Sanidad Espiritual – Las Emociones

 

Las emociones son la parte del hombre, donde se envuelven los sentimientos y afectos.

Hay varias emociones negativas, tales como: tristeza, ira, vergüenza, dolor, miedo, celo, confusión y odio. De la misma manera, hay emociones positivas y éstas son: amor y gozo. Las emociones están en la vista, el gusto, el tacto, el olfato y el oído.

 

¿Cómo las Emociones Afectan Nuestra Vida?

1. Influyen en nuestras relaciones con otros.

Nosotros somos el producto de nuestras experiencias pasadas, y nuestras reacciones surgen de acuerdo a las heridas que hemos experimentado en el pasado.

Por ejemplo, una mujer que fue abusada por su esposo va a estar siempre a la defensiva en cualquier otra relación. Otro caso sería el de una persona que tiene raíz de rechazo que le impide manifestar sus emociones y, como consecuencia, se crea una baja estima.

 

2. Serán un obstáculo para nuestra fe.

Si nos dejamos guiar por las emociones, será muy difícil creer la palabra de Dios. Siempre vamos a querer ver primero para después creer. Los creyentes debemos caminar por convicción y no por emoción. Las heridas emocionales impiden entregarse al cuerpo de Cristo efectivamente y convivir en amor sin temor a ser rechazado. Las heridas del pasado están dañando su presente y su felicidad.

«Porque por fe andamos, no por vista» (2º Corintios 5.7)

 

¿Cómo Lidiar con las Emociones Heridas?

1. Enfrentando la verdad.

Muchas veces, confrontar la verdad es muy doloroso; pero recuerde que la puerta por donde entró el dolor, es la misma puerta por donde debe salir.

«Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8.32)

Las heridas escondidas, los traumas, la falta de perdón, los abusos de todo tipo y los pecados, son como una comida podrida en un refrigerador. Muchas veces, percibimos el mal olor y no sabemos de dónde viene; pero más tarde, encontramos que hay algo podrido en el refrigerador que lo está contaminando todo.

Cuando nos escondemos detrás de una puerta de dolor, tenemos que regresar por la misma puerta para ser libres; tenemos que enfrentarnos con la verdad.

 

2. Confesando que nos duele.

«Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho» (Santiago 5.16)

 

3. Perdonando y olvidando.

El perdón no es un sentimiento, es una decisión. Tenemos que perdonar a aquellos que nos han ofendido.

«Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas» (Marcos 11.25)

 

4. Desarrollando dominio propio.

Tomemos una decisión firme de caminar de acuerdo al espíritu y no por emociones. «Y sobre todas las cosas, desarrollemos dominio propio».

«Digo, pues: Andad en el Espíritu y no satisfagáis los deseos de la carne» (Gálatas 5.16)

 

5. Haciendo un compromiso.

Hacer un compromiso verdadero de no vivir por emociones sino por los principios de la palabra de Dios.

 

6. Dando prioridad a la intuición del Espíritu Santo.

Conocimiento inmediato de la verdad que nos ofrece el Espíritu Santo sin necesidad de razonarla. «No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas». He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz. ¿No la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad» (Isaías 43.18-19)

Extracto del libro “Sanidad Interior y Liberación”

Por Guillermo Maldonado

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