¿Cuánto cuesta un aborto?

Sucedió una noche. Una ancianita de salud endeble llegó con la ayuda de un bastón hasta el lugar donde estábamos orando por las personas. La atendimos. Después de una hora seguía inmóvil, de pie. Nos acercamos nuevamente para preguntar qué necesitaba. Cuando llegamos hasta ella, se nos adelantó y, sin preámbulos, dijo: “¿saben m’hijitos? Cuando yo tenía 16 años quedé embarazada, pero no lo quise y, me lo hice sacar. Después nunca pude tener un hijo. Hace 20 años que murió mi esposo; tengo 86 y estoy totalmente sola. Todos los días me levanto y pienso cómo habría sido mi vida si mi hijo, el que aborté, estuviera vivo. Todos los días, sin faltar uno – m’hijitos – me lo pregunto”.

Ella estaba más allá de toda penitencia. Tampoco buscaba absolución. Sólo quedaba la fatalidad como recuerdo de una elección equivocada.

El dolor por un aborto precede y supera, en mucho, al momento mismo de ese acto. Aquella noche, ella nos enseñó que el aborto duele, que es muy caro para los recuerdos.

El aborto puede significar la liberación repentina de un embarazo no deseado; pero también es sinónimo de sufrimiento.

Los especialistas coinciden en que, más allá de toda discusión, el aborto encarna un grave conflicto de valores y de sentimientos. Desde el punto de vista psicológico, todo aborto implica una pérdida y una culpa por elaborar.

Si queremos cambiar el destino fatalista por amaneceres con esperanza, lo único que nos queda es educar en el área de la sexualidad para una vida plena.

¿Sabía que muchas herramientas para la educación sexual son valores cristianos? “El nuevo pacto de exclusividad sexual” es nuestra antigua “fidelidad”; el derecho “a no tener práctica sexual alguna” (contenido en la declaración internacional de los derechos sexuales humanos) es la olvidada “castidad”. Movimientos seculares están levantando la bandera de la fidelidad y la castidad que nosotros deberíamos vivir y enseñar a la sociedad toda.

El presbítero Gregorio Rivero Iturralde dice: “creemos positivamente que es más eficaz persuadir que castigar, educar que reprimir, corregir causas que actuar sobre sus efectos. Por eso será más oportuno invertir en programas de educación sexual y social para que la paternidad sea querida, responsable y esperada. Sólo así se combatirá finalmente el aborto”.

Cómo ayudar frente a una situación de aborto

He aquí algunas pautas para tener en cuenta:

Suele existir de manera habitual un período de depresión post aborto. Cuando la mujer manifiesta euforia o aparente alegría, en realidad maneja un mecanismo de negación. Le llevará más tiempo, incluso años, elaborar esa pérdida.

Todo aborto es, desde el punto de vista psicológico, una pérdida personal y una culpa por elaborar. En la medida en que esa elaboración, es decir el duelo, sea posible, disminuyen las consecuencias negativas del aborto. Si no se supera esta etapa, se puede caer en depresión, angustia e incluso intento de suicidio.

Algunas mujeres son abortadoras recurrentes, es decir, registran varios abortos en su historia. Sistemáticamente no usan ni quieren usar métodos anticonceptivos. Se embarazan para abortar. La mayoría pertenece a personalidades alteradas que no distinguen entre el bien y el mal y no sienten angustia ni culpa y buscan la muerte de manera encubierta. Necesitan atención profesional.

Finalmente es necesario guiar a la persona hacia el amor y el perdón de Dios. Los recuerdos acompañarán a la persona a lo largo de su vida pero, si existe arrepentimiento genuino, Dios quita el dolor del corazón de esa persona. Ese es el milagro de la gracia.

Quiera Dios que la lectura de la siguiente carta, titulada “Querida mamita”, pueda hacer desistir de abortar a más de una mujer.

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