Para Líderes – LA PROVISIÓN 2

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ENTRE MENOS HABLEN DE MI HABILIDAD COMO COMUNICADOR Y HABLEN MÁS ACERCA DE LO QUE COMUNIQUÉ, MÁS EFECTIVO FUI EN LA COMUNICACIÓN.

Divertido. Le hago una confesión de tres partes: primera, me aburre la gente aburrida; segunda, me gusta el buen sentido del humor; y tercera, tengo un buen sentido del humor. ¿A usted no le gusta el buen sentido del humor? En pocas palabras, me gusta reír. Creo con todo mi corazón que Dios nos dio el buen humor como uno de sus más grandes regalos. Si no pudiéramos reír, moriríamos todos una muerte prematura y sin gloria. Dios conocía que viviríamos muchas cosas muy difíciles, tristes, complicadas y confusas. Por eso, nos dio el buen humor. Si realmente creemos que fuimos hechos a Su imagen y semejanza, entonces entenderemos que Dios también se sabe reír. De hecho, creo que cuando Dios creó algunos de los animales, se rió al hacerlo. El hipopótamo, por ejemplo, el mono y tantos más que con solo verlos sabemos que Dios se divirtió mucho creando tales seres vivientes. Ni siquiera uno tendría que visitar el zoológico para saber que Dios se sabe reír. Habría que ver solamente algunas de las orejas que les regaló a algunos de sus hijos para darse cuenta de que Dios tiene un gran sentido del humor.

Me parece que utilizar el buen humor en nuestros mensajes es similar a darle una buena sazón al alimento. Es el condimento. La sal y la pimienta. El chile y la salsa. Si nunca le pusiéramos condimento a los alimentos, sabrían a nada. De ahí la palabra «desabrida». Sin sabor. Sin gusto. Como muchos sermones que hemos escuchado, mejor dicho, soportado a lo largo de los años. Tantos predicadores sin sabor. Sin condimento. No da gusto escucharlos. Sanos y saludables quizá, pero al igual que algunos vegetales como el brócoli o la berenjena, resulta muy desagradable comérselos sin algo de arreglo. Póngale condimento a su alimento. Permita que sus ovejas coman a gusto.

Muchos me critican por utilizar el humor en el púlpito de la enseñanza. Consideran que es una falta de respeto. Lamento que tengan esa opinión, pero le puedo asegurar que en mi corazón no existe nada más que respeto absoluto por Dios, por Su Palabra y por Su pueblo. También, como contaba en el segundo capítulo, respeto la posición que se me ha dado de líder y alimentador de las ovejas. Es por gracia que he recibido liderazgo. Tomo tan en serio mi papel que siempre estoy buscando maneras de mejorar y de ser más efectivo en mi tarea de alimentar.

Pongo mucha atención y cuidado en la preparación del alimento. Así que, el humor lo utilizo no por ser ligero ni por una falta de respeto, sino con el afán absoluto de que las ovejas puedan digerir apeteciblemente los principios poderosos de la Palabra.

NUESTRAS OVEJAS DEBEN PODER CONFIARNOS SUS MÁS ÍNTIMOS SECRETOS, SABIENDO QUE LO HAN ENTREGADO EN UN PUERTO SEGURO.

No puedo contarle la cantidad de veces que las personas me han dicho que lo que más les gusta de mis mensajes es mi buen sentido del humor. Que los hace reír. En mi pastorado en Houston corrió tan rápido la voz acerca de mi sentido del humor que hubo quienes comentaron que el rápido crecimiento de nuestra iglesia fue porque la gente sabía que les contaría chistes. ¿Se imagina? ¡Qué ingenuo! Lo último que pensé al usar chistes y desarrollar el sentido del humor en la predicación fue el crecimiento numérico de la iglesia. Mi deseo no fue hacer crecer la iglesia, sino que la gente recibiera la enseñanza en un ambiente cordial y ameno, y que el condimento del buen humor les ayudara a disfrutar del alimento que les servía. Pero sí, el resultado fue que creció rápidamente la congregación. Curioso, ¿cierto? El cumplido más grande que he recibido al predicar es cuando la gente me ha dicho: «Me gusta cómo explica la Biblia. Cuando usted la explica, la puedo entender. ¡Ah!, y también me gusta que nos hace reír». Un buen alimento merece un buen condimento.

Extracto del libro “Los 8 Hábitos de los Mejores Líderes”

Por Marcos Witt

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