LAS PERSONAS CON UN GENUINO CORAZÓN DE SERVICIO NO TIENEN DIFICULTAD PARA TRABAJAR EN EQUIPO.

En Mateo 20.25 Jesús enseña a sus discípulos sobre ser siervos. Toda la instrucción comienza cuando dos de ellos le piden visibilidad y autoridad. De hecho, estos dos tremendos discípulos le habían pedido a su mamá que abogara por ellos ante Jesús.

¡Insólito! Sin embargo, lo hizo la señora de Zebedeo. Cualquier madre lo hubiera hecho, quizá. Con todas las conversaciones que Jesús estaba teniendo con sus discípulos acerca del Reino de los cielos y en que hablaba de un Padre Celestial, de tronos y reyes de esta tierra, los discípulos habían deducido que este Mesías, en quien creían con todo su corazón, iba a ascender a algún trono y ejercer muchísimo poder. Entonces, ¿por qué no tener aseguradas algunas plazas de importancia cuando esto se realizara? Con ese fin, los hijos de Zebedeo le piden a la mamá que interceda, o ella se ofrece (no estamos seguros de cuáles fueron las circunstancias; el caso es que el orden de las cosas no altera el producto). La mamá se acercó a Jesús a pedir influencia y autoridad para sus dos hijos. De hecho, el vocabulario que utiliza es interesante: «Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda» (Mateo 20.21).

¡«Ordena», le dice a Jesús! La señora de Zebedeo dándole órdenes para que dé órdenes. A Jesús, el Mesías y Redentor de la humanidad, le está dando órdenes esta señora. ¿Quién es esta mujer? ¡Cuántas agallas! Con razón a los hijos de Zebedeo también les llamaban «los hijos del trueno». Qué ejemplo habían tenido en esta madre. El caso es que la petición de esta mujer crea un tremendo problema entre los demás discípulos porque todos ellos también pensaron, seguramente, que cada uno de ellos merecía esos puestos. De hecho, el relato cuenta que se enojaron contra los dos hermanos, hijos de Zebedeo. Han de haber pensado: ¿quiénes se creen estos dos como para pedir lugares de autoridad? Esa es la naturaleza humana: siempre deseando y pidiendo visibilidad. Buscando los mejores puestos. ¿Cómo nunca nadie se discute los puestos de servicio? ¿Cómo no vemos a las personas peleándose para ver quién puede servir a los demás? No. Casi siempre son pleitos teniendo que ver con posición, autoridad, visibilidad, prestigio y renombre.

Jesús se entera del pleito que hay entre los discípulos y se aprovecha de la ocasión para darles una enseñanza. Esta comienza en Mateo 20.25: «Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad». Lo sabían porque era el modelo que conocían y bajo el cual operaba la sociedad en la que vivían. Sigue siendo el modelo bajo el cual opera la sociedad en la que vivimos usted y yo miles de años después. Precisamente por ello es que los discípulos se encuentran en esta discusión. Pueden ver el potencial de ser uno de los «gobernantes» o al menos uno de los «grandes» en el Reino de Jesús, este reino terrenal que se imaginaron que Él establecería. Ya estaban imaginándose la gloria, las riquezas, el reconocimiento y la atención pública que recibirían. Se les hacía agua la boca. Cuando de pronto Jesús cambió las reglas del juego por completo e introdujo un concepto tan radical que hasta el día de hoy batallamos por entender del todo cómo llevar a cabo este reino de Jesús. Dijo: «Mas entre ustedes, no será así». Seis palabras pequeñas que cambiarían el rumbo del liderazgo cristiano para toda la eternidad. Seis palabras que individualmente no tienen ningún peso ni importancia, pero que juntas y conformadas en esa precisa configuración, cambian todo. Literalmente, todo. Seis palabras que por algún motivo, millones de pastores y líderes cristianos nunca han leído o si las han leído, no les han tomado la importancia que merecen porque al proferirlas, Jesús nos está dando completamente una nueva serie de instrucciones, totalmente opuesta a lo que es el sistema de este mundo.

En efecto, Jesús está diciendo que no usemos el sistema de este mundo como nuestro modelo de liderazgo, sino que usemos el que Él implementaría ahora en las próximas dos o tres frases que habla a continuación. En otras palabras: «No hagan las cosas como siempre las han visto, háganlas así…». Nueva serie de reglas. Cambio de juego. Nueva mentalidad. Seis palabras que cambiarían el panorama del liderazgo cristiano para siempre.

Casi podemos sentir la mirada de Jesús sobre los hijos de Zebedeo cuando pregunta: «¿Quieren ser grandes?

¡Sirvan!». Qué incomodidad han de haber sentido. Ojalá la mamá hubiera rondado aún por ahí para darse cuenta de la metida de pata que había cometido.

Los demás discípulos que habían discutido con los hijos de Zebedeo, peleándose por los puestos, seguramente solo miraban el piso en silencio, apenados por haber entrado en tal discusión tan absurda. Jesús, con su compasión y amor incondicional, sigue instruyendo. Dice: «¿Quieren ser los primeros? ¡Sirvan!». A estas alturas, seguramente nadie dice nada. No hay nada más que decir. Pero no se me escapa de la imaginación que uno que otro de los discípulos, al oír estas palabras, se haya dado cuenta de que algo revolucionario estaba sucediendo en estas enseñanzas. Casi puedo ver las luces prenderse sobre sus cabezas al entender que Jesús estaba dándoles una de las herramientas secretas más poderosas que un líder puede tener. Estos hombres eran brillantes y habían sido personalmente escogidos por Jesús porque sabía que cambiarían el rumbo de la historia de la humanidad, por lo que no pudieron haber tardado en entender que con esa breve y poderosa enseñanza, su liderazgo cambiaría para siempre. Nunca serían igual. Nunca podrían ver la visibilidad, la autoridad y el reconocimiento con los mismos ojos.

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