Doctrina Bíblica – Cristo Murió Para Ser un Sacerdote Compasivo y Competente

 

Pasaje clave: Hebreos 4:15-16.

 

Cristo llegó a ser nuestro Sacerdote por el sacrificio de sí mismo en la cruz (Hebreos 9:26).

Es nuestro intermediario ante Dios. Su obediencia y sufrimiento fueron tan perfectos que Dios no lo rechazó. Por consiguiente, si vamos a Dios por su intermedio, Dios no nos rechazará tampoco.

Pero esto resulta mejor aún. En el camino a la cruz por treinta años, Cristo fue tentado como todo ser humano es tentado. Es cierto, nunca pecó. Pero hay personas de talento que han señalado que esto significa que sus tentaciones fueron más fuertes que las nuestras, no más débiles.

Si una persona accede a la tentación, nunca alcanza la más plena y prolongada presión. Capitulamos cuando la presión sigue creciendo. Pero Jesús no. Nuestro Señor soportó toda la presión hasta el fin y nunca cedió. Él sabe lo que es la tentación en su máxima expresión.

Una vida de tentación que alcanzó su clímax en medio de abusos y abandonos espectaculares le dio a Jesús una capacidad sin paralelo para compadecer a las personas que son tentadas y que sufren. Nadie jamás ha sufrido más. Nadie ha soportado más abuso. Y nadie jamás lo ha merecido menos ni tuvo más derecho de devolver golpe por golpe. Pero el apóstol Pedro dijo: «El cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca, quien cuando le maldecían no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente» (1º Pedro 2:22-23).

Por consiguiente, la Biblia dice que Él puede «compadecerse de nuestras debilidades» (Hebreos 4:15). Esto es maravilloso. El resucitado Hijo de Dios, que está en el cielo a la diestra de Dios con toda autoridad sobre el universo, siente lo que nosotros sentimos cuando nos acercamos a Él en pesar o dolor, o acosados por las promesas de un placer pecaminoso.

¿Qué diferencia hace esto? La Biblia responde estableciendo una conexión entre la compasión de Jesús y nuestra confianza en la oración.

Dice que puesto que Él es capaz de «compadecerse de nuestras debilidades… (por consiguiente nosotros debemos) con confianza acercarnos al trono de gracia, para que podamos recibir misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro» (Hebreos 4:15-16).

Evidentemente, la idea es la siguiente: Nosotros probablemente no vamos a sentirnos bien recibidos en la presencia de Dios si llegamos ante Él con nuestras luchas. Percibimos la pureza y perfección de Dios tan profundamente que todo lo nuestro parece inapropiado en su presencia. Pero entonces recordamos que Jesús es «compasivo». Él está con nosotros, no contra nosotros. Esta conciencia de la compasión de Cristo nos llena de valor para acercárnosle.

Él conoce nuestro clamor. Él probó nuestra lucha. Él nos invita a acudir con confianza cuando sentimos nuestra necesidad.

Extracto del libro  “La Pasión de Jesucristo”

Por John Piper

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