1. COBIJA

La primera tarea para proveer es alimentar bien a las ovejas. Que el alimento sea práctico, relevante y divertido. La segunda tarea de provisión es cobijar. Cuando las ovejitas entran en la noche al aprisco para descansar, el pastor cierra las puertas para que no puedan salir a los peligros de los alrededores y que no entre algún lobo a devorarse alguna. Igualmente, se asegura de que estén bajo algún tipo de protección. Prepara alguna pequeña estructura que las cuide de los elementos de la naturaleza, la lluvia o el frío. En algunos casos específicos, si alguna de sus ovejas está batallando más que las otras, les coloca una especie de cobija especial para darles protección y cuidado adicional. Como pastores tenemos el privilegio de darles cobija a nuestras ovejas. Una cobija tiene dos propósitos principales: primero, la protección del frío; segundo, un sentimiento de seguridad.

Protección del frío. La vida golpea fuerte y cruelmente a las personas. Es una cruel realidad que enfrentamos todos los días aquellos que tenemos bajo nuestro cuidado a las ovejas. No hay forma de evadirlo. Como pastores nos corresponde tener firme la resolución de abrazar a las ovejas en su momento de fragilidad y tormento. Siempre correrán hacia nosotros en el momento de su desesperación. A veces nos preguntarán cosas difíciles de contestar. Se descargarán en nosotros, diciéndonos cosas irrepetibles acerca de otras personas o situaciones, fruto de su frustración o angustia extrema. Le pegarán de gritos a Dios preguntándole por qué habrá permitido esta o aquella circunstancia. Se refugiarán en nuestro abrazo, en nuestra oración, en nuestras palabras. Así tiene que ser. Para eso estamos los pastores. ¡Qué privilegio que corran a nosotros primero! El poderlos proteger en esos momentos difíciles es parte de nuestra tarea y privilegio como pastores.

Sentido de seguridad. La otra parte de proteger a las ovejas es mostrar absoluta confiabilidad. Los pastores tenemos que ser excelentes confidentes. Nuestras ovejas deben poder confiarnos sus más íntimos secretos, sabiendo que lo han entregado en un puerto seguro porque lo han hablado nada más y nada menos que con su pastor. Nunca las ovejas deberían dudar o sospechar que su pastor usará esa información en su contra ni para tomar represalias contra ellas. ¡Imposible! Es otra de las maneras en que el buen pastor protege a sus ovejas. Les da un sentimiento de seguridad. Además, les ayuda a buscar soluciones. Recuerde que muchas veces en tiempo de crisis, el ser humano no piensa correctamente. Cuando la persona se ve presionada, frustrada, atacada o se encuentra en estado de emergencia, toma malas decisiones, creando así, muchas veces, problemas aun más grandes. Tenemos que ayudarla a razonar en esos momentos, a no ser drástica, y mucho menos violenta. Que se sienta segura bajo nuestro cuidado.

UN COMPROMISO DE RECORDARLES A LAS OVEJAS SU FUTURO, NO SU PASADO.

Uno de mis hijos, cuando era muy pequeño, tenía una manta de seda que iba con él para todos lados. No estoy seguro ni de dónde consiguió esa cobijita, pero él no podía ir a ningún lado sin ella. En ocasiones se nos quedaba en la casa y tratábamos de darle alguna otra cobija pero no funcionaba. Tenía que ser aquella mantita azul. Ninguna otra. Solo lloraba y pedía la «mantita azul» vez tras vez. Lloraba si no la tenía. Había algo que le proveía un sentido de seguridad cuando tenía esa mantita en sus manos. Sin ella, se sentía vulnerable, desprotegido. En el instante de recibirla en sus manos, dejaba de llorar y quedaba satisfecho. De la misma manera se sienten las ovejas con sus pastores. Su presencia les da seguridad. Muchas veces el pastor ni tiene que decir algo. Solo estar presente, abrazar y sonreír. Cuando está cerca, se sienten seguras las ovejas. ¡Qué privilegio es ser pastor!

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