Clásicos Cristianos – El Sacramento de la Vida 4

 

Continuemos.

Con toda caridad, y sin deseo de herir los sentimientos de nadie, tengo que decir que la iglesia católica romana representa hoy en día la herejía sagrado-secular llevada a su máxima perfección. El efecto mortal de esta herejía es hacer una división completa entre religión y vida. Sus maestros intentan disimular esta trampa por medio de muchas notas y explicaciones, pero la lógica irrebatible está ahí. En la vida práctica del católico, la diferencia entre la vida diaria y la religión es evidente.

Los reformadores, los puritanos y los místicos han luchado para librarnos de esta servidumbre. Pero hoy en día en muchos círculos conservadores existe la tendencia de volver a ella. Se dice que un caballo, cuando es librado de un edificio en llamas, puede tener la absurda obstinación de volver a él para quemarse. Debido a una obstinación parecida, algunos cristianos conservadores están regresando otra vez a la esclavitud espiritual. Se están celebrando, con demasiada insistencia «semana santa,» «viernes santo,» «Pentecostés,» «navidad» y etc. La verdad es que no sabemos cuando nos vamos a poner bien del todo.

Con el fin de que me entiendan bien, y no me juzguen mal, quiero explicar las implicaciones prácticas de la doctrina que estoy enseñando, es decir, la cualidad sacramental de la vida diaria. Sin dejar de lado su significación positiva, quiero señalar algunas cosas que ella no es.

Por ejemplo, no quiero decir que todo lo que hacemos es de igual importancia. Un hecho en la vida de un buen hombre puede diferir de otro hecho en la vida de ese hombre. Cuando Pablo cosía lonas, hacía un acto agradable a Dios y aceptado por él, pero era bien diferente de cuando escribía la carta a los Romanos. Pero ambas tareas fueron aceptadas por Dios como actos de adoración por sí mismas. Por cierto que es más importante guiar un alma a Cristo que cultivar un jardín, pero cultivar un jardín puede ser un acto tan santo como ganar un alma.

Tampoco quiero decir que un hombre es tan útil como otro. El conserje analfabeto de una iglesia no es de comparar con Billy Graham, pero ambos están haciendo un trabajo que Dios acepta con placer.

El «laico» no debe pensar que su humilde tarea es inferior al ministerio del pastor. Que cada hombre se quede en la vocación en que fue llamado, y haga su trabajo como el más puro acto de adoración a Dios. No es lo que un hombre hace lo que determina si su trabajo es sagrado o secular, sino el por qué lo hace. El motivo es todo. Dejen a un hombre que santifique al Señor Dios en su corazón, y despreocúpense de lo que hace, ya no podrá hacer ningún trabajo común.

Todo lo que él haga será aceptable a Dios por medio del Señor Jesucristo. Para ese hombre la vida misma será un sacramento, y el mundo entero un santuario. Toda su vida será un ministerio sacerdotal. No importa cuan simples sean las tareas que desempeñe, siempre oirá a los serafines cantando, «Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria!”.

«Señor, yo confiaré en Ti completamente, y seré completamente tuyo. Te exaltaré a Tí por encima de todo. Quiero sentir que, aparte de Ti, no poseo nada. Quiero sentir que me encuentro continuamente bajo la sombra de tu presencia, y que escucho tu voz y que Tú eres el que me habla. Deseo vivir tranquilo, seguro de la sinceridad de mi corazón. Quiero vivir tan lleno del Espíritu, que todos mis pensamientos sean como incienso de olor suave para Ti, y que cada acto de mi vida sea un acto de adoración. Por eso oro con las palabras Det. Gran siervo de la antigüedad. Te ruego que purifiques mi corazón con el don inefable de tu gracia, que pueda amarte y ensalzarte como Tu eres digno. Tengo la seguridad de que me concederás todo esto, porque te lo pido por los méritos de tu Hijo Jesucristo. Amén».

Extracto del libro “La Búsqueda de Dios”

Por A. W. Tozer

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