LO QUE NO PRODUCE ALIENTO

Hay una cantidad de ejercicios disciplinarios que no son bíblicos porque no producen aliento en el disciplinado. A continuación delinearé algunos pocos que he tenido la oportunidad de ver de una u otra manera. Al leer cada una de estas formas, recuerde que estas son las maneras de no disciplinar:

    1. Flagelar en público. Solo un tirano saca a la vía pública a una persona para castigarla. Se supone que la estrategia detrás de esto es para que las demás personas vean, tomen ejemplo y les entre el temor, de tal manera que nunca cometan el mismo error. Mi observación más importante al respecto es que Cristo ya tomó nuestra flagelación pública y se hizo escarnio y fue avergonzado públicamente para cada uno de nosotros, de tal manera que nadie debería tener que vivir esa vergüenza más. Él se hizo vergüenza por nosotros. Esta estrategia de disciplina no la debemos usar ninguno de los que tenemos el hermoso y asombroso privilegio de guiar a las ovejas al bien de Jehová.
    2. Cuarenta azotes menos uno. Esta práctica de los romanos era reservada para el peor de los criminales. A Jesús le tocó recibir treinta y nueve azotes (cuarenta menos uno). La razón por la que se detenían en treinta y nueve era porque, por ley, solo se permitían cuarenta azotes en total. Si el que golpeaba se pasaba por un golpe, el golpeado podía tomar el azote y darle cuarenta a su verdugo. Por eso siempre se detenían en treinta y nueve, por aquello de que hubieran contado mal, no querían pasarse. Sin embargo, treinta y nueve azotes es tortura, en toda la extensión de la palabra. Algunos pastores en lugar de corregir a sus ovejas, las torturan. Le dan y le dan y le dan hasta que maten a la ovejita. Pastores, una vez que haya ejercitado una disciplina correcta, que da aliento, suelte a la oveja. No la siga golpeando. Basta.
    3. Ser irrespetuoso. Faltarle al respeto a la oveja no producirá más que enajenamiento entre ambos. Hablarle con desdén y desprecio solo producirá en ella desdén y desprecio hacia el pastor. Hay un dicho que afirma: «El respeto no tiene pleito con nadie». No tenemos por qué entrar en un vocabulario injurioso, denigrante u ofensivo. Al faltarle al respeto a sus ovejas, solo se está faltando el respeto a usted porque le están siguiendo porque se supone que usted es el líder. Al tratarlas con falta de respeto, les está diciendo, en efecto, que son tontas por seguirlo a usted. No se falte usted mismo el respeto al faltarle el respeto a ellas.
    4. No hacer una mejor investigación / escuchar solo un lado de los datos. Un error que cometemos con demasiada frecuencia es olvidar que siempre hay dos lados de una historia. Existe una tendencia humana a procesar una serie de datos en el momento de oírlos. Nos entra la tentación de sentir la ofensa de la persona que nos está contando su versión de las cosas y queremos tomar acción inmediata porque, como líderes, una de nuestras tareas es traer balance y justicia a las circunstancias que nos rodean. Sin embargo, el líder maduro entiende que no debe tomar una decisión basándose solo en un lado de la información. Debe hacer una investigación más profunda o bien tomar una determinación si siente que está siendo víctima de un vil chisme. Pero si existe una situación real, debería adoptar la práctica de no ejercer disciplina hasta que sepa todos los datos del asunto. Ejercitar en otros la disciplina requiere que seamos autodisciplinados (2 Timoteo 1.7).
    5. Gritar y perder el control. Los pastores son líderes. Los líderes somos apasionados. Los apasionados vivimos con un torrente de emociones fuertes que nos hacen quienes somos y, en la mayoría de los casos, es precisamente esa pasión, energía, vitalidad y entusiasmo lo que atrae a tantos seguidores. Armados con ese conocimiento, los pastores tenemos la obligación de ser disciplinados con esas pasiones. No podemos mostrar el mal ejemplo de perder el control gritando y regañando en público a las personas. Además de verse mal, es de muy mal gusto. Encima, provoca un ambiente de desánimo y desaliento en las personas. Adicionalmente, cuando la gente ve a un líder comportarse así, les da pena ajena. Sienten lástima por ese líder. No los acerca ni los congracia. Normalmente los aleja. Mantenga la calma, aunque tenga que contar hasta mil. Sus ovejas, y todos nosotros, se lo vamos agradecer.
    6. «Congelar» al disciplinado. Otra de las tácticas que se utilizan sin efectividad es la de tratar al disciplinado como si tuviera lepra. No le hablan, no lo buscan, no preguntan por él, y cuando lo topan en público lo ignoran o lo tratan como un ser humano de baja categoría. Esto muestra mucha inmadurez por parte del pastor. Es, literalmente, una niñada. Así hacíamos las cosas en la primaria y aun entonces, después de quince minutos, olvidábamos la ofensa y volvíamos a incluir a nuestro amigo al grupo. Una vez que le haya llamado la atención a la oveja, regrésela al redil con toda la dignidad que se merece y asegúrese de que nadie la margine ni la señale. La disciplina que produce aliento es hecha con tanta elegancia que nadie sabe lo que sucedió.
    7. «Sorprenderlo» en una mentira o falta. En Salmos 40.15 dice: «Sean asolados en pago de su afrenta los que me dicen: ¡Ea, ea!». Pareciera que hay líderes que lo único que quieren es tener la razón, sin importar cómo la obtienen. Les encanta decir triunfalmente «ea, ea» a la hora de saber que tienen la razón sobre la oveja. Mientras indagan con la oveja cuáles son los detalles del «delito», tienden unas tremendas trampas de palabras, testigos oculares, pruebas y más pruebas para que al final quede orillada la oveja, arrinconada de tal manera que el líder pueda decir «ea, ea… te tengo». Se gozan al tener la razón, mientras la oveja tiembla en un rincón, asustada, confundida y nerviosa respecto a su situación y completamente insegura acerca de su futuro. El propósito de la disciplina no es «tener la razón». Es buscar cómo mejorar la vida de la oveja de tal manera que viva mejor. Es tener una oportunidad de educación personal. A este fin, el pastor no es un espía. Es un apoyo. Un corazón de amor que desea lo mejor para su encargo.
    8. Traer a la memoria los errores ya tratados y corregidos. «Es que tú siempre haces esto. Recuerda la vez cuando…». Esas son palabras que el pastor nunca debe usar en una ocasión de disciplina. La oveja es la primera en conocer sus patrones. Es la primera en recordar todos los errores de su pasado. Qué bueno que servimos a un Dios que no recuerda nuestros errores del pasado, sino que nos pinta un futuro brillante. Ese ejemplo debemos tomar del Señor. Cuando disciplinemos, no les recordemos sobre cosas que ya han quedado resueltas. Tratemos cada circunstancia como individual. A menos que la oveja esté incurriendo en el mismo error una y otra vez. En ese caso, deberíamos ver cuál es entonces el error en nuestro proceso de restauración que causa que la persona incida en los mismos errores. El que una oveja cometa el mismo error vez tras vez es tanto un reflejo de él como individuo, como del pastor que no ha sabido conseguirle la ayuda adecuada para que no vuelva a incidir. En ese caso, ambos tienen responsabilidad. Revise sus métodos de discipulado para saber cómo ayudar mejor a esta oveja. Sin embargo, no perdamos de vista que la razón principal de ejercer disciplina es para que la oveja aprenda algo que le ayude a no cometer el mismo error.

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