Clásicos Cristianos – En Cristo, Toda Diferencia Cultural Fue Abolida.

 

En Colosenses 3:10-11 se nos habla de dos clases de pueblos: los bárbaros y los escitas. Estas dos designaciones han representado un problema para los estudiosos de la Biblia. En nuestro idioma, un bárbaro es una persona salvaje y primitiva. Pero, ¿qué es un escita? Esta palabra procede de la palabra griega Zema, la cual posteriormente se convirtió en Zecota, y luego en Zecotia y Zecotian.

Según el señor Wescott, Zecotia designaba una región. En la literatura griega antigua, con frecuencia se menciona a los gálatas y zecotas juntos. Por tanto, los zecotas eran un pueblo bastante digno. Al igual que sucede con el nombre de muchas ciudades, el nombre zecota trae a la mente cierta imagen en cuanto es mencionado. Si consultamos textos de literatura griega, podríamos deducir que los escitas eran un pueblo que inspiraba respeto, mientras que los bárbaros eran despreciados. Esto tiene que ver con la cultura.

En el mundo, la cultura genera grandes diferencias entre las personas. Si uno pone un típico caballero inglés a lado de un aborigen africano, la diferencia de culturas será muy evidente. Sin embargo, Pablo nos dice que los bárbaros y los escitas deben abolir por igual toda distinción entre ellos.

Tales diferencias culturales son una barrera para mucha gente. Para una persona de cultura refinada, le resulta difícil relacionarse de igual a igual con uno que, aparentemente, no posee una cultura tan refinada. Lo que los separa no es la clase social, la capacidad intelectual, ni la posición financiera sino la cultura.

Desde el punto de vista de un escita, todo lo que tenga que ver con un bárbaro está mal. Según ellos, la manera en que se viste, come y vive un bárbaro es inaceptable. En cambio, desde la perspectiva de un bárbaro, un escita es excesivamente hedonista. Según ellos, un escita es demasiado exigente con respecto a su comida y su vestimenta. Estas dos personas tienen perspectivas totalmente diferentes. Si ambos se integran a la iglesia, cada uno de ellos manifestará sus propias opiniones y considerará que las opiniones de los demás son erróneas. Si ellos se juntan, el conflicto es evidente. Ellos jamás podrán ser uno.

Los chinos comen con palillos, mientras que los de la India comen con las manos. Si los sentamos en la misma mesa para que coman juntos, ambos se sentirán muy incómodos. Quizás no digan nada al principio, pero si comen juntos dos días seguidos, no serán capaces de soportarse el uno al otro y comenzarán a discutir entre ellos. Uno quizás piense que se debe usar palillos porque es de muy mal gusto comer con las manos; mientras que al otro tal vez le parezca que comer con palillos es meramente una exhibición y que sólo cuando uno come con las manos podrá disfrutar verdaderamente lo que está comiendo. Así pues, uno dirá que el otro está equivocado y viceversa. Esto representa una diferencia de culturas.

Tales diferencias culturales constituyen una verdadera barrera. Pero, incluso estas diferencias han sido abolidas en Cristo. Aquellos que están en Cristo debieran ser las personas más flexibles. Ellos pueden tolerar toda clase de diferencias entre los hombres. Un hombre en Cristo no establece un estándar y exige que todos los demás tengan que alcanzar ese estándar. Un hombre en Cristo no respeta únicamente a quienes asuman tal estándar ni menosprecia a los que no lo hacen. No es así como se comporta una persona que está en Cristo. Esta clase de comportamiento no corresponde ni a la iglesia ni al nuevo hombre.

Supongan que algunos hermanos nos visitan procedentes de India o África. Sus culturas, difieren de las nuestras. Pero nosotros debiéramos plantearnos una sola pregunta: ¿Están ellos en el Señor o no? Y ellos también sólo debieran preguntarse: ¿Están en el Señor o no? Si estamos en Cristo, todo problema quedará resuelto de inmediato. Si nos relacionamos en Cristo y nos amamos los unos a los otros en Cristo, no hay nada que no se pueda tolerar. No debiéramos permitir que nada se interponga entre los hijos de Dios, nada que haga surgir diferencias entre los hermanos y hermanas en Cristo.

Jamás debiéramos traer tales problemas a la iglesia. Todas las diferencias culturales han sido abolidas en la iglesia.

Sin embargo, todavía tenemos que aprender a “vivir como romanos entre romanos” y estar bajo la ley entre aquellos que están bajo la ley. En cualquier clase de cultura que estemos, debemos actuar como los demás. Si no hacemos esto, haremos tropezar a los demás, y ellos no podrán ser ganados para Cristo. Si los hijos de Dios tienen un buen comienzo con respecto a este asunto, podrán evitar muchos problemas en el futuro.

Extracto del libro “Mensajes Para Edificar a los Creyentes Nuevos”

Por Watchman Nee

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