Devocionales Cristianos – El Dilema del Salmista 2

 

Continuemos.

El amor por Dios y por su Palabra con todo nuestro corazón es algo directa y diametralmente opuesto a nuestra naturaleza pecaminosa. Jeremías lo expresó de la mejor manera en Jeremías 17:9.

No necesito preguntarle si ha experimentado la frustración de saber lo que la Biblia dice que debe hacer, pero descubrir que lo que hace es exactamente lo opuesto. ¡No hay duda que lo ha experimentado! Todos comprendemos la tarea expresada en el versículo 4: sus mandamientos han de ser muy guardados. Pero, está claro que nuestros caminos no están ordenados para guardar sus estatutos.

Aun el apóstol Pablo experimentó este dilema en Ro.7:14-24. ¿No le gustaría ser libertado de esta esclavitud, de esta frustración?

Es fácil hablar de las bendiciones de la salvación cuando se está dentro de los confines de un emocionante servicio de adoración. ¿Cómo poder transferir eso a la práctica en el diario andar de nuestras vidas? ¿Cómo poder ganar la victoria de modo permanente? Afortunadamente, el resto de esta estrofa nos da la respuesta.

 

3. El Resultado Está Claro.

Si tan solo pudiéramos ordenar nuestros caminos para guardar sus estatutos, podríamos exclamar con el salmista: «Entonces no sería yo avergonzado, cuando atendiese a todos tus mandamientos» (Sal.119:6).

El atender a todos los mandamientos de Dios es la clave para borrar la vergüenza del pecado de nuestras vidas. El resultado de la obediencia y de buscar a Dios con todo el corazón es el ser libertado de la vergüenza.

Usted probablemente recuerda cómo sus padres podían reducirlo a una pila de sentimientos con sólo decirle: «¡No te da vergüenza!» A nadie le gusta sentirse cubierto de vergüenza. Como adultos, hemos desarrollado varias técnicas para enfrentar la vergüenza del pecado. Algunos la desafían con arrogancia rebelde, como un niño rebelde que se niega a reconocer la autoridad de sus padres. Otros buscan escapar de su tiranía a través del alcohol, las drogas, el sexo y otros vicios.

Algunos intentan amaestrarla y humanizarla a través de la ciencia, la filosofía o la sicología. Y otros son conquistados por ella y ceden ante su esclavitud emocional, la cual se manifiesta en los problemas mentales y emocionales, y en última instancia, en el suicidio.

Este salmo proclama que sólo hay una manera efectiva de enfrentar eficaz y eternamente con la vergüenza del pecado: el «atender a todos los mandamientos de Dios». El mandamiento es guardar «todos» sus mandamientos, y no sólo los que nos son fáciles o agradables. La ley de Dios no es un bufete para seleccionar sólo lo que nos gusta. «Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos» (Stg.2:10).

No hay duda en cuanto a que el resultado que nos presenta el Salmo 119:6 es algo que todos deseamos. Es más, ahora comprendemos que Dios desea que guardemos sus mandamientos y que atendamos a sus estatutos.

Sin embargo, al ver que aquí se nos dice que debemos guardar todos sus mandamientos sólo pareciera complicar nuestro dilema.

En este punto, necesitamos recordar las palabras que Jeremías dijo acerca de nuestro perverso corazón. El sacrificio que Cristo ofreció, lo hizo para damos un corazón nuevo que latiera con el corazón de Dios. Al igual que cualquier máquina fina, este nuevo corazón necesita afinarse constantemente con la Palabra de Dios para que funcione adecuadamente y sea bienaventurado.

Es nuestro amor por la Palabra de Dios y nuestra actitud de sumisión a la Biblia lo que mantiene nuestro corazón afinado con el de Dios, lo que nos permite guardar sus estatutos y lo que nos permite atender a todos sus mandamientos. Entonces, y sólo entonces, podemos decir: «No estoy avergonzado».

Este proceso no es fácil, ni ocurre de la noche a la mañana. Entre más aprende a amar la Palabra de Dios, a vivir para la Palabra de Dios, a vivir en la Palabra de Dios y a dejar que la Palabra de Dios more en usted, más experimentará esta victoria práctica en su vida.

Esto es lo que aprendió el salmista, y lo que lo llevó a tomar la decisión que leeremos en los versículos siguientes. Fue una decisión que fijó el curso de su vida. Es una decisión que puede transformar su vida de igual manera.

Extracto del libro “Salmo 119. Una Odisea al Corazón de Dios”

Por Jeff Adams

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