La Doctrina de la Biblia – La Necesidad de las Escrituras 2

 

Continuemos.

Hablando de creyentes del Antiguo Testamento como Abel, Enoc. Noé, Abraham y Sara, el autor de Hebreos dice: «Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas: más bien, las reconocieron a lo lejos…» (Hb.11:13). El mismo capítulo pasa a decir que Moisés «consideró que el oprobio por causa del Me­sías (o Cristo) era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mi­rada puesta en la recompensa» (Hb.11:26).

Y Jesús puede decir de Abraham: «Abraham, el padre de ustedes, se regocijó al pensar que vería mi día: y lo vio y se alegró» (Jn.8:56). Esto, de nuevo, evidentemente se refiere a la alegría de Abraham al mirar hacia adelante al día del Mesías prometido.

De este modo, incluso los cre­yentes del Antiguo Testamento tuvieron fe salvadora en Cristo, a quien miraban por delante, no con el conocimiento exacto de los detalles históricos de la vida de Cristo, sino con gran fe en la absoluta confiabilidad de la promesa de Dios.

La Biblia es necesaria para la salvación, entonces, en este sentido: uno debe o bien leer el mensaje del evangelio en la Biblia por uno mismo, u oírlo de otra per­sona. Incluso los creyentes que llegaron a la salvación en el antiguo pacto lo hicie­ron confiando en las palabras de Dios con que prometió un Salvador.

Es más, estas repetidas instancias de personas que confiaron en las palabras de la promesa de Dios, junto con los versículos mencionados arriba que afirman la necesidad de oír de Cristo y creer en él, parecen indicar que los pecadores necesi­tan más sobre qué apoyar su fe que simplemente una idea intuitiva de que Dios tal vez pudiera proveer un medio de salvación. Parece que el único cimiento sufi­ciente firme para apoyar uno la fe es la palabra misma de Dios (sea hablaba o es­crita). Esto, en los tiempos más antiguos vino en una forma muy breve, pero desde el mismo principio tenemos evidencia de palabras de Dios que prometían la salvación que vendría, palabras en las que confiaron los que Dios llamó a sí mismo.

Por ejemplo, incluso en la vida de Adán y Eva hay palabras de Dios que señalan hacia una salvación futura: en Génesis 3:15 la maldición a la serpiente incluye una promesa de que la simiente de la mujer i uno de sus descendientes) aplastaría la ca­beza de la serpiente pero él mismo caería herido en el proceso, promesa que un día se cumplió en Cristo.

El hecho de que los dos primeros hijos de Adán y Eva, Caín y Abel, ofrecieron sacrificios al Señor (Gn.4:3-4) índica que tenían conciencia de la necesidad de hacer algún tipo de pago por sus pecados y de la promesa de Dios de aceptarlos sacrificios que ofrecieran de manera apropiada. Génesis 4:7: «Si hicieras lo bueno, podrías andar con la frente en alto», expresa de nuevo de manera breve palabras de Dios en que ofrecía algún tipo de salvación al que confiara en la prome­sa de Dios.

Conforme progresaba la historia del Antiguo Testamento, las palabras de Dios que expresaban promesas se iban haciendo cada vez más específicas, y la fe del pueblo de Dios que miraba hacia adelante se fue haciendo cada vez más defini­da. Sin embargo, siempre parece haber habido una fe apoyada específicamente en las palabras del mismo Dios.

Así que, aunque más adelante se argumentará que aparte de la Biblia las perso­nas pueden saber que Dios existe y pueden saber algo de sus leyes, parece que no hay posibilidad de llegar a tener una fe que salva aparte del conocimiento específico de las palabras de la promesa de Dios.

 

B. La Biblia es Necesaria Para Mantener la Vida Espiritual.

Jesús dijo en Mateo 4:4 (citando Dt.8:3): «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». Aquí Jesús indica que nuestra vida es­piritual se mantiene mediante la alimentación diaria con la Palabra de Dios, tal como nuestra vida física se mantiene por la nutrición diana con alimento físico. Descuidar la lectura regular de la palabra de Dios es perjudicial para la salud del alma, así como descuidar el alimento tísico es perjudicial para la salud de nuestro cuerpo.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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