La Doctrina de la Creación – La Creación y la Evolución 5

 

Continuemos.

b. En las discusiones evolucionistas presentes, popularmente se piensa que la «supervivencia del más apto» (o «selección natural») quiere decir que los animales cuyas características diferentes les dieron una ventaja colectiva sobrevivirán, y otros morirán. Pero en la práctica se puede aducir que casi cualquier característica es una ventaja o una desventaja. Así que, ¿cómo saben los darwinistas qué carac­terísticas les han dado a ciertos animales una ventaja para la supervivencia?

Obser­vando qué clases sobreviven. Pero esto quiere decir que la selección natural a menudo en el fondo no es un nuevo concepto extraordinario de lo que sucede en la naturaleza, sino simplemente una tautología (una repetición sin sentido de la misma idea), puesto que todo se reduce a decir que los animales «más aptos» son los que tienen más descendencia. En este sentido, la selección natural quiere decir que los animales que tienen el mayor número de descendientes tienen el mayor número de descendientes. Pero esto no prueba nada en cuanto a las supuestas mutaciones para producir descendencia diferente, más apta, en el curso de muchas generaciones.

 

c. Las vastas y complejas mutaciones requeridas para producir organismos complejos como el ojo o el ala de un ave (o cientos de otros órganos) no podían ha­ber ocurrido en mutaciones diminutas acumuladas a lo largo de miles de genera­ciones, porque las partes individuales del órgano son inútiles (y no tienen ninguna «ventaja») a menos que el órgano entero esté funcionando. Pero la probabilidad matemática de que tales mutaciones al azar tengan lugar a la vez en una generación es efectivamente cero. Los darwinistas quedan diciendo que debe haber suce­dido porque sucedió.

Un divertido ejemplo de la necesidad de que todas las partes de un sistema or­gánico complejo sean puestas en su lugar a la vez lo destacan Robert Kofahly Kelly Segraves en su libro The Creation Explanation: A Scientific Altemative to Evolution. Ellos describen al «abejorro bombardero», que repele a sus enemigos con una car­ga candente de sustancias químicas que dispara por dos tubos rotativos en su cola. Las sustancias químicas que dispara este abejorro explotan espontáneamente al mezclarse en un laboratorio, pero evidentemente el abejorro tiene una sustancia inhibidora que bloquea la reacción explosiva hasta que el abejorro dispara un cho­rro de líquido en sus «cámaras de combustión», en donde añade una enzima para catalizar la reacción. Tiene lugar una explosión y dispara el repelente químico a una temperatura de 100°C contra los enemigos del abejorro. Kofahl y Segraves con razón preguntan sí alguna explicación evolutiva puede dar razón de este asombroso mecanismo:

Note que una explicación evolucionista racional del desarrollo de esta criatura debe asignar algún tipo de ventaja adaptadora a cada una de los millones de hipotéticas etapas intermedias en el proceso de construcción. Pero ¿habrían conferido las eta­pas de un cuarto, una mitad o dos tercios de terminación, por ejemplo, alguna ven­taja? Después de todo, un rifle es inútil si no están funcionando todas sus partes….

Antes de que este mecanismo de defensa pudiera brindar alguna protección al abe­jorro, todas sus partes, junto con la propia mezcla explosiva de sustancias químicas, además de la conducta instintiva requerida para su uso, tendrían que haberse en­samblado en el insecto. Un conjunto de órganos parcialmente desarrollados habría sido inútil. Por consiguiente, de acuerdo a los principios de la teoría evolucionista, no habría presión selectiva para hacer que el sistema evolucionara hacia el sistema final completo….

Si una teoría no logra explicar los datos en alguna ciencia, esa teo­ría tendría que ser revisada o remplazada con una teoría que esté de acuerdo con los datos. En este caso, por supuesto, la pregunta divertida es: ¿Qué hubiera sucedido si la mezcla química explosiva se hubiera desarrollado en el abejorro sin el inhibidor químico?

 

d. El historial fósil fue el problema más grande de Darwin en 1859, y se ha con­vertido en un problema aun mayor desde entonces. En tiempos de Darwin había disponibles cientos de fósiles que hablaban de la existencia de muchas clases distin­tas de animales y plantas en el pasado distante. Pero Darwin no pudo hallar ningún fósil de «tipos intermedios» para llenar las brechas entre las distintas clases de ani­males; fósiles que muestren algunas características de un animal y unas cuantas ca­racterísticas del siguiente tipo en desarrollo, por ejemplo. De hecho, muchos fósiles antiguos son similares exactamente a los animales del día presente, lo que muestra que (de acuerdo a las presuposiciones cronológicas de su teoría) numero­sos animales han persistido por millones de años esencialmente sin cambio.

Dar­win se dio cuenta de que la ausencia de «tipos de transición» en el historial fósil debilitaba su teoría, pero pensaba que se debía a que no se habían descubierto sufi­cientes fósiles, y tenía la confianza de que descubrimientos ulteriores desenterra­rían muchos tipos de animales en transición. Sin embargo, los 130 años subsiguientes de intensa actividad arqueológica todavía no ha logrado producir ni un solo ejemplo convincente de un tipo de transición necesario.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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