Familias Cristianas – Oremos Para Crecer en Fe 1 

 

Cuantas veces he oído a padres de adolescentes o jóvenes decir: «Mi hijo no está motivado a hacer nada», «mi hija anda por la casa como si estuviera deprimida todo el tiempo», «mi hijo está saliendo reprobado del colegio y parece no importarle», «mi hija se ve desubicada, como si su vida no tuviera propósito». En cada caso, estos chicos están batallando con una falta de visión para sus vidas porque no tienen fe en Dios, ni en Su Palabra.

Los niños sin fe tienen una vida más difícil. No tienen una motivación positiva, sentido de propósito, y ninguna esperan­za para ser diferentes. Los niños sin fe se sientan durante horas delante del televisor, día tras día, mes tras mes. Vagan por las calles buscando problema y por lo general lo encuen­tran. Se relacionan con otros niños sin fe, y ese es el mayor problema de los infantes que están en dificultad, hoy día.

No saben que Jesús murió por ellos (Romanos 5:8) y que son los hijos amados de Dios (Juan 1:12), que tienen un propósito, un llamado especial (1 Corintios 7:22), un futu­ro brillante (1 Corintios 2:9), y por eso de seguro, son ganadores (Romanos 8:37). No saben que «al que cree todo le es posible» (Marcos 9:23), y por lo tanto no creen que haya posibilidad para sus futuros. Todo lo que ven son sus propias limitaciones, las fallas y las luchas de los adultos a su alrede­dor, y por lo tanto se rinden.

Pero es aún más que eso, porque sentir nuestras limitacio­nes no significa necesariamente que no tenemos fe. Sentir que Dios tiene limitaciones, es lo que indica una carencia de fe. Y si los niños no confían en el único que es seguro, invariable, y todopoderoso, ¿cómo pueden creer en sí mismos y en su futuro, el cual reconocen como inseguro, inestable y sin poder?

Después de criar a un niño desde su nacimiento hasta convertirse en adulto, he comprendido que una de las cosas más importantes que nuestros hijos retendrán consigo cuando se vayan de nuestra esfera de influencia, es su fe. Si podemos estar seguros de que tienen una fe grande en Dios y en su Palabra, y el amor del Señor en sus corazones, entonces sabremos que están listos para la eternidad. Nuestras oracio­nes pueden jugar un papel mayor ayudándoles a lograrlo.

Los apóstoles, que estaban con Jesús todos los días, oyéndole enseñar y mirando lo que hacía, aún tenían que pedirle: «Auméntanos la fe» (Lucas 17:5). Sin duda nosotros podemos pedir lo mismo para nuestros hijos:» Señor, aumén­tales la fe».

A los israelitas, testigos de milagros que nosotros quizás jamás veremos, no se les permitió entrar a la Tierra Prometida por causa de su incredulidad (Hebreos 3:19). Nosotros no queremos que una falta de fe impida a nuestros hijos entrar a todo lo que Dios ha prometido para ellos. Podemos enseñarles la Palabra de Dios, la cual genera fe en ellos, y tenemos la posibilidad de orar para que ésta crezca.

Los niños que tienen fe tienen características distintivas, diferentes a los que no la poseen. Disfrutan más confianza, motivación, alegría, son más positivos en cuanto al futuro, y dan más de sí mismos. De hecho, una de las manifestaciones principales de una persona fuerte en la fe es la habilidad de dar; no solo en términos de dinero o posesiones, sino también tiempo, amor, exhortación, y ayuda. Una persona de fe está llena del amor de Dios y busca oportunidades para poder compartirlo con otros. La Biblia dice: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1 Corintios 12:13).

En el cielo la fe no será necesaria porque veremos todo. La esperanza tampoco lo será porque, ¿qué más podríamos esperar? Solo el amor permanecerá para siempre, porque Dios es amor y Él es eterno. Por eso no importa cuán grande sea lo que hagamos o cuánto damos; si la motivación no es amor, de nada sirve (1 Corintios 13:3).

Todo lo que hagamos en amor permanecerá para siempre y las recompensas son eternas.

El amor es la virtud mayor, aún más que la fe. Pero es ésta, es su punto de partida. Por ello tenemos que orar, que a medida que la fe se incremente en nuestros hijos, ellos se conviertan en instrumentos de Dios para servir. Una de las razones por las cuales las personas no dan, es por creer que de hacerlo, no habrá suficiente para ellos; otra razón es que no tienen el amor de Dios en su corazón.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “El Poder de los Padres Que Oran”

Por Stormie Omartian

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