La Reforma 500 AÑOS – RECUPERANDO LOS VALORES DE LA REFORMA

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La Reforma del siglo XVI tiene una relevancia muy particular para el testimonio evangélico en América Latina. Es precisamente sobre los valores que allí se formularon que la fe y la práctica evangélica se han ido edificando en los siglos que pasaron. Por eso, recordamos y celebramos este evento como uno de los fundamentos históricos y teológicos sobre los cuales hemos levantado tal testimonio en nuestro continente. Atesoramos y valoramos como propia la comprensión de la fe cristiana que desde entonces nos ha sido transmitida por quienes nos antecedieron en nuestro peregrinaje de fe.

Sin embargo, al llegar a la celebración del quinto centenario de la Reforma, es necesario que nos preguntemos una vez más sobre este suceso extraordinario y su efecto en nuestro continente. Pero también es vital que recuperemos los valores de la Reforma y volvamos a comprometernos con ellos como la fuerza motriz que impulse nuestro compromiso de hoy con el reino de Dios en nuestro continente.

¿Qué fue y qué significa la Reforma Protestante para nosotros como cristianos evangélicos latinoamericanos? ¿Qué valores hemos heredado de tremendo proceso histórico y como recuperar su vigencia en la comunidad de fe y en su testimonio al mundo?

LA HISTORIA

Los historiadores consideran a la Reforma como un movimiento diverso y complejo, con muchas implicaciones sociales, políticas y económicas, así como también profundos aspectos teológicos y religiosos. De hecho, todavía está en discusión la fecha de inicio de la Reforma, que algunos datan a fines del siglo XV y otros la ubican ya bien entrado el siglo XVI. No obstante, hay bastante consenso en considerar el año 1517 como punto de referencia y en particular el día 31 de octubre de ese año como la fecha del nacimiento de este impresionante movimiento. En esa ocasión, el monje agustino Martín Lutero, maestro de Biblia y teólogo, publicó lo que se conoce como sus 95 proposiciones o tesis contra la venta de lo que entonces se conocían como las “indulgencias.” Muchas de las cuestiones puntuales por él presentadas como temas de debate hoy no tienen mayor relevancia o interés para nosotros. No obstante, los planteos y valores que Lutero expresó en ese momento todavía tienen validez para nosotros, como claves para entender lo que conocemos como la Reforma y su vigencia.

LA SALVACIÓN

En el corazón mismo del pensamiento de Lutero estaba su convicción de que el perdón salvador de Dios a los seres humanos pecadores era totalmente una acción divina y no humana. En su teología fundada sobre su propia experiencia personal, el célebre agustino afirmaba su comprensión bíblica de que la salvación no es algo que nosotros podemos lograr por nuestros mejores esfuerzos o méritos, sino que es algo que nos es dado, es decir, nos viene sólo por la gracia de Dios. Por eso, él hablaba de la sola gratia divina, que es el amor de Dios que no merecemos, pero que él fielmente quiere otorgarnos. A su vez, en razón de que la salvación no depende de algo que nosotros podamos hacer o que otros o la iglesia misma pueda hacer por nosotros, la única manera de recibirla es por fe. Así, Lutero hablaba de la sola fide, es decir, la confianza plena en el amor redentor de Dios como el único camino necesario para acceder al mismo.

Así, pues, contra la idea básica de la venta de indulgencias, de que la salvación es algo que se puede comprar con dinero o buenas obras, Lutero concibió la salvación como un regalo de Dios, del que podemos apropiarnos por fe. De esta manera, el reformador desplazó a la Iglesia como mediadora de la salvación y colocó a Cristo como el único mediador entre Dios y los seres humanos. En este sentido, Lutero proclamaba a solo Christo, quien por su obra expiatoria en la cruz y el poder manifestado en su resurrección podía perdonar los pecados, dar una vida nueva y reconciliar con Dios a toda persona arrepentida y que confiara en él como su Salvador y le reconociera como su Señor. De esta manera, en su teología, Lutero establecía la posibilidad de una relación directa entre el ser humano pecador y el Dios salvador, conforme las enseñanzas de la Biblia.

El concepto central de Lutero de que nuestra salvación viene sólo a través de la gracia de Dios y no a través de nuestras propias obras, en realidad no era algo nuevo. Lutero, en su propia lucha personal por llegar a conocer a Dios no como un juez que castiga, sino como un Padre amoroso que perdona, encontró esta enseñanza en las Escrituras, especialmente en las cartas de Pablo. Y, en verdad, esta era una comprensión que no había sido olvidada a lo largo de los muchos siglos que separaban al apóstol de Lutero. El gran padre de la iglesia, Agustín de Hipona, ya en el siglo V había comenzado una serie de debates en defensa de esta verdad bíblica, especialmente contra teólogos que seguían las enseñanzas de Pelagio. Los pelagianos consideraban como muy importante la participación de los seres humanos en el proceso del perdón de sus pecados, es decir, le adscribían un papel activo en su propia salvación. La influencia de Agustín en éste como en otros aspectos fue muy fuerte dentro de la tradición católica, de modo que se hizo sentir en muchos contextos y con diferentes implicaciones a lo largo del tiempo. En este sentido, la teología de Lutero era bien agustina.

LA BIBLIA

No obstante, ¿cuál fue su contribución original, que hizo de la Reforma algo único? ¿Qué fue lo que causó el revuelo y revolución dentro de la Iglesia medieval en los años que siguieron a la publicación de las 95 tesis de Lutero? La causa no fue sólo su convicción, compartida pronto por otros, del principio de salvación sólo por gracia mediante la fe, sino la combinación de esta convicción con otro principio compartido en grado creciente por muchos. Se trataba de una convicción que, en el caso de Lutero, tomó un poco más de tiempo para clarificarse, pero que fue la llave para abrir toda una nueva comprensión de la fe cristiana. A su vez, esta convicción tuvo una relevancia enorme en su contexto político y social, donde los patrones de poder en la sociedad y en la Iglesia estaban cambiando radicalmente. Debemos recordar que los días de Lutero fueron los de la profunda transición de una Europa medieval a una Europa moderna.

¿Cuál era esta convicción? Esta convicción era que la fuente de autoridad para la verdad cristiana se encontraba solamente en las Escrituras (sola scriptura) en oposición a las tradiciones eclesiásticas que la habían interpretado a lo largo de los siglos. En el caso de las indulgencias y de la comprensión teológica distorsionada que estaba detrás de ellas, Lutero estaba diciendo que la Iglesia se había extraviado de la verdad que estaba en las Escrituras. Esto significaba que las tradiciones de la Iglesia de hecho podían estar equivocadas, y su pretendida autoridad bien podía ser cuestionada. Fue esta conclusión, tal como Lutero y otros la abrazaron, la que fundamentó los enormes cambios que habrían de producirse en la cristiandad desde aquel entonces, y a los que consideramos bajo el nombre de la Reforma.

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