La Doctrina de la Creación – La Creación y la Evolución 6

 

Continuemos.

Johnson cita al notorio evolucionista Stephen Jay Gould de Harvard cuando dice que hay dos características del historial fósil que son incongruentes con la idea de cambio gradual a través de generaciones:

  • Estasis. La mayoría de las especies no exhiben ningún cambio direccional durante su existencia en la tierra. Aparecen en el historial fósil con casi la misma apariencia como cuando desaparecieron; el cambio morfológico por lo general es limitado y sin dirección.
  • Aparición súbita. En cualquier región una especie no surge gradualmente mediante la transformación continua de sus antepasados; aparece toda a la vez y «plenamente formada».

Tan difícil es este problema para la evolución darwiniana que muchos científi­cos evolucionistas hoy proponen que la evolución se produjo en saltos súbitos a nuevas formas de vida; de modo que cada una de las 32 órdenes conoci­das de mamíferos, por ejemplo, aparecieron muy súbitamente en la historia de Europa.

Pero ¿cómo pudieron tener lugar al mismo tiempo cientos o miles de cambios genéticos? No se ha dado ninguna explicación aparte de decir que debe haber suce­dido, porque sucedió. (Un vistazo a las líneas punteadas en cualquier texto presen­te de biología, que muestran las supuestas transiciones de una clase de animal a otra, indican la naturaleza de las brechas todavía sin llenarse después de ciento treinta años de investigación). La importancia de este problema queda demostrado contundentemente en un libro de un escritor que no es cristiano, Michael Dentón, (Evolución: Una teoría en crisis).

Dentón mis­mo no propone ninguna explicación alterna para el surgimiento de la vida en su forma presente sobre la tierra, pero nota que desde el tiempo de Darwin de los dos axiomas fundamentales de la teoría macroevolucionista de Darwin —el concepto de la continuidad de la naturaleza, la idea de un continuo funcional de to­das las formas de vida que liga todas las especies y que en última instancia se remon­ta a una célula primitiva, y la creencia de que todo el diseño de adaptación de la vida ha resultado de un proceso ciego al azar— ninguno ha sido validado ni siquiera por un solo descubrimiento empírico o avance científico desde 1859.

Las estructuras moleculares de los organismos vivos en efecto muestran re­laciones, pero los darwinistas simplemente dan por sentado que las relaciones im­plican antepasados comunes, afirmación que por cierto no ha sido demostrada. Es más, hay asombrosas diferencias moleculares entre las cosas vivas, y no se ha dado ninguna explicación satisfactoria de los orígenes de esas diferencias. Claro, a menudo se ha usado la similitud de diseño en un nivel (incluyendo ni­veles por encima del nivel molecular) como argumento a favor de la evolución. La presuposición de los evolucionistas es que la similitud de diseño entre dos especies implica que la especie «más baja» evolucionó a una especie «más alta», pero nunca se ha dado ninguna prueba de tal presuposición.

Gleason Archer ilustra esto bien al suponer que uno visita un museo de ciencia e industria y halla una exhibición de cómo los seres humanos evolucionaron de criaturas simiescas anteriores a seres progresivamente más parecidos a humanos, y finalmente al hombre moderno. Pero con razón nota que una continuidad de diseño básico no provee evidencia por ningún lado de que una especie «más baja» progresó a la siguiente especie «más alta» por alguna suerte de di­námica interna, como lo exige la evolución. Porque si el visitante del museo fuera a alguna otra parte de ese museo de ciencia e industria, hallaría una serie completa­mente análoga de automóviles, comenzando desde 1900 y extendiéndose hasta la década presente. Etapa por etapa, fase por fase, podría trazar el desarrollo de Ford desde su primer prototipo Modelo T, al enorme y lujoso LTD de la década de 1970.

Por supuesto, una explicación mucho mejor para las similitudes en los varios mo­delos de automóviles Ford es el hecho de que un diseñador inteligente (o un grupo de diseñadores) usaron estructuras similares en automóviles sucesivamente más complejos; si un mecanismo de dirección funciona bien en un modelo, no hay ne­cesidad de inventar una clase diferente de mecanismo de dirección para otro modelo. De la misma manera, similitudes en diseño entre todas las cosas vivas se pueden igualmente tomar como evidencia de la obra de un artesano maestro inte­ligente, el Creador mismo.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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