Devocionales Cristianos – Los Gobernantes se Convierten en Gobernados

 

Pasaje clave: Hebreos 2:11-13.

Cuando Adán y Eva desobedecieron a Dios, no perdieron el cielo, sino que entregaron su reino sobre la Tierra. Al escuchar a Satanás, cometieron un acto de alta traición y se sometieron a su autoridad de gobierno. Cuando abdicaron su trono de dominio, sujetaron a todos los hombres de las sucesivas generaciones a la esclavitud del enemigo. Los que deberían haber estado en control eran ahora controlados por un capataz maligno. Los gobernantes se convirtieron en gobernados; los vencedores, en víctimas; y los reyes, en súbditos.

Jesús refirió la parábola del hijo pródigo para explicamos lo que pasó y para revelamos la actitud del Padre hacia nosotros. Dios está listo para darnos la bienvenida al hogar, con los brazos abiertos para restaurar completamente nuestro estado pleno como hijos e hijas. Nuestro problema es que a menudo aceptamos solo el acuerdo que el hijo prodigo quería: ser un siervo más en la casa del padre.

Queremos ser siervos del Señor, y aunque esto es ciertamente lo que somos como creyentes, hay mucho más en nuestra relación que eso. Si nos conformamos con ser solamente sus sirvientes, nos perderemos mucho del gozo de conocer a Cristo y los aspectos más profundos y plenos de la vida del Reino. Demasiados hijos de Dios solo saben lo que es ser “un obrero en la mies», pero no saben lo que significa ser “un hijo en la casa».

Jesús dijo: “Ya no los llamo siervos, porque el siervo no está al tanto de lo que hace su amo; los he llamado amigos, porque todo lo que a mi Padre le oí decir se lo lie dado a conocer a ustedes” (Juan 15:15). Jesucristo es nuestro Salvador por circunstancia, pero es nuestro Hermano mayor por genealogía natural/espiritual.

Hebreos 2:11 dice: “Tanto el que santifica como los que son santificados tienen un mismo origen, por lo cual Jesús no se avergüenza de llamarlos hermanos”. Muy a menudo, sin embargo, tendemos a relacionarnos con Él como Salvador más que como Hermano mayor.

Muchas personas en el mundo actual, incluidos muchos creyentes, están en serios problemas como el hijo pródigo, cuya mentalidad estaba dañada por el tiempo trascurrido en el chiquero. Al igual que él, ellos provienen de un trasfondo que les hace difícil creer que alguna vez podrán ser hijos otra vez. Esta es la gloriosa verdad de Dios: toda la gente en la Tierra, sin importar quienes sean, ni donde vivan ni que hayan hecho, son potenciales hijos de Dios y ciudadanos del Reino.

Los hijos perdidos siguen siendo hijos. Esa es la razón por la que el evangelio del Reino son tan buenas nuevas: es un mensaje enviado de Papá a todos sus hijos, diciéndoles que ellos pueden regresar a casa en el Reino y una vez más ser hijos e hijas en todo su derecho.

Luego del retomo del hijo, el padre de la parábola de Jesús primero pidió un anillo para colocarlo en la mano de su hijo. El anillo era símbolo de la condición de hijo y de su autoridad en la familia. Una vez que el joven recibiera el anillo, eso significaría que todo lo que había en la casa de su padre era suyo también.

Cristo vino a la Tierra, murió en la cruz y resucitó de los muertos para poner un anillo de hijo en el dedo de todos nosotros y llevarnos de regreso a la comunión con nuestro Padre, para que pudiéramos asumir el lugar que es nuestro por derecho como sus hijos y como ciudadanos de su Reino.

Para muchos de nosotros, tomar ese paso requerirá primeramente un cambio o renovación de la mente, para liberarnos del “pensamiento de chiquero». Considere las palabras del apóstol Pablo a los creyentes de Roma  en Romanos 12:1-2.

Extracto del libro “Redescubriendo el Reino”

Por Myles Munroe

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