La Doctrina de la Creación – La Creación y la Evolución 9

 

Continuemos.

f. Las Influencias Destructivas de la Teoría Evolucionista en el Pensamiento Moderno.

Es importante entender las influencias increíblemente destructivas que la teo­ría evolucionista ha ejercido en el pensamiento moderno. Si en verdad Dios no creó la vida, y si Dios no creó a los seres humanos en particular y estos no tienen que rendirle cuentas, pues simplemente son el resultado de acontecimientos al azar en el universo, ¿qué significado tiene la vida humana? Somos solo el producto de materia más tiempo más casualidad, y por tanto pensar que tenemos alguna im­portancia eterna, o en realidad alguna importancia frente a un universo inmenso, es simplemente engañarnos a nosotros mismos. La reflexión honesta en ese con­cepto debe conducir a las personas a un profundo sentido de desesperanza.

Todavía más, si es posible explicar la vida mediante la teoría evolucionista y aparte de Dios, y si no hay un Dios que nos creó (o por lo menos si no podemos sa­ber nada en cuanto a él con certeza), no hay Juez supremo que nos considere res­ponsables moralmente. Por consiguiente, no hay ningún absoluto moral en la vida humana, y las ideas morales de los seres humanos son apenas preferencias subjeti­vas, buenas para ellos pero que tal vez no se puedan imponer a otros. De hecho, en tal caso lo único prohibido es decir que uno sabe que ciertas cosas son buenas y que ciertas cosas son malas.

Hay otra consecuencia ominosa de la teoría evolucionista. Si los procesos ine­vitables de selección natural continúan produciendo mejoras en las formas de vida en la tierra mediante la supervivencia del más apto, ¿por qué estorbar este proceso al cuidar a los débiles y menos capaces de defenderse a sí mismos? ¿No deberíamos más bien permitirles que mueran sin reproducirse para que podamos avanzar a una forma de humanidad nueva y más alta, incluso una «raza maestra»? De hecho, Marx, Nietzsche y Hitler justificaron la guerra sobre esta base.

Es más, si los seres humanos continuamente están evolucionando para mejo­rar, la sabiduría de generaciones anteriores (y particularmente las creencias reli­giosas anteriores) no es probable que sean tan valiosas como el pensamiento moderno. Además, el efecto de la evolución darwiniana sobre las opiniones de las personas en cuanto a la confiabilidad de la Biblia ha sido muy negativo.

Las teorías sociológicas y psicológicas contemporáneas que ven a los seres hu­manos como simplemente formas más altas de animales son otro resultado del pensamiento evolucionista. Los extremos del movimiento moderno de «derechos de los animales» que se oponen a toda matanza de animales (para comida, para pie­les o para investigación médica, por ejemplo,) también fluyen por naturaleza del pensamiento evolucionista.

 

3. La Teoría de un «Intervalo» entre Génesis 1:1 y 1:2.

Algunos evangélicos han propuesto que hay un intervalo de millones de años entre Génesis 1:1 («Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra») y Génesis 1:2 («La tierra era un caos total, las tinieblas cubrían el abismo»). Según esta teoría, Dios hizo una creación anterior, pero a la larga hubo una rebelión contra Dios (probablemente en conexión con la rebelión de Satanás), y Dios castigó a la tierra haciendo que «quedara sin orden y vacía» (traducción alterna, pero dudosa, propuesta para Gn.1:2). Lo que se relata en Génesis 1:3—2:3 es en realidad la segunda creación divina, en seis días literales de 24 horas, que ocurrieron sólo recientemente (tal vez hace unos 10000 o 20000 años). Los fósiles antiguos hallados en la tierra, muchos de los cua­les se dice que tienen millones de años, resultaron de la primera creación (hace 4500 millones de años), que se menciona sólo en Génesis 1:1.

El argumento bíblico primordial para esta teoría es que las palabras «desorde­nada y vacía» (RVR 1960) y «tinieblas» en Génesis 1:2 muestran una tierra que ha sufrido los efectos del castigo de Dios. En otras partes del Antiguo Testamento, ti­nieblas frecuentemente denotan castigo de Dios, y las palabras hebreas toju («sin forma») y boju («vacía») en versículos tales como Isaías 34:11 y Jeremías 4:23 se re­fieren a lugares como los desiertos que han sufrido las consecuencias desoladoras del castigo de Dios.

Pero estos argumentos no parecen ser lo suficiente fuertes para persuadirnos de que Génesis 1:2 muestra una tierra desolada después de un castigo divino. Si Dios forma primero la tierra (vs.1) y después crea la luz (vs.3), entonces tendría que haber tinieblas sobre la tierra en el versículo 2; esto indica que la creación está en progreso, y no que algún mal esté presente. Además, en cada día hay una «noche», y hay «oscuridad» presente durante los seis días de la creación (vs.5, 8,13,18-19), sin ninguna sugerencia de mal o de desaprobación divina (Sal.104:20).

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

Lee La Creación y la Evolución 10

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