Maestros de Niños – El Niño y sus Pares 2

 

Continuemos.

Unos maestros llegaron a saber que un niño sumamente agresivo en su clase escuchaba todos los domingos una discusión entre sus padres que se expresaba así:

Papá: ¡No me digas que vas a llevar al nene otra vez a esa iglesia! ¡Lo vas a transformar en maricón!

Mamá: Sí que lo voy a llevar. Dejarlo aquí contigo solamente le puede hacer daño. ¿Quién sabe a dónde serías capaz de llevarlo?

No es sorprendente que el niño en cuestión entrara en la iglesia como un terremoto, molestando a sus pares y faltándole el respeto a sus maestros. El maestro puede ofrecer alivio a un niño así, ayudándolo a hablar de la confusión que le producen las peleas entre los padres y la frustración que siente por no saber cómo resolverlo.

Además, el maestro le ayuda a entender al niño que su agresión le hace mal a él y lo margina de sus compañeros y que puede moderar sus conductas conociendo al Señor.

 

La Timidez.

El niño tímido se encuentra sin las habilidades necesarias para entablar relaciones interpersonales con sus pares. No sabe qué hacer ni qué decir. No sabe acercarse a otro para formar amistad. Como consecuencia, son niños que desaparecen en medio del montón. Es muy fácil pasarlos por alto o hasta ignorarlos completamente. Su timidez, a veces, es el producto de maltrato en su hogar, o meramente de haber sido ignorado por sus padres. Hay niños que vienen de hogares silenciosos, donde nadie conversa y donde nadie los escucha tampoco.

El niño huérfano o el niño de madre soltera frecuentemente es tímido por esa falta de apoyo emocional que le daría seguridad personal. Este niño necesita una ayuda especial dentro del contexto pastoral. Necesita mucho afecto. Necesita afirmación en cuanto a su persona y sus habilidades. Necesita sentirse escuchado para comenzar a entender algunas de las emociones que maneja y que han creado su inseguridad. Necesita aprender habilida­des sencillas que los pueden ayudar a relacionarse con seguridad con los demás.

 

Cómo Reconocer a un Niño que Tiene Problemas con sus Pares.

El niño es discriminado por otros.

Los demás niños de la clase no quieren sentarse con él, hablan mal de él o expresan su rechazo de alguna otra forma abierta.

El niño deja de asistir a la clase, aunque sigue viniendo a la iglesia

El maestro se da cuenta de que algunas actitudes expresadas por sus compañeros han sido la causa de que el niño se sienta incómodo y rechazado, aun cuando no lo admita.

Siempre que hay alguna actividad competitiva, surgen problemas en la clase entre algunos niños

El maestro reconoce que está evitando estructurar juegos o actividades que requieren que haya un ganador y un perdedor, porque se produce tensión en la clase y los resultados siempre son problemáticos y contraproducentes.

Palabras y conductas agresivas de un niño frente a sus pares interrumpen la actividad de la clase.

El maestro observa que la agresión no mengua con el pasar del tiempo, sino que se intensifica cada vez más. El niño agresivo expresa cada vez más agresividad para llamar la atención o para imponer cierto control por su misma presencia.

La timidez de un niño le impide una participación plena en las actividades de la clase

El maestro logra una interacción con el niño en el nivel individual, pero observa que se aísla totalmente de sus pares.

 

Sugerencias Para la Ayuda Pastoral

1. Establecer límites firmes en la clase en cuanto a la discriminación.

Cuando surge un comentario discriminatorio de cualquier índole, contradecirlo inme­diatamente. Decir algo así: José, escuché que dijiste que no querías sentarte al lado de Miguel porque es… (repetir la expresión que usó José). Tú estás equivocado en lo que dijiste. Todos somos diferentes el uno del otro, pero todos somos iguales a los ojos de Dios. En esta clase nos respetamos como Dios nos respeta.

El maestro debe establecer como regla básica para la clase que nadie puede dañar a otro, ni con palabras ni con conductas, y debe insistir en que la regla se cumpla siempre. Si un alumno persiste en actitudes discriminatorias hacia otros, estructurar un encuentro personal con él para descubrir las raíces de su actitud y ofrecerle ayuda.

 

2. Estructurar actividades que permitan que los alumnos se conozcan mejor.

A veces los niños de una iglesia se ven solamente los días domingo y no tienen oportu­nidad de formar vínculos de amistad el uno con el otro. Para corregir esto, se puede hacer una o varias de las siguientes actividades: planear salidas y paseos juntos, organizar un campamento de un fin de semana, estructurar actividades en grupo donde pueden participar todos: trabajos artísticos para crear un collage que muestran las características e intereses de cada uno, celebrar juntos los cumpleaños, hacer proyectos en bien de otra persona o de la comunidad (levantar papeles en una plaza). Todas las activida­des en grupo ayudan para formar amistades entre el grupo.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Más Que Maestros”

Por Betty S. de Constance

Lee El Niño y Sus Pares 3

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