NO USURPEMOS UNA AUTORIDAD QUE NO HEMOS RECIBIDO.

Para ser más preciso, al escribir este capítulo tengo la bendición de estar en la República Dominicana. Mi esposa y yo somos huéspedes en una hermosa y enorme casa vacacional, al lado de la playa, perteneciente a una familia que ama y valora nuestro ministerio. Nos han hecho este gran regalo de estar varios días en su bella residencia, atendidos por algunas de las personas más hermosas que existen en el mundo: una cocinera, dos camaristas, un mozo, un jardinero y el mayordomo, Francisco, quien es el administrador general de esta bella finca. Nos están tratando como reyes, rodeados de una belleza natural indescriptible que caracteriza a este hermoso país. Francisco es un hombre capaz e inteligente. Además de esta casa, es administrador de varias más. Su trato gentil y amable con las personas lo destaca. El equipo que trabaja en el hogar lo hace con gracia, alegría y destreza, bajo el ojo cuidadoso de este mayordomo, quien los guía con firmeza, amabilidad y respeto. Él entiende su papel: no tan solo tiene la responsabilidad de este maravilloso personal, sino también de todo lo que hay en la enorme y valiosa propiedad, incluyendo todos los muebles finos, los seis autos en la cochera, el bote que se encuentra en la marina, además de tener a su cargo todo lo que conlleva manejar, mantener y costear una finca con estas características.

LOS REBAÑOS DE OVEJAS DE DIOS SALUDABLES SON UN IMPACTO EN LA SOCIEDAD.

EN DIÁLOGO CON EL DUEÑO

Francisco habla frecuentemente con el propietario. Rinde cuentas. Recibe instrucciones. Informa, pregunta y dialoga con el dueño de la casa. Entiende su papel: es administrador de algo que no le pertenece. Lo trata como si fuera suyo, con el mismo amor, la misma atención y cuidado, debido a que el dueño lo tiene responsabilizado a él. Sin embargo, la máxima autoridad no es Francisco. La última palabra no la tiene él, ya que él es mayordomo, no dueño. De la misma manera, los que somos pastores terrenales, somos solo mayordomos de un bien que no nos pertenece. Debemos administrarlo con el mismo cariño como si fuera nuestro. Debemos cuidarlo y protegerlo con el mismo esmero, ya que nos han responsabilizado por el rebaño, pero al final de cuentas, no somos dueños. No tenemos la última palabra. No somos los que tomamos la decisión final en las vidas de las personas. Somos administradores de aquello que no nos pertenece. Tendremos que rendirle cuentas al dueño de su propiedad. Si hay un daño, un estrago, un robo o percance, tendremos que rendirle cuentas al dueño sobre qué fue lo que sucedió con su propiedad. Así deberíamos pastorear a las ovejas, con el conocimiento de que no somos dueños, solo mayordomos.

Pastores, no ocupemos un lugar que no nos corresponde. No usurpemos una autoridad que no hemos recibido. Dialoguemos con el dueño. No es nuestro lugar imponer a las ovejas cómo vivir sus vidas sin consultar a su Señor. Es nuestro lugar instruirlas, mostrarles el camino por donde deberían andar según la opinión de Dios. Debemos enseñarles los principios de la Palabra que los llevará a tener una vida triunfante, sobre el pecado, sobre Satanás, sobre los malos caminos y desaciertos. Pero el dueño de las ovejas no somos nosotros. Como Francisco no es el dueño de este imponente inmueble donde nos hospedan, usted no es el dueño de esas vidas y corazones invaluables delante del Señor, el verdadero y único propietario.

INDEPENDIENTEMENTE DE TÍTULOS ECLESIÁSTICOS, UN GRAN LÍDER CRISTIANO ES UN GRAN PASTOR.

Ovejas, no les entreguen esa autoridad a sus líderes terrenales. Aprendan a discernir cuándo es que el líder o aun su jefe está rebasando su autoridad limitada. Recuerden que cada uno de nosotros hemos sido hechos reyes y sacerdotes en Cristo Jesús (Apocalipsis 1.6; 5.10) y tenemos la responsabilidad personal de rendir cuentas a Jehová, el Pastor sobre nuestra vida. El pastor terrenal que tenemos es un consejero, maestro y guía con responsabilidad limitada, de quien aprendemos por su amplia experiencia, corazón bondadoso, conocimiento en la Palabra y ejemplo de vida. Sin embargo, nunca se nos olvide que como ovejas tenemos sacerdocio personal ante el Padre celestial, y nadie puede robarnos ese privilegio, ya que fue adquirido con sangre preciosa y divina que Jesús vertió en la cruz del Calvario. Nunca le entregue autoridad ilimitada a un hombre o mujer que, al igual que usted y yo, debe vivir sometido al dueño de todas las cosas, rindiéndole cuentas a Él por el estado de Sus propiedades. Usted y yo somos ovejas de Su prado. Esa palabra, Su, se refiere a Jehová, el Pastor, no a nuestros pastores terrenales. Como ovejas, aprendamos a discernir cuándo el mayordomo se está pasando de los límites como administrador de nuestras vidas.

(CONTINÚA… DALE CLICK ABAJO EN PÁGINAS…)

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingresa para comentar!
Por favor ingresa tu nombre