La Doctrina de la Sangre – El Sacrificio de Cristo Como Propiciación 3

 

Continuemos.

Un planteamiento accesible a los que no somos teólogos puede encontrarse en las siguientes obras: Packer J.I., “Hacia el conocimiento de Dios”; Murray, J. “Romans” (en inglés); las dos obras citadas de León Morris; varias obras en castellano, de Conner, “Doctrina cristiana”; de Mullins, “La religión cristiana en su expresión doctrinal”, y de Trenchard, “Estu­dios de doctrina bíblica”. Pero la exposición más amplia se encuentra en los libros del Dr. Lloyd-Jones sobre la carta a los Romanos 3 que sólo se encuentran en inglés.

Aunque será bueno que el lector consulte el material citado, trataremos la refutación en sí, desarrollan­do para ello, al menos en parte, la enseñanza bíbli­ca sobre la ira de Dios.

Cabe citar nuevamente a David Vilas, en “Página Abierta”, la re­vista española que, al reprochar varios cambios de palabras que se han hecho en la versión popular, agrega: “Más de lamentar es aún la sustitución de “sangre” por muerte” que se ha hecho en éste y otros pasajes importantes. No nos cabe duda de que el apóstol, obrando por inspiración divina, sabía muy bien cuál era el vocablo que utiliza­ba y la idea que deseaba transmitir a sus lectores cuando escribió, enfáticamente, “por medio de la fe en su sangre”. Aquí sobra la excusa de aclarar el sentido o popularizar el lenguaje. La palabra “sangre” y el concepto de expiación por la sangre de Cristo eran bien claros para el apóstol, como lo fueron para los primeros lectores de su epístola y lo pueden ser a cualquier hombre de la calle de nuestros días…”

“El uso del término “alma” es común a todos los manuscritos. ¿A qué se debe la sustitución por “muerte” en la Versión Popular? ¿A hacer la traducción más comprensible? ¿A adaptar el vocabulario al hombre de hoy? ¿Acaso la palabra “sangre” resulta anticuada o en desuso? La sustitución es muy peligrosa, pues fácilmente permite ajustar la doctrina del Apóstol a ciertos conceptos de la teología de hoy que consideran la doctrina de la expiación por la sangre de Cristo como algo inaceptable y fuera de lugar, y esto es lo más lamenta­ble”.

 

D. Para refutar esos errores, debemos analizar entonces qué cosa es la ira de Dios, y debemos tratar de explicar qué cosa no es la ira de Dios. La ira de Dios, según la vemos en las Escrituras, es una cualidad personal, sin la cual Dios dejaría de ser ple­namente justo, y su amor degeneraría hasta transformarse en sentimentalismo. Como dice uno de los grandes autores que hemos citado, el Dr. Lloyd-Jones, lo que hay que subrayar es que la ira de Dios es su deliberada oposición a toda maldad, y que esto surge de la propia naturaleza del ser divino.

La ira de Dios no es una pasión imitada, la ira de Dios no es una venganza exagerada; no está manchada, como lo está a veces la ira del hombre. Permítasenos un ejemplo. A veces los padres ven la necesidad de reprender a sus hijos, y más de una vez el castigo excede a la necesidad de la co­rrección; un hombre airado puede llegar a ejecutar un castigó exageradamente severo. Otras veces la ira que se desata en nosotros excede los límites de la defensa y agrede, tal vez, a un inocente, o equivoca la intención ajena y atribuye a otros lo que no existe. En estos casos nuestra, ira está manchada; está manchada por lo que somos, por la debilidad del hombre, por el pecado del hombre. La ira en Dios es una ira que no está manchada; es una reacción natural, transpa­renté, de la santidad de Dios.

 

E. ¿Qué es entonces, la ira de Dios? Es su resistencia contra el pecado. Es su reacción contra el pecado. Es la reacción invariable de su santidad. Notamos todavía más: conforme a Romanos 1:18 esta ira procede del cielo. Es activa. ¿Contra qué? “Contra to­da impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad”.

No se puede jugar con el pecado. Allí donde se manifiesta la impiedad y la injusticia, allí está el hombre su­jeto al furor activo de Dios. Notemos que no necesitamos una teología que pretenda liberar el carácter de Dios de una supuesta mancha de ira. Lo que necesitamos es una enseñanza bíblica equilibrada, que no enfatice exageradamente una de las fases del carácter de Dios. El amor en Dios no está en oposición con su justicia, porque el amor en Dios es santo, es un amor que está en franca oposición al pecado. El amor de Dios no puede ser desligado de los demás atributos del carácter de Dios; es un amor que está en oposición inmortal contra el pecado.

(CONTINÚA…)

Extracto del artículo “La Doctrina Bíblica Sobre la Sangre”

Por Horacio A. Alonso

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