Doctrina Bíblica – Cristo Murió Para Llevarnos a Dios

 

Pasaje clave: 1º Pedro3:18, Efesios 2:13.

 

Dios es el evangelio. Evangelio significa «buenas noticias». El cristianismo no es primero teología, sino noticias.

Es como cuando los prisioneros de guerra oyeron por una radio escondida que los aliados habían desembarcado y el rescate era cuestión de tiempo. Los guardias se preguntaban por qué todos estaban regocijados.

Pero ¿cuál es el supremo bien en las buenas noticias? Todo termina en una cosa: Dios mismo. Todas las palabras del evangelio conducen a Él, o no son el evangelio. Por ejemplo:

La salvación no es buena noticia si solo salva del infierno y no lleva a Dios.

El perdón no es buena noticia si solo nos alivia de la culpa y no abre el camino hacia Dios.

La justificación no es buena noticia si solo nos hace legalmente aceptables a Dios pero no trae amistad con Dios.

La redención no es buena noticia si solo nos libera de la servidumbre pero no nos lleva a Dios.

La adopción no es buena noticia si solo nos coloca en la familia del Padre pero no en sus brazos.

Esto es crucial. Muchas personas parecen aceptar las buenas noticias sin aceptar a Dios.

No existe prueba segura de que tenemos un nuevo corazón solo porque deseemos escapar del infierno. Ese es un deseo perfectamente natural. No es sobrenatural. No se necesita un nuevo corazón para desear el alivio psicológico del perdón, o la suspensión de la ira de Dios, o la herencia del mundo de Dios. Son deseos lógicos que no implican cambio espiritual alguno. Uno no necesita nacer otra vez para desear estas cosas. El diablo las desea.

No hay nada malo en desearlas. Realmente es una insensatez no quererlas. Pero la evidencia de que hemos sido cambiados es que deseamos estas cosas porque nos traen el gozo de Dios. Esto es lo más importante en cuanto a los motivos de la muerte de Cristo. «Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios» (1º Pedro 3:18).

¿Por qué es ésta la esencia de las buenas nuevas?

Porque fuimos hechos para experimentar la plena y duradera felicidad de contemplar y saborear la gloria de Dios. Si nuestro gozo mejor viene de algo menor, somos idólatras y Dios es deshonrado.

Él nos creó de tal manera que su gloria se manifieste a través de nuestro gozo en ella. El evangelio de Cristo es la buena noticia de que al costo de la vida de su Hijo, Dios ha hecho todo lo necesario para cautivamos con lo que nos hará felices eternamente y en forma creciente: Él mismo.

Mucho antes de venir Cristo, Dios se reveló a sí mismo como la fuente de pleno y duradero placer. «Me mostrarás la senda de la vida. En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias en tu diestra para siempre» (Salmo 16:11). Entonces Él envió a Cristo a sufrir «para que pudiera llevarnos a Dios». Esto quiere decir que envió a Cristo para llevarnos al gozo más profundo y prolongado que un humano puede tener. Oigamos entonces la invitación: Vuélvanse de «los deleites temporales del pecado» (Hebreos 11:25) y busquemos «placeres eternos». Busquemos a Cristo.

Extracto del libro  “La Pasión de Jesucristo”

Por John Piper

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