Devocionales Cristianos – Trabajar Con el Carácter

 

“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:12-14).

Uno de los problemas más comunes que enfrentamos los cris­tianos es el de “idealizar” nuestra fe, en lugar de aceptarla en la “realidad” de nuestra experiencia de vida espiritual, según lo declara La Palabra de Dios.

¿Qué significa esto? Que lamentablemente siempre espera­mos estar mejor de lo que estamos para llegar a disfrutar nuestra relación con Cristo, en lugar de aceptar y valorar lo que su Palabra nos dice que somos y tenemos en Él. El problema de este idea­lismo espiritual es que todavía no descubrimos que ¡siempre nos va a faltar algo para estar mejor! Nuestro juicio acerca de cómo deberíamos estar nos impide reconocer con alegría aquello que ya tenemos en Cristo, y por lo tanto disfrutarlo para, desde ese lugar, hacerlo crecer.

Hay una buena noticia para nosotros: todo lo que nos falta no debe ser motivo de frustración sino, por el contrario, de ex­pectativa. Porque la medida de lo que nos falta no tiene que ver con todo lo que nuestro criterio establece, o lo que sentimos que somos, sino con todo aquello que Dios quiere que alcancemos: el maravilloso e inigualable carácter de su Hijo.

Es por eso que Dios se involucra con su gracia en nuestra rea­lidad, y no en nuestro idealismo, y nos desafía a creer desde lo que hoy somos todo lo que Él se ha propuesto hacer de nuestras vidas.

Observemos: “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Colosenses 1:27 y 2:10). Esta es nuestra realidad de fe. “Vosotros estáis completos en él” (Colosenses 2:10). Esto es lo que Dios declara.

Es decir, aquello que pensamos que nos falta ¡ya lo tenemos! Solo debemos esperar y confiar, a la vez, que dispondremos y ren­diremos con alegría nuestras vidas, hasta que Cristo se manifies­te plenamente en todo nuestro ser. Dios comienza permitiendo nuestra libre iniciativa en querer ser como Cristo, y termina de acuerdo a su propósito perfecto, ¡y ten seguridad de ello!,  ayudándonos a alcanzar la meta.

“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro” (1 Juan 3:2-3).

 

Motivos de Oración.

  • Abandonemos en oración todo control y juicio de nuestra vida a Dios. Pidamos que nos haga fieles en obedecerle, y dejémosle los resultados a Él.
  • Las personas más intranquilas y descontentas no son las débiles, sino los duros de corazón. Pidamos al Señor que nos haga más dispuestos y sensibles a su Palabra. Confesemos con alegría la presencia de Cris­to en nuestra vida.
  • Para adquirir el carácter de Cristo debemos ser tiernos y dóciles en la fe. Su gracia se perfecciona en nuestra debilidad. Pidamos al Señor aceptarnos a nosotros mismos como Él nos ha aceptado.
  • Pidamos al Señor que día a día continúe conquistan­do nuestro corazón. Oremos para que Él nos persuada de que el carácter de Jesús es la mejor opción para nuestra vida.

 

Acción Práctica.

Decide hoy aceptarte y amarte incondicionalmente tal como eres, pero toma el compromiso delante de Dios de trabajar en aquellas áreas de tu carácter que necesites cambiar.

Extracto del libro “40 Días de Ayuno y Oración 2012”

Por Nora y Gustavo Schneir

San Isidro, Buenos Aires

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