«ADEREZAS MESA DELANTE DE MÍ EN PRESENCIA DE MIS ANGUSTIADORES UNGES MI CABEZA CON ACEITE; MI COPA ESTÁ REBOSANDO». Salmos 23.5

OCTAVO HÁBITO: SERVIR

Volúmenes completos se han escrito sobre el concepto de ser un líder/siervo y la necesidad que tenemos de hacer caso de las instrucciones de Jesús sobre el que quiera ser grande sea siervo (Mateo 20). Llevo toda mi vida escuchando mensajes extraordinarios sobre el relato de cuando Jesús tomó la toalla y un recipiente con agua y se arrodilló a los pies de sus discípulos para lavarles los pies. Sin embargo, si conocemos la historia, ¿por qué nos cuesta tanto seguir el ejemplo del maestro? Claro que he presenciado ejemplos de pastores y líderes que le lavan los pies a otro, pero también he presenciado demasiados malos ejemplos. Si somos honestos, entendemos lo que debemos hacer conceptualmente. Entonces, ¿por qué existe una carencia de pastores siervos? ¿Por qué aún existen líderes que sienten que todos los demás deberían servirles a ellos y no al revés? ¿Por qué tantos pastores estamos esperando que las ovejas nos sirvan a nosotros en lugar de nosotros servir a las ovejas? ¿Cuál es el misterio de la toalla? En teoría, tenemos bien abrazado este principio de servir, pero en la práctica, nos hace mucha falta caminar hacia la meta de ser pastores que les preparan la mesa a sus ovejas, es decir, les sirven.

Al menos fragmentariamente yo estoy aprendiendo que el misterio del ejercicio del servicio tiene mucho que ver con la cuestión de la identidad. Saber quiénes somos y entender nuestro rol. En este cuadro del Buen Pastor, si nos detenemos a pensar que este Buen Pastor es nada más y nada menos que Jehová, el soberano del universo, sirviéndole la mesa a la oveja, es impactante, por decir poco. Esta lectura no pinta un cuadro de Jehová sentado a la mesa mientras algunos de sus ángeles servidores o seres celestiales atienden la mesa. No, es de Jehová mismo preparando, sustentando y sirviendo la mesa.

El simbolismo es claro: la tarea del pastor es servir a sus ovejas y asegurarse de que la mesa siempre esté nutrida de alimento sano, saludable y delicioso que renovará las fuerzas, el ánimo y la vida de la oveja. Tomando su ejemplo, la lección es evidente: es la tarea de cada pastor servir a las ovejas que Dios les ha encargado, y ese servicio va de la mano de la autoridad. El ejemplo de servicio por parte de Dios lo tenemos eternamente escrito en la vida de Jesús, quien no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó de sí mismo y tomó forma de hombre y aun estando en condición de hombre, se hizo siervo y tomó la culpa de toda la humanidad en uno de los actos de servicio y humildad más grandes que jamás la historia de la humanidad haya conocido (Filipenses 2.5-9). ¿Por qué, entonces, es tan difícil para nosotros hacer lo mismo? ¿Por qué batallamos en servirnos el uno al otro? ¿Por qué no podemos hacer lo mismo que hizo en este pasaje el buen pastor y servir a los que están en la mesa? Quizás es porque nos sentimos inseguros de quiénes somos.

SIN ACEPCIÓN DE PERSONAS

A través de los años he tenido la oportunidad y, por qué no admitir, el gusto de viajar muchísimo con mi banda. Este grupo de personas son músicos profesionales que han dedicado sus talentos al servicio del Señor, y sin los cuales no podría hacer con efectividad la labor a la que Dios me ha llamado. Después de trabajar juntos y convivir tanto, nos convertimos no solo en amigos, sino en familia. Nos ha tocado estar en muchas circunstancias juntos, la mayoría de ellas buenas pero en algunas otras, no tanto. Una de las actitudes que noté tempranamente al empezar a viajar era que algunos líderes y pastores que nos recibían en sus iglesias o ciudades me trataban de forma diferente a mí que a mi banda. En ocasiones era tan notoria la disparidad que daba pena. Yo observaba como los obviaban, sin ponerles atención, como si fueran ciudadanos de inferior calidad que no tenían derecho a estar en la presencia de este pastor o líder que se creía, no sé quién. Esta actitud me llegó a molestar muchísimo en más de una ocasión.

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