocimiento no es algo negativo como nos han enseñado toda la vida: “No seas orgullosa, no busques aplausos humanos”. ¡No! ¡Lo hice y te agradezco que me hayas reconocido!

Reconocer al otro significa que le estoy dando valor, que el otro existe, ver el trabajo que la otra persona está haciendo, es reconocer o conocer los talentos que la otra persona tiene. No es algo negativo, es una necesidad.

El reconocimiento es una necesidad del ser humano. Necesito ser reconocida.

¿Qué pasa cuando las mujeres no somos reconocidas naturalmente?

1. Cuando una mujer no es reconocida naturalmente hará cosas negativas para obtener el reconocimiento.

Son las mujeres que viven para complacer a los demás, están todo el día abortando su propia felicidad para dar felicidad a los demás porque creen que si le dan al otro lo que el otro quiere, en algún momento la reconocerán. Sacrifican su felicidad, y sacrificar tu felicidad es la clave para tu infelicidad. Cada vez que vos sacrificas tu felicidad estás abriendo una puerta a tu infelicidad, porque vos tenés derecho a ser feliz.

 

2. Una mujer que no es reconocida naturalmente trata de llamar la atención. Es la típica histérica que quiere llamar la atención, decir “acá estoy” todo el tiempo. Es la chismosa, la que vive quejándose, la que es súper espiritual.

Son las mujeres que se meten en la vida de los otros. “Si yo fuera ella, haría las cosas diferentes, si yo fuera la madre de estos chicos no serían tan caprichosos”. Son las mujeres que no quieren mirarse hacia adentro y por eso terminan mirando a las demás. La mujer chismosa tiene tantas heridas y tiene tantos dolores y agujeros emocionales y espirituales que tiene que mirar la vida de los demás y criticar a los demás, inventar cosas de los demás, para llamar la atención, y ver si de alguna manera con ese chisme encuentra ese reconocimiento que está buscando.

Me dijo una mujer: “Vos antes no eras nadie”. Y yo le dije: “Y ahora, yo sigo siendo igual porque no perdí el valor delante de Dios”.

Vos podés ponerte extensiones, podés pintarte el pelo, pero vos seguís siendo la misma, porque a los ojos de Dios seguís teniendo el mismo valor. A los ojos de Dios nunca vas a perder el valor; delante de la gente lo podés bajar o no, porque es la valoración que te da la gente. Pero delante de Dios siempre somos valiosas.

 

3. Otras maneras en que buscamos algo de reconocimiento es asfixiando a los otros. Hay mujeres que te abrazan y no te sueltan, buscan que las reconozcan. Van detrás de ese hombre, tratando de que las reconozca, entonces le van a dar amor exageradamente, atención y cuidados. Necesitan que ese hombre de alguna manera se dé cuenta y las reconozca en su vida. Son las mujeres que aunque ese hombre ande con dos o tres mujeres más siguen estando con él, porque dicen: “Al final va a volver conmigo, porque él se va a dar cuenta que soy la mujer que lo bancó en todas, y me va a reconocer como la única mujer a la que amó”. Y siguen aguantando años de dolor, de sufrimiento, de humillación, porque creen que ese hombre en algún momento les va a dar el reconocimiento que ellas están buscando.

(CONTINÚA…)

Por Alejandra Stamateas

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