la-guerra-espiritual-desde-un-enfoque-correctoGuerra Espiritual – La Guerra Espiritual Desde un Enfoque Correcto 6

 

Continuemos.

Démonos cuenta que es sumamente claro que aquí no está hablando del ejército de Dios en la tierra, sino de personas que ni siquiera son cristianas. Y la gran mayoría conocemos este tipo de personas engreídas, que se sienten dioses y que se burlan del diablo y de sus huestes; ateos sin ningún temor de Dios.

La pregunta es: ¿Tiene el cristiano nacido de nuevo autoridad para reprender al diablo? Yo creo que el único que puede someter a juicio a Satanás es Dios, en Sus tres personas. Pero Él también es soberano para delegar, y más aún porque nos hemos hecho un sólo espíritu con el Espíritu del Señor (Hebreos 10.13). Creo también que es parte de la misión del Espíritu Santo en la tierra usar a la Iglesia para recordarle al diablo que ya ha sido juzgado y vencido. Esto es lo que significa reprender.

“Y cuando Él venga (el Consolador), convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí, de justicia, porque yo voy al Padre y no me veréis más y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ya ha sido juzgado”. Luego, no es la Iglesia la que independientemente toma acción de enjuiciar al diablo, sino el Espíritu Santo en el creyente, el que le recuerda a Satanás lo que Dios ya hizo. No es un asunto de pegarle de gritos a Satanás, sino de darle el derecho legal a Jesús, por medio de nuestra oración, de someter al diablo bajo juicio divino. El creyente que verídicamente ha unido su vida a Jesús, es Su cuerpo, y ha sido hecho mayor que los ángeles (Hebreos 1.3-4).

Y de los ángeles dice, dando a entender que los creyentes somos verídicamente coherederos con Cristo, no aparte de Cristo. “¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?” Así que si Miguel, ciertamente, no se atrevió a proferir juicio de maldi­ción contra el diablo, era: primero, porque Satanás no había sido juzgado por la muerte de Jesús, y segundo, porque ninguno de los ángeles es coheredero con Jesús ni parte de Su propio cuerpo, y tercero, porque Jesús jamás les dio la autoridad total sobre el adver­sario como se la dio a la Iglesia.

 

B. El motivo de la guerra es la compasión de Jesús.

La guerra espiritual no es un asunto de moda, o un mover del Espíritu que es opcional si entramos en él o no. Dios nos ha llamado a todos como soldados, en diferentes niveles, por supuesto. Somos Su ejército en la tierra con el cual Él cuenta para deshacer las obras del diablo y establecer Su reino.

Por otro lado, la guerra ya está declarada, y el diablo anda como león rugiente buscando a quién devorar. Él está matando, robando y destruyendo a diestra y a siniestra, y sus ejércitos están desplegados, llevando a las naciones a la era más oscura, violenta e infernal de la historia. Esto está produciendo un terrible dolor en el corazón de Dios. El llamado a la guerra tiene que ver con la esencia del Evangelio, que es el profundo amor de Dios, por el cual El dio lo más preciado que tenía, Su Hijo, para rescatar al hombre de las garras destructoras del diablo.

Dios me rescató de tormentos terribles. Satanás tenía su yugo sobre mí y me oprimía de día y de noche. Vivía sumergida en el dolor más horrendo, sin esperanza, sin saber que existía una salida, simple­mente aceptando mi destino en profundo sufrimiento. Recuerdo años en los que lloré los 365 días. Las tinieblas, el miedo, el acoso constante de inesperadas injusticias y desgracias hunden el alma en pozos de extenuante aflicción. Dice la Palabra: “¡Mira al pacto, porque los lugares tenebrosos de la tierra están llenos de habitaciones de violencia!” (Salmos 74.20).

El diablo, no solo está alrededor de brujos y hechiceros, sino que está llenando la tierra de agresión y violencia. Homicidios, mujeres muertas a golpes por maridos borrachos, niños asesinados en las escuelas, jovencitas violadas por sus propios padres, jóvenes muertos de sobredosis, hordas de gente arrastrada por la idolatría, viviendo en niveles de pobreza infra­humanos, o víctimas de enfermedades fulminantes, esperando que un ídolo de madera les responda.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Guerra de Alto Nivel”

Por Ana Mendez Ferrel

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