El propósito y el plan de Dios para la humanidad están claramente reve­lados en el primer capítulo de Génesis: “Y dijo: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza. Que tenga dominio sobre los peces del mar, y sobre las aves del cielo; sobre los animales domésticos, sobre los animales salvajes, y sobre todos los reptiles que se arrastran por el suelo.» Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó, y los bendijo con estas palabras: «Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométan­la; dominen a los peces del mar y a las aves del cielo, y a todos los reptiles que se arrastran por el suelo” (Génesis 1:26-28).

Observe que estos versículos no mencionan nada sobre el gobierno de los humanos sobre otros seres humanos. No fue el diseño original de Dios que ningún hombre reinara sobre otros hombres. Él nos creó a todos para gober­nar, no para ser gobernados. De acuerdo con su plan, Dios precisaba a alguien para dominar una propiedad llamada Tierra, por eso creó al hombre. Dios nos hizo para que estemos a cargo de este territorio especial, para reinar sobre la esfera de dominio del planeta. Muchos de nosotros hemos perdido de vista esta verdad o, en primer lugar nunca, la hemos aprendido. Enten­der que fuimos creados para dominar lleva implicancias capaces de cambiar nuestras vidas.

El propósito de Dios nunca cambia. Él sigue comprometido con su plan de que el hombre domine este planeta de parte de Él. Atrapado dentro de cada uno de nosotros, yace un espíritu de dominio clamando por ser libe­rado y un mandato de dominio esperando ser ejercido. Es este espíritu de dominio innato lo que nos lleva a rebelarnos contra todo intento por parte de los demás de dominar o controlar nuestras vidas o destino. Ya sea que la opresión provenga de la religión o de los sistemas mundiales, los humanos no fuimos creados para vivir una vida de subyugación y siempre resistire­mos la opresión.

Usted se habrá dado cuenta de que en cada situación en la que ha ha­bido un reino extendido de un régimen opresivo en una nación, tal como el apartheid en Sudáfrica, o la opresión de la ideología comunista o el go­bierno represivo de Irán sobre Irak, cuando la liberación llegó, la gente se regocijó como el vapor que es liberado de una olla a presión. La caída del régimen opresivo de Saddam Hussein en Irak, por ejemplo, fue seguida de miles de iraquíes que celebraban en las calles y ejercían libertades que no habían disfrutado durante años. ¿Por qué fueron tan rápidos para echar por tierra las restricciones del antiguo gobierno? Fue porque ellos odiaban esa opresión. Todos somos iguales: no fuimos creados para ser dominados, sino para dominar en cada área de nuestras vidas.

Al mismo tiempo, es realmente asombroso ver cómo permitimos que muchas cosas nos dominen. Se supone que nosotros debemos tener dominio sobre las plantas, ¡y mire cómo dejamos que algunas plantas arruinen nuestras vidas! Las hojas de coca de Colombia, las de tabaco de Cuba, el jugo de la uva y las cepas usadas para hacer vino y licor. Café, cigarrillos, licores; estamos sujetos a toda clase de vicios que gobiernan nuestros apetitos. Se supone que “somos nosotros los que debemos gobernar nuestras pa­siones y deseos -sexo, codicia, drogas, poder, dinero y posesiones-, pero en cambio son ellas las que nos gobiernan.

Mucha gente vive y trabaja para el dinero, pensando que les brindará libertad, cuando en realidad lenta y seductoramente se convierten en esclavos de las mismas cosas por las que han trabajado. La gente que entiende correctamente las finanzas, entiende que ellos no trabajan por el dinero. El dinero trabaja para ellos. Los que son esclavos del dinero nunca avanzarán verdaderamente. Si usted se da cuenta de que es uno de esos que está trabajando por dinero y aún es pobre, seguirá siendo pobre y nunca podrá salir del hoyo económico en el que se encuentra. Si es de la clase media, allí es donde permanecerá. Siempre que vaya detrás del dinero, él lo esquivará. Tan pron­to como aprenda a hacer que el dinero trabaje para usted, volverá a usted multiplicado varias veces.

Una de las primeras cosas que sucedió en la Iglesia primitiva en el libro de los Hechos estaba directamente relacionada con todo el tema del dominio (Lee Hechos 4:32-35).

El punto principal que me gustaría resaltar aquí es que ellos traían sus ganancias y las ponían a los pies de los apóstoles. Esto estableció el principio de que el amo del dinero, que una vez los dominó a ellos, ahora tenía que inclinarse y volverse esclavo del Reino de Dios. Por el mismo acto de com­partir sus posesiones unos con otros y vender sus casas y tierras, y entregar el dinero de las ventas para que sea distribuido entre los necesitados, esos primeros creyentes estaban ejerciendo do había dominado a ellos. En Cristo, ellos encontraron la libertad para gobernar como habían sido creados para hacerlo, en vez de ser gobernados por sus deseos incontrolados. En su primera carta a los creyentes de Corinto, Pablo expresó perfectamente cuál debe ser nuestra actitud al respecto: “«Todo me está permitido», pero no dejaré que nada me domine” (1 Corintios 6:12).

Extracto del libro Redescubriendo el Reino

Por Myles Munroe

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