Según diferentes investigaciones, en la actualidad estamos atravesando la «era del desamor». En esta era es muy difícil expresar las emociones, no hay intimidad ni se respétala vida íntima. Ya no nos emocionamos, todo queda expuesto. Este desamor también alcanzó a las mujeres, que no nos amamos a nosotras mismas ni comprendemos muchas de nuestras maneras de actuar. Cuando nos descuidamos, estamos diciendo: «No me puedo cuidar de mí misma», «no me tengo paciencia», «no me soporto, por eso me abandono». Y el abandono que nos permitimos crear repercute en cada área de nuestras vidas.

1. Nos abandonamos físicamente.

Una mujer que se abandona físicamente comienza de apoco: deja de arreglarse las uñas, descuida su cabello y su ropa, no se maquilla. Va perdiendo los detalles que forman su identidad. ¿Te pasó de descuidar algo, pensando que era sin importancia y luego, por desinterés o desgano, le sumaste más descuidos? Por un momento detente y obsérvate: ¿cómo te encuentras el día de hoy? ¿Cómo te ves?

¿Sabías que percibimos al otro como una totalidad, y que ésta se encuentra formada por un conjunto de diminutos detalles? Y son justamente esos detalles a los que no les damos la importancia que tienen. Los detalles se encargan de vestirnos, de hacernos lucir de una mejor manera; son la antesala de la imagen personal que queremos introducir, ofrecer o presentar a los otros. La mujer que se abandona dice: «Yo antes me arreglaba pero después de que me divorcié…», «cuando nació mi hijo, nunca más», «después de esa crisis, ¿arreglarme?, gracias que salí». Y así podemos dar cientos de excusas.

¡Atrévete, mujer!

  • ¿Qué pasaría si comenzaras a identificar aquellos detalles que sabes que te haría bien recuperar?
  • ¿Qué pequeñas cosas dejaste de hacer (o tal vez nunca hiciste) y tienes que comenzar a activar?
  • ¿Qué fue lo que dejaste de lado en todos estos años?

Si piensas que hay algo que te lo impide, borra esa creencia de tu mente. Ni los problemas económicos ni la falta de tiempo justifican la falta de amor hacia ti misma. Recuerda aquel detalle que antes te hacía sentirte diferente y recupéralo. No le restes importancia a cómo te ves y sientes con tu cuerpo. No te abandones físicamente, todo tiene importancia. Muchas mujeres se resignan a sufrir pequeños dolores —dolores de cabeza, de huesos, de varices y, sin darse cuenta, estos dolores que comenzaron siendo pequeños se transforman en crónicos y hasta graves. ¡No te permitas acostumbrarte a vivir con ellos!

No olvides que los detalles hablan por ti, te identifican. ¿Qué estás haciendo por ellos? Cuida el detalle para ti, no para los demás; si lo haces, ¡seguramente no pasarás inadvertida!

2. Nos abandonamos emocionalmente.

Ya no ríes como lo hacías antes, estás enojada, sientes bronca, te quejas, tu vida se volvió aburrida y monótona, y en esa monotonía te sientes sola. De repente, sientes que tus emociones comienzan a hacer «ruido». Ahora bien, déjame preguntarte algo: ¿Te pusiste a mirar los detalles de tu carácter?

Tal vez abandonaste lo que te hacía una mujer alegre, aquello que te divertía. No se te escucha decir «tengo que modificar esto que me pasa», sino que pareciera que son los demás los que tienen que cambiar. Pero te toca a ti cambiar, superar y erradicar las emociones que aún hoy te siguen lastimando. Tienes capacidad para hacer aquello que jamás te atreviste a hacer. ¡Hazlo!

Alégrate, disfruta de la vida, entusiásmate contigo misma. Maximiza todo lo bueno que hay dentro de ti. Busca tener momentos de paz y relax, y controla tus emociones. Tienes dominio propio para hacerlo. Somos nosotras mismas las que decidimos cómo reaccionar, cómo sentirnos frente a esas situaciones en las cuales debemos mediar.

3. Nos abandonamos intelectualmente.

Si te preguntara cómo haces para renovar tu mente todos los días, para desarrollarte intelectualmente, ¿qué me responderías?

¿Hace cuánto que no lees un libro, que no vas a ver una buena película o una obra de teatro?

Permanentemente necesitamos formarnos, ¡hagámoslo para nuestra propia satisfacción y crecimiento personal! No te conformes con lo que aprendiste años atrás. Desafíate, establécete una meta intelectual.

Proponte desafíos nuevos, haz algo por ti y no abandones la carrera, llega y recibe el premio. Te vas a sorprender de tus propios avances, de cómo tu vocabulario podrá enriquecerse, y te sentirás apta para poder encontrarte y relacionarte con los otros sea el ámbito que fuere.

Estás más que lista: estás cargada de la mejor energía. Muévete, acciona. Felicita tus logros pasados, presentes y futuros. No dependas de lo que digan los demás, ni de tus hijos, ni de tu pareja, ni de las circunstancias. Ya estás aprobada y estás en la línea de largada. Cuando lo hagas, nunca más vas a sentirte sola, porque estarás llena de ti misma, y eso no es ni vanagloria, ni orgullo, ni pedantería; es simplemente reconocer la mujer que eres, y sentirte feliz contigo misma.

Atrévete a correr la posta de los talentos para alcanzar la carrera de tu propia vida. Nadie te apura, vive tus procesos, redescúbrete, ámate. En la llegada te espera todo lo que has brindado.

Extracto del libro Estoy Casada Pero Me Siento Sola

Por Alejandra Stamateas

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