B. Entender que el cónyuge es un regalo especial de Dios: cuando vio que Adán estaba solo, dijo Dios: “le haré ayuda idónea para él” y le trajo a Eva. Proverbios 18:22 dice: “El que halla esposa halla el bien y alcanza la benevolencia de Jehová”. Dios les hizo a cada uno de ustedes un regalo muy personal en la vida del otro cónyuge para que no lo compartan con ninguna otra persona.

C. Vivir solos: una de las peores decisiones que pueden tomar es vivir en casa de los padres o suegros. Si no tienen casa, alquilar no será un gasto sino una inversión, créanlo. Por otra parte, Dios no quiere que los familia­res se metan en el nuevo matrimonio, “por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”, Efesios 5:31. La separación física, emocional y económica de los padres es un principio provechoso para tener en cuenta.

D. Edificar espiritualmente el matrimonio: Felipe Henry solía decir a sus hijos: “procuren agradar a Dios y se agradarán el uno al otro. Les deseo santidad y estoy seguro de que tendrán entre ustedes felicidad”. Asegú­rense de apartar un tiempo diario para leer la Biblia y orar juntos. Cuanto más cerca estén de Dios, más cerca estarán el uno del otro.

En Efesios 5:21-33 dice que el esposo debe amar a su esposa, y esta expre­sión se repite 4 veces. Mientras que de la esposa dice que debe sujetarse y respetar al marido; y este mandamiento se repite 3 veces.

Para un judío, cuando un mandato se repetía 3 veces o más, significaba que era firme de parte de Dios. Es firme de parte de Dios que el hombre ame a su esposa y que la esposa respete a su esposo.

E. Servir a Dios juntos: un amor que no se traduce en servicio no es verdade­ro amor. Nunca olvidaremos aquel primer día de noviazgo. Fue el 17 de Diciembre de 1987, bajo un cielo estrellado y a la vera del río Paraná. Nues­tro primer beso fue precedido por un voto de compromiso y de servicio a Dios para toda la vida. Un año después nos casamos. Llevamos más de 13 años sirviendo juntos al Señor, y es… ¡hermoso!

F. No esconder nada: no pueden venir al matrimonio con cosas escondidas. Es necesario sacar todo a la luz. Sean francos. Nada debe quedar para ser descubierto en el matrimonio, pues trae amargura y desengaño.

G. No tener desajustes sexuales: nadie nace sabiendo cómo hacer el amor, debemos aprender. En las semanas previas al enlace es necesario leer y charlar. Buscar un consejero o pastor para poder recibir asesoramiento.

H. Nunca comparar al cónyuge con otras personas: días atrás vino Martín, 38 años de edad, casado, tres hijos. Llegó virgen al matrimonio, mientras que su esposa había tenido una vida muy promiscua antes de conocer a Jesús y ponerse de novia con él; cuando la conoció quedó deslumbrado por su cuerpo escultural; se casaron al poco tiempo. Hoy, después de 10 años, con dolor comenta: “muchas veces, ella me compara como amante con otros hombres que tuvo y eso me pone muy mal y me da mucha rabia”.

3. Razones por las que no deberían casarse:

A. Por dinero: en el reverso de un billete falso de 100 dólares que se emplea como tratado evangelístico, se puede leer:

El dinero puede comprar:

Una cama… pero no… el sueño.

Libros… pero no… la sabiduría.

Adornos… pero no… la belleza.

Una casa… pero no… un hogar.

Medicina… pero no… la salud.

Lujo… pero no… la cultura.

Diversión… pero no…la felicidad.

Un crucifijo… pero no… un Salvador.

Es muy usual ver a hombres maduros o viejos en compañía de jovencitas. Sucede en la farándula y, ahora, con los políticos.

B. Por escapar de tus padres: para muchos jóvenes el matrimonio parece ser la solución ideal a situaciones tensas y desagradables que viven en el ho­gar paterno, tales como agresiones continuas, físicas o psicológicas, des­valorización o explotación por parte de ambos padres o alguno de ellos. Aun así, arriesgarse al matrimonio sin estar seguro puede ser otro proble­ma, quizá mayor.

C. Por temor a quedarte soltero: especialmente las chicas, por temor a la soledad, suelen casarse con el primero que se lo propone. ¡No lo ha­gan!

D. Por imagen o status: suele ser muy tentador casarse con un médico, aboga­do u otro profesional, porque parece asegurar un buen pasar económico y cierta “imagen” frente a la sociedad.

E. Por presión: muchos jóvenes se sienten presionados por padres, familia­res, amigos o aun la iglesia a contraer matrimonio. La cultura parece decir­nos que ser casados suele ser un requisito a determinada edad.

F. Por el aspecto físico: no te cases con alguien sólo por su aspecto físico.

Extracto del libro “Sexo. Lo que siempre quisiste saber”

Por José Luis y Silvia Cinalli

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