principios-biblicosEvangelismo – Principios Bíblicos Para Cambiar el Clima Espiritual de Su Ciudad 5

 

Continuemos.

Confío en que Ud. pueda ver que Jesús operaba en un clima muy hostil controlado por el mismo diablo. Pero lo peor estaba por venir: sus discípulos también se unieron a la oposición.

 

Los Discípulos Sabotean la Misión de Jesús.

Finalmente, los propios discípulos de Jesús se volvieron contra Él, aunque quizás involuntariamente. Primero, los Doce expresaron poco gozo por la multitud que Jesús tanto amaba, diciendo, “Despide a la gente” (Lucas 9:12). Luego Jesús prohibió a los Doce predicar, aparentemente porque ellos no estaban dispuestos a negarse a sí mismos y seguir a Jesús humildemente (Lucas 9:21-26), y Pedro fue reprendido por haber hablado por boca de Satanás mismo (Mt.16:23).

Poco después, en la escena de la Transfiguración, Pedro, Santiago y Juan fueron reprendidos por Dios el Padre por su egoísmo (Lucas 9:32-36). Mientras tanto, los otros nueve discípulos fueron vencidos por un solo demonio en otra ciudad (vs.40). Luego de esta serie de episodios desalentadores, los discípulos empezaron a discutir sobre quién de ellos era el mayor (vs.46).

Finalmente, luego de que Jesús castigó a sus discípulos por impedir que alguien hiciera lo que aparentemente era incapaz de hacer, esto es, echar fuera demonios (Lc.9:50), Santiago y Juan ofrecieron enviar fuego del cielo para que consuma a los Samaritanos que los habían rechazado (ver vs.54). Entonces Jesús dijo algo muy severo “Vosotros no sabéis de qué espíritu sois” (vs.55). En otras palabras, los discípulos estaban bajo el control de Satanás en vez de Dios.

Los versos que cierran este triste capítulo muestran que Jesús no puede reclutar discípulos nuevos, comprometidos (Lucas 9:57-­62). No hay duda de que el clima espiritual era absolutamente hostil. Jesús, como la Iglesia de hoy, había ganado todas las batallas; pero estaba en peligro de perder la guerra. Por eso quizás, Jesús expresó su frustración con los discípulos, llamándolos “generación incrédula” (vs.42). Obviamente, el clima no pudo haber sido peor si esto fue lo mejor que él pudo decir de sus discípulos. Entonces sucedió algo que cambió las cosas a favor de Jesús en Lucas 10. Sin embargo, veamos primero qué acontecimientos llevaron a que mejore el clima, y volveremos a Lucas 10 más tarde.

 

Clima Favorable.

“Señor, enséñanos a orar” (Lucas 11:1). Jesús había exhortado a Sus discípulos repetidamente para que escuchen y aprendan. El hecho de que estos mismos hombres “sordos” vinieran a pedir ser enseñados, indica un cambio definitivamente bueno, pero la verdadera ausencia de actividad demoníaca en los últimos 14 capítu­los prueban que los vientos espirituales han cambiado y que el nuevo clima ya no puede contener actividad demoníaca.

En los primeros nueve capítulos de Lucas, vemos demonios muy agresivos levantándose en todo lugar y en grandes cantidades. Sin embargo, en los últimos 14 capítulos, solo dos demonios fueron mencionados, y ninguno de ellos es del tipo agresivo. Uno es un demonio mudo que salió sin siquiera pedírselo (Lucas 11:14). El otro es un demonio que había atormentado a una mujer por 18 años, pero Jesús la sanó sin siquiera dirigirse al demonio (Lucas 13:12).

 

Multitudes Comienzan a Aumentar hasta que Todos Llegan.

“La gente se maravilló. Y apiñándose las multitudes” (Lucas 11:14, 29). A diferencia de las veces en que los amigos, vecinos y extran­jeros se volvieron contra Él, las multitudes en cambio seguían a Jesús tanto que Él dijo, “y todos se esfuerzan por entrar en él Reino de Dios” (Lucas 16:16). Esto es el 100%.

En vez de esperar a que los líderes religiosos intentaran atraparlo con sus preguntas capciosas, Jesús tomó la iniciativa y expuso a los líderes religiosos como engañadores (Lucas 11:35-52; 12:1; 13:17). Sus enemigos, tan seguros de sí mismos antes, de pronto se dieron cuenta de que no tenían poder para hacerle daño como habían planeado cuando el clima estaba a favor de ellos. Ahora deseaban que Herodes hiciera algo para resolverles su problema. Pero Jesús los desafió públicamente a ellos y a Herodes: “Id y decid a aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana y al tercer día termino mi obra” (Lucas 13:32).

Jesús les estaba diciendo a los Fariseos: “No hay nada que vosotros o Herodes me puedan hacer a mí. Yo voy a cumplir mi misión”.

Más adelante, en Jericó, un hombre ciego y pobre fue sano, y una ciudad entera fue ganada. Jesús le dijo: “Recíbela (vista), tu fe te ha salvado. Y luego vio, y le seguía, glorificando a Dios; y todo el pueblo, cuando vio aquello, dio alabanza a Dios” (Lucas 18:42-43).

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Mi Ciudad, Ciudad de Dios”

Por Edgardo Silvoso

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