La Doctrina de Dios – Los Atributos Comunicables de Dios 1

 

¿Cómo es Dios semejante a nosotros en su ser y en sus atributos mentales y morales?

Consideraremos los atributos de Dios que son «comunicables», o de los que nosotros participamos. Si recordamos que es la persona total y completamente integrada de Dios de quien estamos hablando, será evidente que la división en varios atri­butos no es cuestión de gran significación doctrinal, sino que es algo que se debe basar en el juicio de uno respecto a la manera más eficaz de presentar el material bíblico.

Dividimos los atributos «comunicables» de Dios en cinco categorías principales, y cada atributo individual bajo cada categoría como sigue:

 

A. Atributos que Describen el Ser de Dios.

1. Espiritualidad

2. Invisibilidad

 

B. Atributos Mentales.

3. Conocimiento (u omnisciencia)

4. Sabiduría

5. Veracidad (y fidelidad)

 

C. Atributos Morales.

6. Bondad

7. Amor

8. Misericordia (gracia, paciencia)

9. Santidad

10. Paz (u orden)

11. Justicia (o rectitud)

12. Celo

13. Ira

 

D. Atributos de Propósito.

14. Voluntad

15. Libertad

16. Omnipotencia (o poder y soberanía)

 

E. Atributos «Sumarios».

17. Perfección

18. Bienaventuranza

19. Belleza

20. Gloria

Debido a que debemos imitar en la vida los atributos comunicables de Dios, cada una de estas secciones incluirá una breve explicación de la manera en que de­bemos imitar el atributo en cuestión.

 

A. Atributos que Describen el Ser de Dios.

1. Espiritualidad. Los seres humanos a menudo se han preguntado de qué está he­cho Dios. ¿Está hecho de carne y sangre como nosotros? Ciertamente que no. ¿Cuál es, entonces, el material que forma su ser? ¿Está Dios hecho de alguna mate­ria? ¿Acaso es Dios pura energía? ¿Acaso es en algún sentido puro pensamiento?

La respuesta de la Biblia es que Dios no es nada de esto. Más bien, leemos que «Dios es espíritu» (Jn 4:24). Esta afirmación la hizo Jesús en el contexto de un diálo­go con la mujer junto al pozo de Samaria. La conversación giraba en cuanto al lu­gar donde la gente debía adorar a Dios, y Jesús le dijo que la verdadera adoración a Dios no exige que uno esté presente ni en Jerusalén ni en Samaria (Jn 4:21), porque la verdadera adoración no tiene que ver con un lugar físico sino con la condición espiritual interior de uno. Esto se debe a que «Dios es espíritu» y esto evidente­mente significa que Dios no está limitado de ninguna manera a un lugar espacial.

De este modo, no debemos pensar que Dios tiene tamaño o dimensiones aun­que sean infinitas. No debemos pensar que la existencia de Dios como espíritu significa que Dios es infinitamente grande, por ejemplo, porque no es una parte de Dios sino el todo de Dios lo que está en todo punto del espacio (Sal 139:7-10). Tam­poco debemos pensar que la existencia de Dios como espíritu quiere decir que Dios es diminutamente pequeño, porque ningún lugar del universo puede rodearlo ni contenerlo (1 R 8:27). Así que no se puede pensar correctamente del ser de Dios en términos de espacio, como quiera que sea que entendamos su existencia como «espíritu».

También hallamos que Dios le prohíbe a su pueblo que piense que su existencia misma es similar a alguna otra cosa en la creación física. Leemos en los Diez Mandamientos: “No te hagas ningún ídolo, ni nada que guarde semejanza con lo que hay arriba en el cielo, ni con lo que hay abajo en la tierra, ni con lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te inclines delante de ellos ni los adores. Yo, el Señor tu Dios, soy un Dios ce­loso. Cuando los padres son malvados y me odian, yo castigo a sus hijos hasta la ter­cera y cuarta generación. Por el contrario, cuando me aman y cumplen mis mandamientos, les muestro mi amor por mil generaciones (Éx 20:4-6).

El lenguaje de la creación en este mandamiento («arriba en el cielo o… abajo en la tierra, o… en las aguas debajo de la tierra») es un recordatorio de que el ser de Dios, su modo esencial de existencia, es diferente de todo lo que él ha creado. Con­cebir su ser en términos de alguna otra cosa en el universo creado es representarlo erróneamente, limitarlo, pensar que es menos de lo que realmente es.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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