Y éstas son las órdenes que el Señor me ha dado: “Recoja cada uno de ustedes la cantidad que necesite para toda la familia, calculando dos litros por persona”. Entonces Moisés les dijo: —Nadie debe guardar nada para el día siguiente. Hubo algunos que no le hicieron caso a Moisés y guardaron algo para el día siguiente, pero lo guardado se llenó de gusanos y comenzó a apestar. Entonces Moisés se enojó contra ellos. Pero el día sexto recogieron el doble, es decir, cuatro litros por persona, así que los jefes de la comunidad fueron a informar de esto a Moisés. Los israelitas cumplieron las órdenes de Moisés y guardaron para el día siguiente lo que les sobró, ¡y no se pudrió ni se agusanó!

Algunos israelitas salieron a recogerlo el día séptimo, pero no encontraron nada, así que el Señor le dijo a Moisés: «¿Hasta cuándo seguirán desobedeciendo mis leyes y mandamientos?

—Esto es lo que ha ordenado el Señor —dijo Moisés—: “Tomen unos dos litros de maná, y guárdenlos para que las generaciones futuras puedan ver el pan que yo les di a comer en el desierto, cuando los saqué de Egipto. Luego Moisés le dijo a Aarón: —Toma una vasija y pon en ella unos dos litros de maná. Colócala después en la presencia del Señor, a fin de conservarla para las generaciones futuras. Aarón puso el maná ante el arca del pacto, para que fuera conservado como se lo ordenó el Señor a Moisés. (Ex.16:16-34).

Cada día Israel recibía una provisión de Dios, la provisión era diaria y debía ser consumida en el día. No se podía guardar, si se guardaba se echaba a perder. Pero había un día, el sexto,  donde lo que recogías debía ser mayor para usarlo el día apartado para servir a Dios. Ese día lo recogido no se echaba a perder y mantenía a Israel para adorar a Dios.

De lo recibido, hubo una parte, la que corresponde a una persona que adora a Dios, que puesto en la presencia de Dios se conservó para las generaciones futuras. Todos, a diario, recibimos de Dios tiempo, fuerzas, dones, bienes, pensamientos… Dice Santiago: “Todo don perfecto procede de lo alto….”

Hay una parte para este día que no la puedo guardar. Lo recibido es para que lo usemos para vivir, para disfrutar, para ser felices… no puedo dejarlo para después porque lo que Dios destinó para ese día si se retiene se pudre. Por eso nunca debo escatimar esfuerzo, nunca debo retener ayuda, mi patrimonio es diario… ¿Quién sabe si viviré mañana? ¿Y si este fuera mi último día? ¿Dije todas las veces necesarias que amaba a los míos? ¿Fui todo lo santo que debí ser? ¿Pensé todo lo bueno que debí pensar? Nada para mañana… No retengas el don de Dios para un futuro que es incierto. Hay una porción de risas, de afecto, de bien, que debo usar hoy. No puedo permitir que la angustia, los problemas, lo incómodo hagan que no use lo dado, son para hoy.

Pero cada seis días puedo retener… ¿Para qué? Para dedicar 24 horas a honrar a Dios. Lo que recoja de más el día seis, no se echará a perder porque cuando lo que recojo es para honrar a Dios eso se conserva.  Parece que el gusano no está autorizado a tocar lo que se debe usar para honrar a Dios. Pienso en que los israelitas usaban un día entero para Dios, nosotros agarramos ese día y le damos una migaja a Dios (cuando lo damos!!!) usamos como excusa los defectos de otros (el pastor, los hermanos esto y aquello) ponemos en claro que a Dios lo tenemos siempre presente (y hasta nos la creemos) justificamos nuestra actitud aceptando culpa (cuando esto es inútil sino va acompañado con arrepentimiento, es decir cambio de conducta)… ¿será por eso que estamos tan cansados? ¿Será por eso que nuestras horas sólo son llenadas con hastío? ¿Será por eso que mucho de lo que atesoramos se lo come el gusano?

Hay una indicación más que hace que lo dado por Dios no se eche a perder y es que lo dado por Dios lo entregue a Dios para memoria de su poder para las generaciones futuras. Cada ofrenda, cada inversión, cada testimonio que he dado desde aquellos del colectivo hasta este día, cada acción permanecerá inalterable en su presencia para que todos sepan que grande es Dios. Eso es hacerse tesoros en el cielo… (vs.33) “Colócala después en la presencia del Señor, a fin de conservarla para las generaciones futuras”.  Mi objetivo es que cuando muera la gente diga:  “¡¿Quién como el Dios de Daniel?!” Muchos podrán objetar cosas, pero habrá huellas que quedaran marcadas… no debo cesar de poner maná en la presencia de Dios!!!

Hoy, también es un día de hacer una moratoria y ponernos al día con Dios, porque muchos debemos a Dios de lo que nos ha dado para que su nombre sea conocido. Hay quienes deben ofrenda, diezmos, tiempo, congregarse, santidad, oración, devoción, trabajo, excelencia, promesas, etc… Lejos de deprimirse, lo que hoy debe hacerse es hacer y cumplir un plan de pago, para esquivar el gusano y traer gloria al nombre de Dios.

Pero también, muchos le debemos a otros, honra, reconocimiento, gratitud, servicio, ayuda, tiempo, sonrisas… “A nadie debas nada sino amaros el uno a los otros…” (Ro.13:8).

Eres un administrador, se uno fiel de aquello que recibiste. Nadie nos demandará por lo que no tuvimos, sino por aquello que teniéndolo no lo administramos como es debido.

No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón. (Mateo 6:19-21).

Por Daniel Cattaneo

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