La Doctrina de la Biblia – La Autoridad de las Escrituras 3

 

Continuemos.

Pero en dos lugares del Nuevo Testamento vemos también que se llama «Escrituras» al Nuevo Testamento a la par de los escritos del Antiguo Testamento. Como notamos en 2º Pedro 3:16, Pedro muestra no sólo tener co­nocimiento de la existencia de Epístolas escritas por Pablo, sino también una clara disposición a clasificar «todas sus epístolas (de Pablo)» con «las otras Escrituras».

Esta es una indicación de que muy temprano en la historia de la iglesia cristiana se consideraban todas las Epístolas de Pablo como palabras de Dios escritas en el mis­mo sentido que se consideraban los textos del Antiguo Testamento. En forma si­milar, en 1 Timoteo 5:18 Pablo cita las palabras de Jesús según se halla en Lucas 10:7 y las llama «Escrituras».

Estos dos pasajes tomados juntos indican que durante el tiempo en que se esta­ban escribiendo los documentos del Nuevo Testamento se tenía conciencia de que se estaban haciendo adiciones a esta categoría especial de escritos llamados «Escri­turas», que eran escritos que tenían el carácter de ser palabras de Dios mismo.

Así que una vez que establecemos que un escrito del Nuevo Testamento pertenece a la categoría especial de «Escrituras», tenemos razón para aplicar también 2 Timoteo 3:16 a esos escritos, y decir que esos escritos también tienen la característica que Pablo atribuye a «todas las Escrituras»; es «inspirada por Dios», y todas sus palabras son palabras de Dios mismo.

¿Hay alguna evidencia adicional de que los escritores del Nuevo Testamento pensaban que sus propios escritos (no simplemente los del Antiguo Testamento) eran palabras de Dios?

En algunos casos, los hay. En 1º Corintios 14:37 Pablo dice: «Si alguno se cree profeta o espiritual, reconozca que esto que les escribo es mandato del Señor». Pablo aquí ha instituido una serie de reglas para el culto en la iglesia de Corinto y ha afirmado que son «mandatos del Señor», porque la frase que se tradu­ce «esto que les escribo» contiene un pronombre griego plural relativo (já) y se tra­duce más literalmente: «las cosas que les escribo son mandatos del Señor».

Una objeción en cuanto a ver las palabras de los escritores del Nuevo Testa­mento como palabras de Dios se toma a veces de 1º Corintios 7:12, en donde Pablo hace distinción entre sus palabras y las palabras del Señor: «A los demás les digo yo (no es mandamiento del Señor)…».

Sin embargo, una interpretación apropiada de este pasaje se obtiene de los versículos 25 y 40. En el versículo 25 Pablo dice que no tiene mandamiento del Señor respecto a los solteros sino que está dando su propia opinión. Esto debe querer indicar que él no tenía conocimiento de nada que Jesús hubiera dicho sobre este tema y probablemente también que no había recibido ningu­na revelación subsecuente de Jesús al respecto.

Esto es diferente de la situación del versículo 10, en donde simplemente podría repetir el contenido de la enseñanza te­rrenal de Jesús: «que la mujer no se separe de su esposo». Por tanto, el versículo 12 debe querer decir que Pablo no tenía ningún registro de ninguna enseñanza terrenal de Jesús sobre el tema del creyente casado con una esposa que no era creyente. Por consiguiente, Pablo da sus propias instrucciones (1º Co.7:12).

Es impresionante, por consiguiente, que Pablo puede seguir en los versículos 12-15 a dando varias normas éticas específicas a los corintios. ¿Qué le dio el derecho de hacer tales mandamientos morales? Él dice que habla «como quien por la mise­ricordia del Señor es digno de confianza» (1º Co.7:25).

Parece implicar aquí que sus opiniones podían colocarse en el mismo nivel autoritativo de las palabras de Jesús. Por tanto, 1 Corintios 7:12, «a los demás les digo yo (no es mandamiento del Se­ñor)», es una afirmación asombrosamente fuerte de la propia autoridad de Pablo; si él no tenía ninguna palabra de Jesús que se aplicara a alguna situación, usaba las propias, porque sus propias palabras ¡tenían igual autoridad que las palabras de Jesús!

Indicaciones de una noción similar respecto a los escritos del Nuevo Testamen­to se hallan en Juan 14:26 y 16:13, en donde Jesús prometió que el Espíritu Santo les haría recordar a los discípulos todo lo que él les había dicho y les guiaría a toda la verdad.

Esto indica una obra especial de superintendencia del Espíritu Santo por la cual los discípulos podrían recordar y anotar sin error todo lo que Jesús les había di­cho. Indicaciones similares se hallan también en 2 Pedro 3:2; 1 Corintios 2:13; 1 Tesalonicenses 4:15, y Apocalipsis 22:18-19.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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