La Doctrina de la Biblia – El Cánon de las Escrituras 6

 

Continuemos.

Los apóstoles, entonces, tienen autoridad para escribir palabras que son pala­bras del mismo Dios, igual en estatus de verdad y autoridad a las palabras de las Escrituras del Antiguo Testamento. Hacen esto para escribir, interpretar y aplicar a la vida de los creyentes las grandes verdades en cuanto a la vida, muerte y resurrección de Cristo.

No debería sorprendernos, por consiguiente, hallar algunos de los escritos del Nuevo Testamento siendo colocados con las Escrituras del Antiguo Testamento como parte del canon de las Escrituras. De hecho, esto es lo que hallamos en por lo menos dos casos.

En 2º Pedro 3:16, Pedro muestra no sólo que está consciente de la existencia de los escritos de Pablo, sino que también está claramente dispuesto a clasificar «todas sus cartas (de Pablo)» con «las demás Escrituras»; Pedro dice: «Tal como les escribió también nuestro querido hermano Pablo, con la sabiduría que Dios le dio. En todas sus cartas se refiere a estos mismos temas. Hay en ellas algu­nos puntos difíciles de entender, que los ignorantes e inconstantes tergiversan, como lo hacen también con las demás Escrituras, para su propia perdición» (2º P.3:15-16).

La palabra que se traduce «Escrituras» aquí es grafé, palabra que ocurre 51 veces en el Nuevo Testamento y en cada una de esas ocasiones se refiere a las Escrituras del Antiguo Testamento. Así que la palabra Escrituras era un término técnico para los autores del Nuevo Testamento, y la aplicaban sólo a los escritos que pensaban que eran palabras de Dios y por consiguiente parte del canon de las Escrituras. Pero en este versículo Pedro clasifica los escritos de Pablo como «las de­más Escrituras» (refiriéndose a las Escrituras del Antiguo Testamento). Por consi­guiente, Pedro consideraba los escritos de Pablo también como dignos de] título de «Escrituras», y por consiguiente dignos de que se incluyeran en el canon.

Una segunda instancia se halla en 1º Timoteo 5:17-18. Pablo dice: «Los ancianos que dirigen bien los asuntos de la iglesia son dignos de doble honor, especialmente los que dedican sus esfuerzos a la predicación y a la enseñanza. Pues la Escritura dice: «No le pongas bozal al buey mientras esté trillando», y «El trabajador merece que se le pague su salario».

La primera cita de las «Escrituras» se halla en Deuteronomio 25:4, pero la segunda cita, «El trabajador merece que se le pague su salario» no se halla en ninguna parte del Antiguo Testamento. Aparece eso sí, no obstante, en Lucas 10:7 (con exactamente las mismas palabras en el texto griego). Así que aquí tenemos a Pablo aparentemente citando una porción del Evangelio de Lucas y llamándola «Escritura», es decir, algo que se debe considerar como parte del ca­non. En estos dos pasajes (2º P 3:16 y 1º Ti.5:17-18) vemos evidencia de que muy temprano en la historia de la iglesia se empezó a aceptar los escritos del Nuevo Testamento como parte del canon.

Debido a que los apóstoles, en virtud de su oficio apostólico, tuvieron autori­dad para escribir palabras de las Escrituras, la iglesia primitiva aceptó como parte del canon de las Escrituras las auténticas enseñanzas escritas de los apóstoles. Si aceptamos los argumentos para las nociones tradicionales de autoría de los escri­tos del Nuevo Testamento, tenemos la mayor parte del Nuevo Testamento en el canon debido a la autoría directa de los apóstoles. Esto incluiría Mateo, Juan, Ro­manos a Filemón (todas las Epístolas paulinas), Santiago, 1 y 2 Pedro; 1, 2 y 3 Juan, y Apocalipsis.

Eso deja cinco libros: Marcos, Lucas, Hechos, Hebreos y Judas, que no fueron escritos por apóstoles. Los detalles del proceso histórico por el cual la iglesia primi­tiva llegó a contar estos libros como parte de las Escrituras son escasos, pero Mar­cos, Lucas y Hechos se reconocieron muy temprano, probablemente debido a la íntima asociación de Marcos con el apóstol Pedro, y de Lucas (el autor de Lucas y Hechos) con el apóstol Pablo. De modo similar, se aceptó Judas evidentemente en virtud de la conexión del autor con Santiago (Judas 11) y el hecho de que era her­mano de Jesús.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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